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Implicados en masacre de Olancho fueron indultados por Paz García

06 Agosto 2016

 

Implicados en masacre de Olancho fueron indultados por Paz García

Tegucigalpa, M.D.C., 11 de julio de 2016

Sres.
Sección “Anales Históricos”
Diario LA TRIBUNA
Ciudad

Soy un asiduo lector de la sección “Anales Históricos” que de los días domingos ahora aparece en las ediciones de LA TRIBUNA de los días sábados. Es muy importante la labor del licenciado Juan Ramón Martínez porque en ella destaca los acontecimientos extraordinarios en todos los campos del acontecer que han ocurrido en la vida institucional del país. dicen por allí que recordarlos en su lado negativo sirven de manera muy significativa para evitar que tales hechos se repitan con fuerte impacto y trascendencia para la paz de la familia hondureña o, en su defecto, que los acontecimientos positivos coadyuven a fortalecer la conciencia y nacionalidad del hondureño sin advocaciones de tipo ideológico o político-partidarista.

Sobre los acontecimientos suscitados el 25 de junio de 1975 en la hacienda de “Los Horcones”, ubicada en El Valle de Lepaguare, departamento de Olancho y que en esta oportunidad muy bien aborda el señor Martínez en su artículo “Betancourt y Cyper, dos olvidados mártires de la fe cristiana” (LA TRIBUNA, página 9-B, 9/julio/2016), señalaré algunos aspectos complementarios:

No estoy de acuerdo, pero respeto la opinión del Lic. Martínez cuando apostilla: “Contrario a la historia del cristianismo que siempre se ha agigantado ante la sangre de sus mártires, la Iglesia Católica, se acobardó y cedió ante la petición de los militares…”. En contraposición a este aserto, el ensayo “Honduras-Iglesia y Cambio Social” del departamento Ecuménico de investigaciones con sede en San José, Costa Rica señala, con respecto a la situación de la iglesia en el sector de Olancho en 1975 esta verdad incontrovertible: “La Conferencia Episcopal Hondureña protesta por el atropello a sacerdotes, religiosas y laicos que fueron sacados de sus residencias, impedidos de ejercer su ministro u oficios, encarcelados primeramente y expulsados después del territorio de Olancho”. Este ensayo también nos explica la fase del “Desarrollo Duro” que se caracteriza por el desarrollo de regímenes represivos dentro del cual se inscribe el gobierno militar de Juan Alberto Melgar Castro (quien al momento de la masacre gobernaba Honduras) y muy puntualmente señala: “…Dos meses después del ascenso de Melgar Castro, las tropas en colaboración con terratenientes y ganaderos locales, desataron la brutal represión contra los campesinos del departamento de Olancho, que tuvo su conclusión macabra en la matanza de los Horcones”.

Otro de los aspectos a señalar en el artículo del buen amigo Juan Ramón Martínez es que al nombrar el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas la Comisión Investigadora sobre los hechos en la hacienda los Horcones, el jefe o Coordinador de la misma lo fue el coronel de Infantería DEM. OMAR ANTONIO ZELAYA REYES, oficial profesional y de destacada trayectoria en su vida militar, y del cual no lo menciona en su referente histórico al igual que al jefe del presidio local de Juticalpa en ese entonces y a un famoso detective de la Dirección Nacional de Investigación (DNI), que tuvieron una destacada participación en estos acontecimientos.

Por otro lado es importante señalar Lic. Martínez que no es cierto que “Los asesinos principales, tuvieron mejor suerte, Zelaya Ordóñez, padre del expresidente Manuel Zelaya Rosales y Enrique Barh, encausados, ingresaron en la cárcel y estuvieron en ella, menos de un año”. En este sentido y de manera específica le diré que todos los involucrados fueron condenados por el Juzgado respectivo a sufrir una pena de VEINTE AÑOS en la penitenciaria central ubicada en ese tiempo en el barrio La Hoya de Tegucigalpa y, no obstante solo estuvieron en chirona durante el término exacto de cinco años (que comprendieron de julio de 1975 hasta principios del año de 1980) porque fueron indultados no por Roberto Suazo Córdova “católico confeso y santero de mucha fama internacional…” sino por el gobierno militar de Policarpo Paz García en 1980. Esto, quizá, en el caso del Mayor José Enrique Chinchilla Díaz, por esas muletillas de “espíritu de cuerpo” y de “compañerismo militar” que se estilan en los cuarteles y que favoreció por extensión e indefectiblemente, a los terratenientes y maderos involucrados.

En lo atinente al “sargento” Plata que hace alusión en su artículo, le diré licenciado Martínez que su nombre de pila era Benjamín Plata Valladares, muchacho recién egresado de la Escuela Militar con el grado de subteniente de Infantería y el destino le deparó desgraciadamente verse envuelto en este nefasto hecho al ser asignado al destacamento militar de Olancho para cubrir las tareas de comando de la extinta Quinta Zona Militar que estaba bajo la dirección del famoso coronel Lisandro Padilla (Q.D.D.G.). Este muchacho a quien conocí era alegre, bullanguero, locuaz y “hablador empedernido”. Quizá alguno de estos elementos lo llevaron a ser “víctima de un atentado del que nunca se supo quiénes fueron sus autores”, como bien usted lo apostilla.

Y para finalizar, estoy totalmente de acuerdo en que en el conjunto de las organizaciones campesinas no ha existido conciencia del grupo. Como usted bien señala “cada 25 de junio se honra a los mártires, pero solo en Olancho. En el resto del país, incluso no se les considera ni siquiera hermanos asesinados por su fe y devoción por los pobres. Ni se reza una oración por su descanso eterno”. Y hay que extender también esta puntual observación para las víctimas que han protagonizado los partidos Nacional, Liberal y las Fuerzas Armadas hecho gobierno al protagonizar masacres como la de julio de 1944 en San Pedro Sula; asimismo la de septiembre de 1961 en los Laureles, Tegucigalpa; y la de la Talanquera, Olancho en febrero de 1972 durante el efímero gobierno de Ramón Ernesto Cruz.

Sería interesante que estos dolorosos recuerdos mediante ceremonias de alabanzas a la paz se repitieran por doquier en el país para enfatizar que la violencia solo genera odios y divisiones que polarizan, repito, a la familia hondureña máxime que un político por allí anda pregonando hacer uso de las AK-47 para obtener por medios violentos el sillón presidencial.

César Augusto Bonilla Ochoa