25 Junio 2016

En ocasión de su incorporación a la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, le planteé a John Morán escribir unas notas sobre sus aportes a la historiografía hondureña. Con su característica humildad, me manifestó que esperaba que mis apuntes no fueran tomados como un cumplido, que merecidos los tenía ya, sino justamente mantenerme en una especie de equilibrio en mis apreciaciones sobre su obra histórica y las actividades en el Archivo Nacional. Hoy que John descansa en la paz del Señor, y honrando su memoria y amistad que nos vinculó por algunos años, considero un deber moral apresurar mis apreciaciones sobre él y sus vínculos con la historiografía nacional. A finales del siglo XX conocimos a John en las antiguas instalaciones del Archivo Nacional, ubicadas frente al desaparecido Cine Variedades en Tegucigalpa. Esa tarde había impartido una conferencia sobre el capitán general José María Medina. Un tanto eufórico, y queriendo compartir con ahínco a los asistentes su valoración sobre la figura y obra del personaje, enfatizaba sus apreciaciones sobre Medina. Mostraba su atención en ratificar sus ponderaciones sobre Medina, permitiéndose refutar los juicios de los historiadores nacionales (Durón y Salgado) sobre la personalidad de Medina, por lo que hacía del momento un espacio lleno de inquietudes, sobre todo por la utilización de fuentes extranjeras que daba consistencia a sus comentarios. Yo era en esa época un ejecutivo de una firma de informática que había redactado una enciclopedia multimedia con mis
dispersos conocimientos de historia nacional. Terminada la conferencia empecé una ligera conversación sobre la figura de Medina, observando cómo su espíritu y ánimo se exaltaba cuando describía sus juicios sobre el expresidente. Se llenaba de emoción cuando conversaba sobre la figura del natural de Sensenti. Y con esos mismos sentimientos, emoción y juicios sobre Medina se mantuvo, compartió y polemizó, a lo largo del tiempo de nuestra amistad. Nos despedimos, y le prometí llegar en otra ocasión al Archivo. Era director de la institución el licenciado en historia Carlos Maldonado. A partir de ese momento, me llamó la atención cómo una persona, por demás extranjero, ponía su atención, de manera casi obsesiva en una figura nacional. Y por ese motivo regresé al Archivo. Me mostró copias y ejemplares de documentos que había entregado al Archivo en calidad de donación, encontrados en centros documentales de los Estados Unidos, y que los consideraba de enorme importancia para los investigadores. Y eso me sorprendió mucho más. Me habló de su proyecto de imprimir un libro sobre el presidente Medina. Y de tanto en tanto, nos volvimos a encontrar. Y nuestra amistad se fue haciendo necesaria. Empezamos a compartir fuentes, citas bibliográficas, documentos y cafés. El tiempo convirtió en un mutuo hábito el compartir inquietudes literarias. Se estrenó en el mundo historiográfico de Honduras el año 2002 con su obra: “José María Medina, Capitán General y Presidente de Honduras. Esclarecimiento de su personalidad”. Centro Editorial. San Pedro Sula. Entre el 2002 y 2009 se sumergió en el tema de las relaciones internacionales entre Honduras y los Estados Unidos. Producto de esa febril actividad es: Potencias en Conflicto. Honduras y sus relaciones con los Estados Unidos y la Gran Bretaña en 1856 y la no aceptación del cónsul Joseph C. Tucker. Ediciones 18 Conejo. Tegucigalpa. La edición fue acogida con entusiasmo por el licenciado Juan Ramón Martínez, director del sello editorial 18 Conejo. En ambos trabajos, lo primordial son las fuentes extranjeras, sobre todo archivos y bibliotecas de los Estados Unidos. Es posible que el estilo de la réplica y contrarréplica de Morán no sea tan acertado en la narrativa histórica, porque esa metodología convierte en un dime y direte la exposición de la investigación, y descontextualiza la figura principal de su espacio y tiempo. Lo valioso son las aportaciones de fuentes que pueden ampliar la perspectiva del personaje estudiado y su contexto. Lo minucioso y detallista en los juicios de sí mismo con sus personajes como apreciaciones de terceros, hacen de la obra de Morán una excelente radiografía de los involucrados en el drama histórico. Sus juicios son soportados con una vasta documentación citada a lo largo de la obra. John Charles Morán se mostraba feliz y orgulloso de su obra. Sus limitaciones financieras no le impedían seguir buscando documentos para aumentar su contribución al conocimiento de la historia hondureña. Tenía el proyecto de publicar en una edición revisada y ampliada la obra de Juan Vicente Martínez Aybar: “Correspondencia de los presidentes y otros personajes de Centroamérica relativa a la revolución centroamericana de 1876 y otros acontecimientos políticos de 1877 y 1878”, (1895) Sonsonate, El Salvador. Esta publicación era de sumo interés para Morán porque Martínez Aybar fue el abogado defensor de Medina en el juicio político de 1878 durante la administración de Soto. Compartí con Morán algunos datos históricos del abogado Martínez Aybar que he encontrado a lo largo de mis años en el Archivo. Tenía lista la revisión con comentarios y nuevos documentos para ampliarla obra de Martínez Aybar. Durante su laboriosa labor de investigación, John Morán se interesó por la campaña electoral de 1902. Transcribió muchos documentos y artículos de la prensa local, y recogió reportes consulares remitidos al Departamento de Estado por funcionarios radicados en Honduras. Esa campaña enfrentó a los candidatos presidenciales Manuel Bonilla, Juan Ángel Arias y Marco Aurelio Soto. Su trabajo está compilado, editado con una introducción y notas para impresión. Durante su trabajo alternó conversaciones con Víctor Cáceres Lara para valorar esa campaña electoral que la opinión pública bautizó: la campaña del ocote, el candil y la luz eléctrica. Para viabilizar la publicación de ambas obras conversó con el obispo emérito de Choluteca, monseñor Raúl Corriveau, de la editorial Subirana. Esa tarde, después de la conversación con monseñor, estaba muy contento e invitó a café con mascadura. Como un sempiterno confederado, John dejó listo trabajos de investigación histórica sobre George Washington Montgomery, agente diplomático gringo que escribió sus crónicas de viaje por Centroamérica en 1838. Un trabajo sobre el coronel Watkins y su libro acerca de Honduras en 1867, que incluye una traducción, notas y comentarios sobre la figura del viejo coronel sureño. Watkins fue promotor de una colonia agrícola en San Pedro Sula al amparo de la ley de inmigración de Medina de 1864. En los últimos cinco años nuestras conversaciones giraron en torno al tema de una biografía del presbítero Pedro Ramírez, diputado, senador y cura de almas en Trujillo. Recordaba siempre, con buen agrado, sus conversaciones y apoyo recibido por monseñor Virgilio López, R.I.P.; obispo de esa diócesis. Sin haber soltado prenda, y no conocer la versión completa de la biografía del padre Ramírez, sin lugar a dudas, creo que ese trabajo inédito puede convertirse en la obra estrella de Morán por la documentación revisada que ha servido de respaldo para explicar el papel de Ramírez en Honduras, su segunda patria. Mantuvo pláticas con familiares del padre Ramírez residentes en Olanchito. Ellos se mostraron muy agradecidos con la investigación de Morán. Y un tema que lo mantenía activo, últimamente, era una especie de monografía sobre La Ceiba que estaba a punto de concluir, que incluía antecedentes coloniales y notas de viajeros sobre la formación de La Ceiba como puerto. En octubre de 2013 se celebró un foro acerca de la Historia de La Ceiba y el Litoral Atlántico, dedicado al historiador licenciado Antonio Canelas Díaz. Con mucho pesar no pude asistir. Y John me alentaba a no abandonar una investigación sobre La Ceiba y los planes de arbitrio entre 1880-1900 para observar la evolución económica de esa ciudad-puerto. De su cortesía, conservamos manuscritos de su trabajo sobre La Ceiba. En febrero del presente año que compartimos café y documentos sobre la figura de Leonardo Nuila y la revolución de 1892 en La Ceiba; nos permitió revisar algunos datos genealógicos del joven y malogrado coronel. Este personaje Nuila continúa siendo atractivo para los investigadores de la historia política hondureña. En esta oportunidad, no podemos dejar de mencionar la prolífica cantidad de documentos, fotocopias, que John hizo circular entre sus amigos cercanos (Carlos, Francisco y Eric). Números de La Gaceta de Nicaragua, El Salvador y Honduras del periodo 1840-1860, encontrados en Estados Unidos han completado nuestras deficiencias de las fuentes locales. Referencias de informes diplomáticos y libros olvidados en las relaciones Honduras y los Estados Unidos, constituían un placer compartirlos con sus amigos. El famoso memorándum presentado al presidente francés por el ministro de Honduras en Francia, Austria, Suiza y Turquía en 1872, general de división Eduardo Viada, impreso en la imprenta Walder, de París; será conocido por una nueva generación de estudiosos de las relaciones internacionales de Honduras, gracias a John Charles Morán. Documentos sobre el papel del general Norberto Martínez durante la captura de Williams Walker y números de la primera etapa del diario oficial del gobierno, hoy en el Archivo, forman parte de la gentileza de Morán. Para él nuestro eterno agradecimiento. Ese febrero de 2016, no parecía estar enfermo de gravedad, ni externó malestar alguno que nos indicara alguna pista de quebrantos de salud. Los días que pasó por Tegucigalpa se le miraba alegre, entusiasta y hablando sobre La Ceiba. Un día antes de regresar a La Ceiba, me invitó a almorzar con sus amigos, entre ellos Carlos Maldonado, pero un asunto de última hora, no me permitió asistir. Pero al día siguiente, nos saludamos por teléfono y, ratificamos nuestros deseos por lo mejor para el año 2016. Bajo ese espíritu nos despedimos. Otro asunto relevante con Morán sobresalen los documentos que nos compartió sobre William Walker, y su interés por la figura del predestinado de los ojos grises y una eventual relación con Cabañas para derrocar al gobierno de Guardiola. Igualmente, los documentos sobre la oferta de Maximiliano, Emperador de México, para coronar a José María Medina como virrey de Centroamérica. Recuérdese que en la carretera de occidente existe un lugar conocido como “Virrey”, a inmediaciones de la entrada a Macuelizo, Santa Bárbara. No hay otro en Honduras. Esos detalles no podrán salir de mi memoria y son una gratitud eterna para el amigo Morán. Otro tema que era recurrente en John Charles fue reavivar la F. Marion Crawford Memorial Society. Tenía previsto construir un sitio Web para ingresar los documentos, ensayos e informes utilizados en los trabajos de investigación para que fueran consultados por un mayor número de usuarios e investigadores. Pese a esa inconclusa iniciativa, como todo viejo irlandés, desconfiaba de la internet. La incorporación a la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, por iniciativa del escritor Jorge Eduardo Arellano en noviembre de 2014, lo llenó de orgullo y la interpretó como un fuerte respaldo a su labor de investigación. Además, preparaba una revisión bibliográfica sobre William Walker para publicarla en la Revista de la Sociedad de Geografía e Historia de Nicaragua. Cuando nos conversaba acerca de la ceremonia, lo observamos con una gran satisfacción y muy feliz. Le gastamos un par de bromas cuando nos mostró el diploma correspondiente: “John era ahora un consagrado de la diosa Clío”. Por eso, cuando lo recuerdo no puedo dejar de ocultar su satisfacción por la distinción. Quienes tratamos a John Charles Morán descubrimos su enorme sentido de la amistad, a toda prueba, y aún cuando era un tanto intolerante en algunos asuntos religiosos, por su formación católica y ascendencia irlandesa; su vocación por la investigación histórica le hacía olvidar las controversias y dispensar algún mal entendido, asomando su generosidad y espíritu de colaboración. En esta visión preliminar de su obra y persona, sin caer en clisé, quiero elevar mis oraciones por su alma y pedir a nuestro Señor Jesús, con la intersección de Santa María de Suyapa, un descanso eterno para mi querido amigo John; y las muestras de solidaridad y resignación cristiana a su familia. Así sea.


