14 Mayo 2016
El 29 de Abril pasado, en la ciudad de Guatemala – tierra del quetzal y de la Revolución- estuvo agregando un nuevo año, a vibrante y valiente juventud, nuestro sincero amigo y fraternal compañero Ramón Amaya Amador.
No es para nosotros la tarea de perfilar la labor intelectual que en sus cortos años y en la estrechez del medio, ha desarrollado ese inquieto muchacho, hijo sobresaliente de este pedazo de tierra hondureña y hermano en el dolor de nuestro pueblo, de ese pueblo sufrido y humilde con el que Amaya Amador ha compartido íntimamente su vida de martirio y del cual él ha arrancado el hondo y palpitante motivo de su carrera literaria que plasma en cuadros vividos, la dolorosa realidad de una situación que clama justicia y redención.
Al evocar sus luchas patrióticas y culturales, nos muerde la injusticia que subraya la tremenda paradoja de que en nuestro ambiente, pequeño y escaso en valores positivos, sea perturbada la producción benefactora de cerebros bien cultivados y mejor intencionados como el de Amaya Amador o el de Alvarado Puerto, juventud en plena floración de ideales redentores, que con razón podemos enorgullecernos al contarla entre los productos valiosos que sabe dar éste fértil Valle del Aguán. Pero quizá la permanencia de ellos en un ambiente superior sea abono necesario para prodigar la cosecha que algún día se volcará, en beneficio general, sobre el surco fecundo de nuestro caro terruño.
Desde este rincón donde duerme con sus últimos ruegos su santa madre y en donde palpita el ritmo latente de sus mejores afectos, enviamos al amigo, al compañero, al hermano Ramón Amaya Amador, nuestro mensaje espiritual, que va rubricado con la frase significativa de Manuel Ugarte: EL PORVENIR ES UNA PALABRA…
DIONISIO ROMERO NARVÁEZ
Fuente: Semanario PATRIA.
Olanchito, 3 de mayo de 1947.


