21 diciembre, 2014 - 12:26 pm
La muerte de Isabel Amaya
El dolor y la congoja entierran sus garras en el corazón de nuestro director, porque en el amanecer del miércoles 20 perdió a la autora de sus días doña María Isabel Amaya, matrona de prístinas virtudes, cuyo paso por la vida deja imborrable estela de buenos recuerdos.
Fulminante y rápida fue la enfermedad que terminó con su laboriosa existencia, habiendo provocado consternación y pena en el seno de esta sociedad, en la que supo captarse el respeto y el aprecio por su gras corazón y sus límpidas acciones con la generalidad. Pues practicó el bien por el bien mismo, y dio crianza con solo sus esfuerzos personales a un núcleo numeroso de personas, que encontraron en ella el cariño de una verdadera madre.
Hoy que ya doña María Isabel ha elevado las alas de su espíritu en retorno al Gran Todo Eternal, musitamos la plegaria más sentida por su descanso, y a su recuerdo luminoso de bondad y de abnegación supremas, tejemos con nuestros sentimientos, una luctuosa y simbólica corona.
Alerta, Olanchito
27 de febrero de 1946


