Lea Honduras

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente

Capturado el ‘Cinchonero’ y se reparte un botín. 1868

02 Abril 2016

 

Por: Ismael Zepeda Ordóñez

Los historiadores olanchanos Ayes Cerna y Euceda Roque  se han dedicado a restaurar el mito del “Cinchonero” bajo un esquema de identidad regional, intentando configurar una búsqueda de lo olanchano como expresión de un carácter y ser distinto y separado de lo hondureño. Igualmente,  otros historiadores como Méndez y Cardona Erazo se inscriben en esa búsqueda de la identidad, que  en el fondo no es más un sentimiento de superioridad que no pueden demostrar, porque esa brutalidad geográfica de ser natural del departamento más extenso de Honduras y el peso de la entidad histórica de lo “olanchano” en la conciencia de la hondureñidad, no parecen tener coherencia y equilibrio, pese a que durante las primeras tres décadas del siglo XX lo “olanchano” fue muy influyente, por no decir hegemónico en el mundo de las ideas hondureñas, tanto políticas como religiosas.  Ayes Cerna y Euceda Roque han recogido las  

raíces de una idea fabricada por Medardo Mejía y José Sarmiento, convirtiendo un personaje, hacedor de cinchos, en una especie de exaltación del “gauchismo” y del hombre “bárbaro” unido a la tierra, atribuyéndole características de héroe, habilidades mayúsculas en el manejo del machete y otras como un sentido sobrenatural del tiempo que rayan en lo fantasioso; porque el “Cinchonero” es figura desmejorada del  gaucho a medias. Entre tanto, Cardona Erazo, es quien ha ido más lejos, al definir: “Olancho, el país que inventamos”; muy posiblemente siguiendo la idea de Edmundo O” Gorman (1958. FCE) en su libro La Invención de América, en una especie de catecismo  sobre las cualidades y propiedades  de ese país imaginario. Como todavía hay documentos en el Archivo Nacional que no fueron considerados por Sarmiento, quien realmente si ha investigado documentalmente esos sucesos históricos, es la única Historia documentada sobre Olancho;  podemos abrir nuevos senderos para abordar el tema de la identidad en esa vertiente de atracción- repulsión de la historia de Olancho y su relación con la historia  nacional hondureña. Entre tanto, podemos parafrasear a Ortega y Gasset en sus “Meditaciones del Quijote” (1914) ¡Dios mío!, ¿Qué es Olancho? Para que nuestros lectores de La Tribuna tengan otra visión de la captura de Serapio Romero y las circunstancias no heroicas de su muerte, transcribimos un documento, que literalmente dice: “Papel sellado. Un real. S.P.E. Francisco Zelaya, vecino de Yocón, en el departamento  de  Olancho,  y Regidor 2º de aquella municipalidad, ante vos con la sumisión y respeto debidos, vengo a exponer que en el mes de julio último en que el bandido Serapio Romero, alias “Cinchonero”, capitaneando una partida de forajidos se echó violentamente  sobre la guarnición de Juticalpa hasta tomar el cuartel y las armas que allá se custodiaban, y quedar dueño de la población, cometiendo excesos y depredaciones  para librar a los demás pueblos del departamento de tomar participación en la escandalosa insurrección compelidos por la fuerza, y dar garantías a los ciudadanos honrados e indefensos; en mi doble calidad de autoridad y de ciudadano, y celoso como el que más por la conservación del orden público, acompañado  del oficial Zotero Ávila y mandando una escolta de quince patriotas, me dirigí al pueblo de Manto, cuyos antecedentes hacían temer que secundaran el movimiento revolucionario. Cuando llegando al enunciado pueblo de Manto, como encontramos a sus autoridades dispuestas a arrastrarlo, cual antes que rebelarse sin motivo ostensible contra el gobierno legítimo, y sabiendo que el señor general Fernández,  sobrecogido de pánico, había abandonado los pueblos que se habían confiado a su cuidado, marchándose en violenta fuga con dirección a La Criba; y que el señor teniente coronel don Guadalupe Aguirre, habiéndose salvado de la persecución de los bandidos en Juticalpa, se encontraba a la cabeza de doscientos hombres que pueda organizar a los pueblos del Real y Catacamas, y que solo esperaba al general Fernández, a quien había mandado volver en el acto de su llegada al primero de estos pueblos  para volar a la defensa de Juticalpa; marchamos inmediatamente a ponernos a las órdenes del coronel Aguirre para obrar en combinación con sus fuerzas, pero habiendo tenido parte en el camino que los jefes expresados habían batido ya a los facciosos, logramos un completo triunfo para las armas del gobierno, y que el bandido “Cinchonero” había huido en busca de salvación o de prosélitos por el lado de San Francisco de la Paz. Inmediatamente nos dedicamos a perseguirlo, favorecidos por el conocimiento del terreno, hasta que al cabo de tres días logramos capturarlo con el oficial Ávila y cinco soldados mal armados, entre las malezas de una quebrada que viene al lugar llamado “Horconcitos” de una montaña inmediata. Cuando lo capturamos se encontró que llevaba en las alforjas una cantidad como de doscientos pesos, que a instancias de los soldados y creyendo que era un botín que nos pertenecía, los repartimos proporcionalmente entre todos, reservando como treinta y cinco pesos para los gastos de presidiario, que más tarde nos quitó el inspector de Policía don León García al entregarle al reo “Cinchonero” en el pueblo de Manto. Un día después marchamos, conduciendo al referido  reo para Juticalpa a ponerlo a las órdenes del señor general Fernández, cuando a distancia de dos leguas y media de aquella ciudad, recibió el señor inspector  orden expresa del comandante Fernández  para fusilarle, lo que se verificó en el acto, sin que hubiere hábil resistencia ni conato de fuga de parte del reo. Pasados estos acontecimientos y habiendo sido aprobada nuestra conducta en Juticalpa, me dirigí al lugar de mi residencia a ocuparme de mis tareas ordinarias, cuando como a los seis días de estar allá, el gobernador del Círculo me redujo violenta e inesperadamente  a prisión por haber tenido parte en el reparto del dinero que le quitamos al bandido. Creyéndome ultrajado, injusta y escandalosamente, como hombre y como autoridad, y amenazado con afrentosos palos, me fugue de la cárcel y marché directamente a presentarme al gobierno y hacer una exposición de lo ocurrido; entonces, se me dio por el Ministerio de Gobernación un salvoconducto para que volviera a Olancho sin peligro de ser molestado, y una nota para el gobernador de aquel departamento, previniéndole  no volviera a ejercer contra mí y mis compañeros, actos de rigor y de hostilidad desautorizados; pero en mi llegada al pueblo de Yocón, el gobernador Fernández, sin acatar las órdenes del Supremo Gobierno, mando al gobernador del Círculo que me reduzca nuevamente a prisión, lo que verificó este. Me tuvo tres días con gríos, y me remitió amarrado a Juticalpa, donde fui retenido tres días más en prisión, al cabo de este tiempo, habiéndoseme puesto en libertad. Me dirigí a Yocón donde había sido desconocido como regidor, y saqué la certificación que acompaño.

Por todo lo expuesto, ante el Supremo Gobierno, me presento pidiendo un desagravio de tales ultrajes y el castigo que merecen las autoridades que  me los han inferido, que con esto se me hará justicia. Juro no proceder de malicia. Comayagua, septiembre 30 de 1868. (F) Francisco Zelaya.

Visto el informe y documentos remitidos por el señor gobernador político y militar de Olancho acerca de la solicitud que antecede, declarase sin lugar, dejando a salvo los derechos del peticionario ante los tribunales comunes. Así lo acordó el gobierno. Comayagua, noviembre 3 de 1868. (f) Rocha [Pedro Francisco de la]. Sello del Ministerio de Relaciones Interiores y Gobernación. República de Honduras”

Conforme al contenido transcrito, concluimos: El “Cinchonero” fue fusilado y enterrado en un lugar desconocido. No hay decapitación ni llevada su cabeza al general Fernández como trofeo de guerra. Capturado en el lugar de Los Horconcitos, sus habilidades sobrenaturales con la guacalona parecieron haberlo abandonado.  Después de su muerte no encontramos ningún corrido, ni poema cantado, ni canción lastimera, ni letanía  que nos describa la historia del “Cinchonero”. Manuel Bonilla Chirinos, contemporáneo de Serapio Romero, aficionado a la guitarra y cantares de su pueblo Juticalpa, no cuenta haber conocido una canción en memoria del “Cinchonero”. Los poetas mayores de Olancho, Domínguez,  Turcios, Guillén Zelaya y Suárez, no escriben poemas a esa figura colocada, por obra y gracia de Mejía y otros, como leyendaria. El periodista y poeta Alfonso Guillén Zelaya, dice: “Generalmente se ha dado a los guerrilleros el sobrenombre de bandidos o cuando menos el de aventureros. Pero estos bandidos llenan la historia y la iluminan con el eterno resplandor de su heroísmo y de su culto, algunas veces contradictorio, pero siempre sincero por la libertad y la justicia” (Conciencia de una Época. Tomo II.2000. Editorial UNAH. Página 203).  La figura del guerrillero inmortal para  Guillén Zelaya fue Augusto César Sandino, y no su paisano Serapio Romero.

Fuente:latribuna.hn