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La aparición de la Virgen de Suyapa

30 Enero 2016

La aparición de la Virgen de Suyapa

Juan Ramón Martínez.

A Tony Salinas y Juan Ángel López, cristianos

Los historiadores que han escrito sobre la Virgen de Suyapa, se refieren al ingreso de la madre de Dios en la vida de los hondureños como algo accidental, eliminando el concepto que, en realidad, de lo que se trata es de la aparición, es decir algo deliberado de la voluntad de Dios para acompañar en la historia a nosotros los hondureños. Describen el acontecimiento, trascendental en elevadísimo grado, como un simple hallazgo, es decir, algo fortuito; en que, quienes encuentran la imagen, no la han andado buscando. Por su parte, el objeto encontrado, -en este caso la figura en madera de la Virgen, tampoco tiene interés en ser hallada- y posiblemente sin mala fe, al privilegiar el término hallazgo (accidental) por encima de la aparición la Virgen (voluntario y deliberado de parte suya) eliminan la intencionalidad de ofrecerse, a una comunidad arrinconada por los encomenderos que pretendían expulsarlos de su comunidad, para acompañarles en su decisión de sobrevivir. Para estos historiadores, ningún de ellos con 

conocimientos teológicos e incluso con un cristianismo profundo y comprometido, la Virgen de Suyapa no tiene voluntad de aparecérsele a un pueblo amenazado, que lucha por su sobrevivencia, por lo que estos no son escogidos por la voluntad de la madre de Dios, sino que beneficiados por el azar del hallazgo, siempre fortuito, en donde desaparece la voluntad de Dios. Incluso la familia Colindres participa, por razones obvias de esta tesis -justificada por su ánimo de propietarios- que la Virgen se la había encontrado uno de sus miembros, en razón de lo cual la imagen era suya. Y solamente suya. De allí los primeros pleitos con los clérigos del siglo XVIII y XIX.

Imagen de la Virgen de Suyapa.

Imagen de la Virgen de Suyapa.

Esta visión poco dialéctica y sin trascendencia cristiana del acontecimiento más importante ocurrido a los hondureños, entre el descubrimiento de América y la independencia de Centroamérica, tiene como finalidad, deliberada o no -no puedo especular hasta aquí- demostrar que los indios de Suyapa no han hecho ningún mérito para merecer la atención de la madre de Dios. A los que el Creador tiene abandonados. Y que la Virgen que trae el joven Colindres es fruto de un hecho accidental, que no tiene ninguna indicación de atención compasiva a favor de una comunidad a la cual, los encomenderos de los alrededores, los cobradores de impuestos, han ido arrinconando hacia el cerro. Por ejemplo, se pasa por alto el hecho que, cuando ocurre la aparición de la Virgen de Suyapa, los campesinos de la aldea del mismo nombre, no tienen tierras porque se las han quitado los encomenderos, algunas veces; y en otras incluso apoyados estos por curas que, sin título alguno, se las han vendido familias poderosas de Tegucigalpa, para dedicarlas a la cría de ganado. Para entonces, los agricultores tenían que hacer los cercados para proteger sus cultivos, porque el ganado andaba suelto. Y por tanto, podía destruir las plantaciones de los agricultores, sin responsabilidad alguna para los propietarios. Lo que -como ocurre con los indígenas a los que se les apareció la Virgen de Suyapa-, tienen que ir lejos a efectuar sus cultivos, estableciendo distancia con las vacadas dañinas de los señores que les tienen negada la posibilidad de cultivar en las tierras que antes han sido propiedad de los indios tributarios de la aldea. Para los dueños de las tierras que les han quitado a los indígenas tributarios, la mano de obra de los habitantes de Suyapa, no es importante. El ganado anda suelto, se ordeña muy pocas veces; y cuando se hace, no se requiere mucha mano de obra. Los indígenas de Suyapa, son campesinos de sobrevivencia, que luchan por su existencia frente al avance de los abusos de los ganaderos, que con el apoyo de las autoridades, la prédica de algunos sacerdotes poco comprometidos con la palabra de Dios y el rechazo de una sociedad ladina que considera inferiores a los indígenas, los tienen arrinconados sobre las colinas cercanas. Así ellos, los propietarios de las haciendas, aumentan sus propiedades y reducen el espacio al pueblo indígena que cada día disminuye numéricamente su población. Derrotados por los propietarios de los hatos ganaderos que pastan, sueltos e indómitos, en los terrenos ilimitados que llegan hasta donde alcanzan los ojos. Por ello, frente a su desamparo y su soledad, es que la madre de Dios, en un acto de misericordia de Dios, como se dice ahora, se le aparece a un pequeño grupo de campesinos. Con el fin de fortalecer su unidad, aumentar su fuerza para resistir ante los embates de quienes les tienen rodeados; y adquirir más dignidad para mantenerse en su aldea, sin ceder y sin entregarse.

Una interpretación al revés -como la que priva hasta la fecha-, en que la Virgen de Suyapa es fruto de un hallazgo fortuito, el encuentro accidental de un objeto que nadie anda buscando, que incluso se rechaza como algo que estorba, suprime la intervención divina, destruye los elementos teológicos de la voluntad de Dios y le quita al acontecimiento, el valor trascendental que tiene. También le niega importancia a la circunstancia que, habiendo muchas otras comunidades en situación similar, en diferenteszonas del país, la Virgen María, la madre de Dios, escoge al pueblo de indios tributarios de Suyapa, para aparecérseles, con el fin de protegerlos de los que les han quitado sus tierras. Y que, incluso los han dejado sin un espacio siquiera para sembrar sus milpas y frijolares. Colindres y sus acompañantes, no encuentran a la virgen. No la andaban buscando. Es ella que va a su encuentro y se ofrece como prenda de unidad y fuerza que, aun hasta ahora, los tributarios de Suyapa utilizan para resistir los cantos de sirenas, la serenatas envenenadas, la mariachis madrugadores, los grados honoríficos y las pretensiones de algunos de quitarle a su virgen que, siendo suya porque ella quiere vivir entre ellos, solo la comparten con el pueblo hondureño, para que sea madre de todos y centro de la unidad nacional de un pueblo que, pese a sus dificultades, igual que les ocurre a ellos, se resiste a rendirse, entregarse; o venderse a los que quieren comerciar con sus vestiduras. Por todo esto y más, los hondureños celebramos la aparición de la Virgen de Suyapa, que viene desde el cielo a proteger a su pueblo. No como un hallazgo, un accidente; sino que una señal de su amor, prueba de su protección y seguridad que los hondureños no estamos solos. Y que algún día, las cosas serán mejores para todos.

Tegucigalpa, enero 23 del 2016

 

 

Última actualización el Viernes, 28 de Julio de 2017 20:05