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25 enero, 2015 - 11:41 am

Vista panorámica de Teupasenti, cuna del legendario don Chombo Murillo.

Vista panorámica de Teupasenti, cuna del legendario don Chombo Murillo.

Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
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* Habría viajadado a la India donde adquirió conocimientos de ocultismo y la medicina natural.
* Su nombre era el que más se pronunciaba en el país.
* Mantuvo subido en un árbol al bolo del pueblo todo un día.

TEUPASENTI, El Paraíso. Prosiguiendo con los relatos que hacen historia y leyenda, en la entrega de esta fecha conoceremos con mayores detalles sobre la vida de don Jerónimo Murillo Sosa, considerado “El mago de oriente” por el ingeniero Federico González, autor del libro Páginas de Oriente”.

Refiere el ingeniero González que en las primeras décadas del siglo XX, los médicos titulados escaseaban en Honduras. Los que abundaban eran los curanderos. Entre estos, se encontraba un hombre humilde, sencillo, de tez blanca, más robusto que delgado, bien vestido, parco en el hablar, cuyo nombre durante tres décadas era el que más se pronunciaba en el país: JERÓNIMO MURILLO, más conocido como DON CHOMBO, del que se decía lo adivinaba todo.

El río Jalán es un referente de la historia de Teupasenti.

El río Jalán es un referente de la historia de Teupasenti.

Jamás en la historia, un pueblo tan pequeño había sido visitado por tantos, en busca de salud como lo fue Teupasenti, pueblo situado en la margen izquierda del hermoso río Jalán. Don Jerónimo Murillo nació a finales del siglo XIX. Siendo muchacho viajó a la costa norte en busca de aventuras y la mayor parte de las personas que lo conocieron en su juventud afirman que cuando joven llegó hasta la India en un barco de las compañías bananeras. Fue allá donde aprendió los grandes secretos de la naturaleza, lo mismo que en la costa norte de Honduras. En la India se pudo dar cuenta del inmenso poder del ocultismo.

Cuando cumplió los 30 años regresó a Teupasenti ya con profundos conocimientos sobre las plantas medicinales, pues él afirmaba que así como había plantas que perjudicaban el organismo, la gran mayoría curaban las enfermedades más rebeldes.

EL PATRIARCA DEL PUEBLO

Mercedes Palma, pariente cercana de don Jerónimo Murillo.

Mercedes Palma, pariente cercana de don Jerónimo Murillo.

Para los vecinos de Teupasenti, don Jerónimo era como un PATRIARCA, y para la generalidad de la población, era un mago. Don Jerónimo tenía un poder extraordinario para curar toda clase de enfermedades, incluyendo las mentales y las de origen alcohólico. También se le atribuía el poder de averiguar, quién sabe por qué medios, lo que pasaba a los enfermos y demás personas afectadas, aunque estuvieran a centenares de leguas del pueblo. Don Jerónimo era el GRAN ADIVINO. Se dice que esta creencia no solo era de la gente común, sino por las demás capas sociales.

En cierta ocasión, a las seis de la tarde, y a finales de la administración de Tiburcio Carías, el autor del libro que citamos en este reportaje, llegó al pintoresco pueblo de Güinope a la casa de doña Tila de Zelaya, enterándose que la única novedad es que a la profesora Figueroa le robaron el dinero que tenía en un baúl por haber dejado la casa sola. Curiosamente la afectada dijo que a las siete de la noche había enviado a Teupasenti para que DON CHOMBO me averigüe quién fue el individuo que robó mi dinero. En aquel tiempo para llegar a Teupasenti desde Güinope se requerían dos días de buen caminar. Nunca se conoció el resultado de aquella consulta y si la profesora recobró su dinero.

Don Chombo Murillo el mejor curandero de Honduras y Centroamérica del siglo XX

El profesor Pablo López Flores del instituto privado Jerónimo Murillo.

Por aquellos años la gente comentaba que don Jerónimo mantenía sobre una mesa dos bolas de vidrio, una grande y otra pequeña. La grande le servía para ver a los enfermos que por una u otra razón no podían llegar hasta el pueblo, y la pequeña para adivinarlo todo.

Desde el principio de la década del treinta del pasado siglo, comenzó a practicar con fines humanitarios, según el decir de todo un pueblo, los conocimientos que había adquirido en su juventud, este extremo lo confirmamos durante la reciente visita a Teupasenti con familiares y personas mayores de 70 años que lo recuerdan por sus actos humanitarios, cuyas historias son para escribir un libro de muchas páginas.

Don Jerónimo fue hasta hoy el más grande curandero que ha tenido el país a través de la historia, ya que sus curaciones eran a base de medicamentos que obtenía de la misma naturaleza, en la agreste campiña de este municipio. En Honduras, a excepción de un pequeño grupo de estudiosos como don Francisco Cruz de finales de siglo XIX, los doctores y profesores don Luis Landa y Jesús Aguilar Paz y hombres de ciencia como el Dr. José Reina Valenzuela, que recogió en su obra “La Botica del Pueblo” tantas cosas importantes; el Dr. Miguel Cruz Zambrano, acucioso investigador, el Dr. Francisco Alvarado, que con otros colegas hicieron en su momento el estudio de la calaguala, nadie más se interesó en el estudio completo de las plantas de acuerdo a lo externado por el ingeniero Federico González.

EN LA SELVA ESTABA EL PRO Y EL CONTRA DE LA SALUD

Don Jerónimo Murillo en la década de los cincuenta del siglo pasado.

Don Jerónimo Murillo en la década de los cincuenta del siglo pasado.

Don Jerónimo sostenía que en la selva era donde estaba el pro y el contra de la salud, especialmente para la gente humilde del pueblo. Fue así como se convirtió en el curandero más famoso durante treinta años, no solo de Honduras, sino de todo Centroamérica. Son muy pocas las personas en Teupasenti que se interesaron en averiguar qué clase de plantas eran las que utilizaba el “Mago de oriente”.

Un recorte periodístico del Diario La Capital, con motivo de su muerte acaecida el 11 de julio de 1960, entre otras cosas decía: “que había muerto don Jerónimo Murillo, el mejor médico de Centroamérica”, y es que don Jerónimo no era un hombre cualquiera.

De don Jerónimo Murillo se cuentan historias increíbles. Pero el pueblo, la masa campesina sí creía todo lo que de él se decía. Entre esas historias se cuenta la del bolito del pueblo. Cierto día el mal bolito, llevando un filudo machete con malas intenciones, dispuso subirse a un árbol por donde don Jerónimo pasaba a diario muy temprano a ordeñar un par de vacas. Este al ver al hombre subido en el árbol, le dijo: “Voy al potrero y ya regreso, para que si tienes valor, me mates como los has andado diciendo en el pueblo”. El bolito no contestó.

Don Chombo Murillo el mejor curandero de Honduras y Centroamérica del siglo XX

Foto retocada y reconstruida de Jerónimo Murillo con el título de doctor.

Al regresar don Chombo, vio que el mal hombre todavía estaba subido en el árbol, entonces se paró al pie de este y le dijo, aquí estoy. ¿Por qué no te bajas del árbol? -“He querido bajarme, pero me da miedo”. “Pues vale más que no lo hayas hecho le dijo don Chombo y agregó, ahora te voy a castigar, ahí te vas a estar subido en ese árbol hasta que yo quiera. Y tranquilamente se fue para su casa. Ya para anochecer, se acordó que tenía que ir a bajar al bolito del árbol y al llegar solamente le dijo: Aquí vengo bajate… Si te hubieras bajado sin mi consentimiento, al pie de este árbol estarías muerto”.

Queda mucho por contar sobre don Chombo, el “Brujo mayor o mago de oriente como lo identificaba don Federico González que lo conoció personalmente durante su recorrido por todos los pueblos de este departamento”.

Actualmente en este municipio en memoria de don Jerónimo Murillo funciona un instituto privado que lleva su nombre. En la dirección, el maestro Pablo López Flores guarda dos retratos. La licenciada Mercedes Palma, directora distrital de Educación, nos proporcionó valiosa información sobre las muchas historias de DON CHOMBO.

 

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Don Chombo Murillo el mejor curandero de Honduras y Centroamérica del siglo XXDon Chombo Murillo el mejor curandero de Honduras y Centroamérica del siglo XX
Don Chombo Murillo el mejor curandero de Honduras y Centroamérica del siglo XX

Fuente: http://www.latribuna.hn/2015/01/25/don-chombo-murillo-el-mejor-curandero-de-honduras-y-centroamerica-del-siglo-xx/