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Benjamín Villanueva uno de los triunfadores

20 Febrero 2016

 

Benjamín Villanueva uno de los triunfadores

“Quiero ver que todas las plantas útiles sean propagadas abundantemente, mejorando así la riqueza y el confort de nuestros ciudadanos. Puedo ver que con las mejores semillas podremos enriquecer a la provincia que las promueva y las cultive. Introduzcamos las semillas y las estacas de los vegetales que no tenemos. Traigamos el maíz que da 400 fanegas y las diversas especies de peras que son desconocidas aquí y que pueden ser de gran provecho”. José Cecilio del Valle, discurso ante el Congreso Federal, 1826.

Por: Simón Malo

Villanueva nació el 12 de marzo de 1943 en el antiguo y remoto pueblo de Santa Rosa de Copán, apenas unos cuantos picos de montaña, así como vuela el quetzal, más al sur de las famosas ruinas mayas. Este hijo del único telegrafista del pueblo, en una comunidad de menos de 2,000 personas, había soñado toda su vida en volverse un economista o quizás ocupar una posición pública de liderazgo. Sin 

embargo, las posibilidades en esos tiempos eran menos que remotas y el futuro lo veía turbio. Su familia no tenía los medios para financiarle una educación universitaria. El salario de su padre era apenas suficiente para mantener a la familia y evitar la pobreza. Pronto se dio cuenta que tenía que hacer algo por sí mismo y sus sueños quizás podían volverse realidades. Durante sus años mozos en Santa Rosa había conocido a unos graduados del Zamorano, que a él le parecían la personificación del éxito y la competencia y anhelaba una profesión igual para él.

Es por eso que después de salir de la secundaria solicitó su ingreso a la Escuela Agrícola Panamericana y pasó con éxito el examen de admisión. Había oído que la EAP no era “pan comido” y que iba a tener que trabajar duro; comenzó en El Zamorano en 1961, cuando el doctor Paddock todavía estaba ahí. Benjamín siempre estuvo muy bien impresionado con el Director. Esta era la primera vez que había oído del grado universitario de Ph.D. y de su significado académico. En silencio se prometió que aunque necesitara quemarse todas las pestañas con todas las velas del mundo, iba a dedicarse a estudiar lo que más pudiera. Quería apuntar lo más alto posible y tratar de obtener una de aquellas becas que la EAP daba para seguir estudios en los Estados Unidos.

El primer año fue una revelación para él. Encontró que no importaba lo duro y difícil que fueran los cursos, él parecía tener lo que se necesitaba para sacar buenas notas. Sus estudios de secundaria habían sido mediocres y no aprendió mucho, especialmente en matemáticas y en las ciencias y al principio nunca estuvo totalmente seguro de su éxito. Sin embargo, con respecto al afamado trabajo duro de campo, encontró que no era ningún problema para él. Incluso se dio modos para jugar “basket-ball” casi todos los días después de las clases y en los fines de semana, eventualmente ganó un trofeo como capitán del equipo, Benjamín comenzó el segundo año, el más duro de los tres, con la confianza de aquellos que han pasado los retos más severos y han triunfado. Cuando regresó a su casa para el mes de vacaciones, al final del año, todos sus parientes y conocidos hablaban de lo mucho que había cambiado y estaba seguro de su futuro. Su padre, a veces, encontraba un poco incómodo el hablar con este muchacho al que casi no reconocía.

En el segundo año el doctor Paddock –el modelo inicial de Benjamín- dejó la Escuela. Los rumores entre el estudiantado era que había tenido un altercado con la Junta Directiva con referencia a la política interna y la misión de la Escuela. También se decía que había tenido serias desavenencias con el antiguo Director, quien todavía tenía una posición influyente en el directorio. Paddock siempre estaba tratado de cambiar las cosas y mejorar, a su manera, la parte académica de la institución y se rumoreaba que Popenoe veía al diablo cada vez que le contaban del algún otro cambio. También se decía que el Director Emérito consideraba que el nivel académico que había dejado para la Escuela, un poco más alto que un colegio de secundaria, era más que suficiente para servir a la América tropical. El modelo comparativo favorito de Paddock era la academia militar de West Point, algo que irritaba sobremanera a Doris Stone y a Wilson Popenoe.

El doctor Paddock fue reemplazado temporalmente por Albert S. Muller, que vino en octubre de 1962, hasta que el Director permanente fuera escogido y dos meses después Muller dirigía la ceremonia de graduación. Los estudiantes y el profesorado pasaron por un tiempo que no sabían con seguridad qué iba a suceder en la Escuela. Sin embargo, a finales de ese mismo año, la Junta Directiva desistió en su indiferente intento de buscar un nuevo Director y notando el deseo que el interino tenía por la posición, lo nombraron permanente. Se aseguraba que esto había satisfecho mucho al Director Emérito, quien se suponía iba a tener mucha influencia con su antiguo Subdirector.

“Benjamín Villanueva se graduó en diciembre de 1963 y no tuvo ni idea de las pugnas sutiles que se estaban llevando a cabo en los más altos círculos de la Junta Directiva de la Escuela. Además su mente estaba en cosas enteramente diferentes y ahora importantes para él. Por sus excelentes calificaciones había recibido la beca Samuel Zemurray. El premio era específico para que continuara sus estudios en la Universidad de Florida para obtener el título de B.S. (Foto 229).

Aquí encontró que podía especializarse en su tema favorito… ¡la economía! Lo único que le preocupaba era que no tenía completo dominio de la lengua. Su inglés de secundaria había sido casi nulo, así que lo único que le quedaba era lo que el profesor Forest Corley le había enseñado en El Zamorano. Corley, quien era del Estado de Washington, tenía una pronunciación diferente de la que estaba oyendo en Gainesville, FL, que era un dialecto “sureño” bien intenso, especialmente el de ciertos profesores que servían materias difíciles.

Después de ajustarse al esfuerzo académico de la universidad terminó sus estudios en 1964 y sus notas habían sido tan buenas que pudo conseguir un “assistantship” en la Universidad de Wisconsin, Madison para un programa de Master en Economía Agrícola. Una vez que tuvo la confianza de haber acabado su M.S. en forma brillante decidió que iba a continuar con su doctorado, el cual completó a finales de 1968. Como siempre había estado interesado en ciencias políticas pudo tomar cursos en este campo a través de sus estudios para Ph.D. Tanto le gustaba el tema que se volvió la especialidad secundaria para su disertación de doctorado. Después de su graduación el ahora doctor Villanueva permaneció en la universidad en Madison por casi un año más como asistente de profesor, ayudando en las clases de Teoría Económica y Desarrollo, con la satisfacción que esto le traía.

Como estudiante en El Zamorano, Benjamín Villanueva, no solo era un alumno estudioso, sino que era también un buen atleta. Aquí exhibe un trofeo de un campeonato de basket-ball en 1961.

Como estudiante en El Zamorano, Benjamín Villanueva, no solo era un alumno estudioso, sino que era también un buen atleta. Aquí exhibe un trofeo de un campeonato de basket-ball en 1961.

En Wisconsin disfrutó mucho de la experiencia. Después de enseñar este período y pasar otro período invernal de seis meses, en los afamados crudos inviernos en Wisconsin, decidió volver a Honduras. Por entonces ya estaba casado con Penny Lu Winkler, una enfermera, y consideró que ya era suficiente de estas frías latitudes norteñas. El clima y el ritmo de la vida en Honduras era lo que realmente anhelaba y decidió aceptar una posición en la universidad de Tegucigalpa. Aquí enseñó ocho años, eventualmente llegando a ser Jefe del Departamento de Economía.

Sin embargo, la política y la vida pública siempre habían tenido una especial atracción para él, así que en 1978, nuestro economista de 35 años se dejó persuadir fácilmente por la Junta Militar, encabezada por el General Policarpo Paz García para servir por un año como Ministro de Economía y Comercio. Esto, sin duda, vino como resultado del buen desempeño que Benjamín había tenido como representante de Honduras para reorganizar el Mercado Común Centroamericano. Este acuerdo regional de comercio había funcionado bastante bien hasta que “Tachito” Somoza fue derrocado por los “sandinistas” en Nicaragua. Este país, localizado en medio del istmo, fue atraído a la esfera política de Cuba y de la Unión Soviética y el Mercado Común pronto fracasó.

De ahora en adelante el doctor Villanueva había sido lanzado a actividades públicas, actuando como representante de su país en una variedad de comisiones ante las organizaciones internacionales y gobiernos extranjeros para conseguir empréstitos y asistencia. En agosto de 1981 fue llamado de nuevo a un ministerio por el entonces presidente Roberto Suazo Córdova para servir por unos pocos meses en el importante Ministerio de Hacienda y Crédito Público. En Honduras este es el ministerio más significativo de la nación, porque es el que cobra los impuestos y distribuye los fondos del presupuesto nacional a los otros ministerios. Todo el mundo depende de “Hacienda” para lo que quiera hacer y, si sus 750 empleados no lo manejan bien, entorpecen la corriente financiera y el funcionamiento de toda la nación.

No obstante, Benjamín Villanueva siempre ha estado interesado en la educación, considerando que el “capital humano” es el ingrediente más importante en el desarrollo de una nación. Así que él y un grupo de esclarecidos ciudadanos, juzgando que la universidad pública local no estaba sirviendo a las necesidades del país en el campo de la administración y “finanzas” y que el desarrollo requería una institución especializada, decidieron establecer UNITEC. Después de hallar asistencia organizaron la “Universidad Centroamericana de Tecnología” y el doctor Villanueva sirvió como su Rector fundador por cuatro años. Hoy UNITEC tiene más de 3,000 estudiantes en un nuevo “campus” y es la envidia de otras instituciones locales, especialmente por sus altos “standards” y su eficiencia. Es considerada la mejor institución para estudiar negocios y finanzas en Tegucigalpa, ya que hace énfasis en computación y en todos los modernos sistemas de administración.

Cuando Rafael Leonardo Callejas ganó las elecciones presidenciales en 1990 Villanueva fue nombrado por segunda vez Ministro de Hacienda y Crédito Público. Esta vez permaneció tres años hasta que una molestia de salud, traída por las tensiones del cargo, lo obligó a retirarse. Durante este período fue muy importante para implementar los ajustes económicos del país. Su experiencia y dedicación fueron cruciales para que Honduras entrara en la etapa moderna del mercado libre (Foto 230).

Fuente: El Zamorano, afrontando el reto de la América Tropical, Simón E. Malo.

Fuente:latribuna.hn