Lea Honduras

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente

ALGO SOBRE LA CUESTIÓN DE LÍMITES CON NICARAGUA

14 Enero 2017

 

ALGO SOBRE LA CUESTIÓN DE LÍMITES CON NICARAGUA

Entrevista concedida por el Dr. Vicente Mejía Colindres expresidente de la República (1929-1932), al Diario “El Pueblo” el 19 de noviembre de 1960 por Mario Hernán Ramírez

-Dicen por allí, doctor Mejía Colindres, que durante la administración que usted presidió, nada se hizo por ejecutar el Laudo emitido por el Rey de España, don Alfonso XIII.

-Me encanta que se me hagan cargos sobre mi actuación política porque eso me presenta feliz oportunidad para dejar constancia indiscutible de los hechos.
En el periodo constitucional que tuve el honor de presidir, mi gobierno se empeñó vigorosamente para convertir en hechos el Laudo en referencia.

-¿Podría Ud., concretar esos hechos?

-Con el mayor placer.

Citaré solamente tres:

En Managua se suscribió, durante aquél periodo, con el Poder Ejecutivo de Nicaragua, en nombre de mi gobierno, el tratado Irías-Ulloa, en el cual se consignaba el reconocimiento de la validez del Laudo por aquel gobierno hermano. Era presidente de Nicaragua un viejo defensor del Laudo Regio, el General José María Moncada, y este reconoció, por segunda vez en el decurso de varios años, nuestro derecho indiscutible al territorio que mantenía su gobierno.

Las dos cámaras, el Senado y el Poder Legislativo que funcionan en aquel país, improbaron el Tratado; pero aquel antecedente debe haber influido en el Fallo hace poco dictado por el Tribunal Internacional de La Haya.

En 1931 vino a Honduras un agente confidencial del presidente Moncada a solicitar del presidente hondureño una solución al conflicto, que el de Nicaragua entendía: “Que sería aprobado por las dos cámaras”.

Era esta la solución en referencia: Yo, como Jefe del Ejecutivo hondureño, suscribiría con el Ejecutivo de Nicaragua un Convenio en el que mi gobierno cedería al de aquel país una faja del territorio en disputa de un kilómetro de latitud por unos pocos, no recuerdo cuántos, de longitud. En cambio aquel gobierno, con todos sus poderes, aprobaría la validez del Laudo. Mi contestación fue categórica:

-El Laudo emitido por Alfonso XIII es para mí, como para todos los hondureños honrados y patriotas, sencillamente intangible. Usted es leal en su propuesta, tanto como el presidente Moncada; pero abrigo fuertes dudas de que, a su tiempo, procedan con la misma lealtad la mayoría integrante de las dos Cámaras nicaragüenses. En el caso hipotético de que El Ejecutivo de Honduras aceptara la sugerencia del de Nicaragua, el presidente de Honduras tomaría la enorme responsabilidad histórica de haber puesto en duda la santidad del Laudo.

Como este cambio confidencial, pero definitivo de impresiones, se filtró a conocimiento público, motivando acres e injustas censuras para el presidente de la República, el Ministro de Relaciones Exteriores, Lic. Jesús Ulloa, publicó obligadamente la verdad de lo ocurrido, dejando constancia en el archivo de esa Secretaría.

En 1932 mantenía el gobierno de Honduras un resguardo en Cruta, como lo mantuvo antes y después de ese año hasta la entrega a mi sucesor.

En alguna ocasión el oficial de aquel resguardo envió a cobrar sus sueldos al lugar donde usualmente se les pagaba, como lo habían hecho ya varias veces sin trastorno alguno.

En esa ocasión los nicaragüenses que, seguramente, fueron informados por sus espías de la debilidad de la defensa hondureña, ocuparon Cruta.

Esto duró muy pocos días, pues el oficial, Juan Arias, informó lo que sucedía, y el presidente Mejía Colindres, ordenó inmediatamente el envío de 50 hombres, bien armados, al mando de aquel oficial, con instrucciones precisas de batir en toda forma a los invasores, quienes fueron desalojados, dejando como saldo dos nicaragüenses muertos.

El presidente Moncada hizo saber, por medio de su representante diplomático en Tegucigalpa, al presidente de Honduras: que su gobierno reprobaba la conducta de los invasores nicaragüenses, y ordenaba su castigo por que habían actuado sin orden de ninguna autoridad.

Me permito aprovechar esta feliz oportunidad, señor reportero, para recordar a nuestro gobierno y pueblo cómo es de sagrada la deuda que el pueblo y gobierno nuestros contrajo con el Rey Alfonso XIII, monarca cuya vida pública está constelada de gestas gloriosas; deuda que debemos pagar dejando constancia perdurable, en un busto, de aquel monarca; en la nominación de un día el 18 de noviembre para el caso, recordando el bien inestimable que nos hizo. Un distinguido amigo mío, el licenciado Eliseo Pérez Cadalso, escribió hace algún tiempo, una hermosa página en aquel sentido:

Yo respaldo, sin reserva alguna, tan patriótica iniciativa.

Agradezco mucho a ud. don Mario Hernán Ramírez y por su digno medio, al diario “EL PUEBLO”, que me hayan ofrecido espontáneamente esta ocasión de dejar aclarados falsos conceptos. Diario El Pueblo, 19 de noviembre de 1960 colaboración Elsa de Ramírez.