16 Julio 2016

Amado H. Núñez.
En los primeros días del mes de junio del año siguiente (1964), el Jefe de Estado López Arellano me pidió, personalmente, hacerme cargo de la Secretaría de Trabajo. En esa entrevista me explicó las razones que tuvo para dar el golpe de estado, y fueron estas: 1º Si no lo doy yo, otros lo hubieran dado, con graves consecuencias. 2º Los dirigentes del Partido Nacional venían comunicando a las Fuerzas Armadas la situación insoportable de los nacionalistas por la discriminación que hacían de ellos los liberales, en el campo del empleo, y por actos en su contra por la Guardia Civil. 3º Los actos de la muerte de los salvadoreños por parte de miembros de la Guardia Civil, cuando aquellos atravesaban el Río Sumpul, frontera Honduras, El Salvador, lo que produjo inconformidad en el Gobierno salvadoreño, lo mismo que por otros actos de persecución de salvadoreños en el Golfo de Fonseca, por miembros de fuerzas hondureñas. 4º La forma como se produjeron los hechos de Los Laureles, que ya he comentado.
El Coronel López Arellano me dijo, que él, como Jefe de las Fuerzas Armadas, le había comunicado al Presidente sobre el movimiento que pretendía derrocarlo, cuyo primer paso era tomarse el Primer Batallón de Infantería, que en este batallón, ya se habían tomado todas las medidas internas para evitar la toma, y que a él, al presidente, le correspondía tomar todas las medidas necesarias para capturar a las personas que formaban dicho movimiento, habiéndole indicado el lugar donde se reunirían, según información por él recibida; que ese era el propósito de su información al Presidente, pero que, desgraciadamente, los hechos, por parte de la Guardia Civil, tomaron otro rumbo, como lo fue la muerte de esas personas. No me habló del peligro comunista contenido en la Proclama, como una de las causas del golpe de estado.
Después de esos comentarios hablamos del ofrecimiento de nombrarme Ministro de Trabajo. Yo le manifesté, que por qué sólo a mi me hacían ese ofrecimiento, cuando habían otras personas capaces de desempeñar ese cargo. Él me contestó “que reconocía mis actuaciones como ex Ministro de Trabajo; que no podía encontrar una persona idónea para ese cargo; que detrás de la puerta tenía muchos que lo deseaban”.
Fuente:
Memoria de mis funciones como Ministro de Trabajo, Tegucigalpa, Honduras, agosto 2009, páginas 50 y 51.

Reunión de liberales en 1948.


