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Pedro Nufio inaugura un estudio fotográfico

25 Febrero 2017

 

Pedro Nufio inaugura un estudio fotográfico

Datos para la historia de la fotografía en Honduras.

Por: Ismael Zepeda Ordóñez.

En los últimos tres meses del año recién pasado, Nelson Aníbal Valenzuela Motz, descendiente del cónsul británico para Honduras Roberto Motz y propietario del Hotel “El Progreso” en Amapala; ha publicado dos historias ilustradas sobre personajes en la historia nacional: Los inmigrantes árabes en Honduras y Rostros de Honduras. Anteriormente, publicó trabajos de Imágenes de Tegucigalpa. Los trabajos de Valenzuela Motz pueden inscribirse en la corriente historiográfica del uso de la fotografía como expresión histórica que se inició en nuestro medio con las ilustraciones del fotógrafo cubano Juan T. Aguirre en el Anuario Estadístico de Antonio R. Vallejo, y de una colección de fotos de presidentes de la República. Igualmente, el trabajo de Guillermo Bustillo Reina en Propaganda Pro Honduras, y de José T. Ruiz durante la administración de Carías Andino, son modelos del uso de la imagen para reforzar un imaginario entre los ciudadanos del quehacer de los gobernantes en los avances de la modernización del país. Esa idea de la labor gubernamental expresada en imágenes es el álbum del fotógrafo Raúl Estrada Discua en tiempos de Juan Manuel Gálvez Durón, 1949-1954. Hoy en día en la denominada historia cultural el manejo de imágenes es un tema 

atrayente y que ocupa espacios académicos de singular importancia, en donde las imágenes no son meras ilustraciones, sino que podemos leer las estructuras del pensamiento y representación de una determinada época. Porque los historiadores no pueden ni deben limitarse a utilizar las imágenes como testimonios o como ilustraciones, sino determinar el impacto de la imagen en la imaginación histórica. El historiador británico Peter Burke en “Visto y no visto” (2001) ha sistematizado el uso de la imagen como documento histórico. Y en esa línea destacamos los trabajos del uso de la imagen fotográfica en Honduras, entre ellos los realizados por el Centro Editorial de San Pedro Sula bajo la dirección del escritor Julio Escoto, quien desde 2002 ha iniciado una serie de publicaciones, cuyo eje central son las imágenes: Honduras. Sucesos del siglo XX (Tomo I y II), Imágenes de San Pedro Sula e Imágenes de Tegucigalpa, igualmente una colección de fotografías en estuche. La colección de calendarios, 2005-2010, de la ONG Comunica, es parte de esa tendencia de leer el pasado a través de la imagen. El año 2003 la empresa de televisión por cable de Choluteca -Catecho- presentó un calendario de fotografías de la ciudad, estimulando su conocimiento del pasado. Estos testimonios y otros, son suficientemente para iniciar una aproximación sobre la historia de la fotografía en Honduras, porque: “Poca agradecida ha sido la historia hondureña con los fotógrafos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La mayoría de ellos quedó en el anonimato y solo unas pocas fotos conservaron las firmas de los autores que registraron fotográficamente ciudades, pueblos y sucesos políticos de la época” (Comunica.2005). De las imágenes de Juan T. Aguirre en las ilustraciones del Anuario Estadístico y los retratos para adornar el Salón de Retratos en la casa de Gobierno, el interés por expandir los estudios de fotografía se hizo sentir, sobre todo en Tegucigalpa. Una muestra es la petición del profesor Pedro Nufio para instalar su propio taller de fotografía: “Secretaría de Estado en el Despacho de Hacienda. Tegucigalpa, Noviembre, 22 de 1893. Vista la solicitud presentada por el señor don Pedro Nufio, vecino de Danlí, contraída a manifestar que teniendo el propósito de establecer en esta capital una galería fotográfica con taller anexo de fotograbado, y siendo muy limitados los recursos con que cuenta se le permita la introducción libre de los aparatos y materiales que con el fin indicado ha pedido al extranjero, prometiendo en compensación ejecutar de preferencia y a los precios más bajos que los corrientes, los trabajos oficiales que se le confíen sobre fotograbado, para ilustración de libros o periódicos; y Considerando: que la empresa del señor Nufio merece la protección del gobierno, y que es justo ayudarle ya que son escasas en el país, empresas de esta índole; por tanto, el Presidente. Acuerda. 1º.- Resolver de conformidad la solicitud de que se ha hecho referencia; y 2º.- El administrador de la aduana de Amapala permitirá la introducción libre de los objetos que expresa el conocimiento presentado por el peticionario, previas las formalidades establecidas por la ley. Comuníquese y regístrese. Rubricada por el señor Presidente. (f) Córdova” (Gaceta. 1,020 del 30 de diciembre de 1893).

Reconociendo que el estudio de la imagen como documento histórico contribuye a comprender la construcción de las mentalidades, el espíritu de la época y la definición y expresión del gusto, hoy la historia de la fotografía debe ser un desafío para los estudiosos del pasado, por cuanto la imagen debe constituir un capítulo especial en la historiografía nacional. Y, además, la personalidad de los fotógrafos debe valorarse en su contexto. Intentando inventariar algunos nombres vinculados a la fotografía entre 1870 a 1950, podemos señalar, entre ellos, a Antonio Cassineli y P. Veroi como pioneros en los talleres fotográficos ubicados en Comayagua. Los señores Sansom&Moeller, alemanes, ubicaron su estudio en Tegucigalpa y dedicados a la agrimensura trazaron  la carretera del sur por contrato con el gobierno de Soto. El cubano Juan T. Aguirre, cuyas imágenes son hoy un patrimonio documental, es el fotógrafo oficial del gobierno de Soto y Bográn. Con Rafael Ugarte se popularizó la fotografía y la figura de la postal circuló por el país.  Carlos Anaya recorrió las principales ciudades con su estudio móvil. Francisco Ochoa fue un fotógrafo dedicado a lo comercial y propaganda gubernamental. W. F. Williams con sus imágenes de La Ceiba y el litoral norte son verdaderas joyas del cotidiano vivir de esas ciudades. El estudio de Ángel Gallardo y Antonio Bones, Choluteca, son representativos de la fotografía familiar. J. A. Doubleday se dedicó a la publicidad de postales. Crescencio Valladares es pionero en las imágenes deportivas para periódicos y revistas. Raúl Estrada Discua puede llamarse con propiedad un fotógrafo institucional. En una revisión Hemerográfica encontraremos otros nombres de hombres de la cámara al lomo o de los estudios en los pueblos con una cortina negra de fondo, un caballito y un par de pistolas para colocarlas a la cintura y una galería ennegrecida de recuerdos de hombres, mujeres y niños que posaron ante ella. Necesitamos una historia de la fotografía en Honduras desde una perspectiva de la historia cultural.