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Morazán, la más alta figura del liberalismo americano

03 Octubre 2015

Morazán, la más alta figura del liberalismo americano

Por: José María Vargas Vila

Después de Santander, que fue el hombre, en la esfera intelectual política, más grande de su época, el liberalismo americano no registra en aquellos tiempos, figura más atractiva, más innovadora, más gallarda que Morazán;
caudillo juvenil, atrevido, generoso; temperamento apasionado y heroico;
hombre superior a su tiempo, y al medio en que vivía, pasó por la Historia con un fulgor de relámpago y el ruido de un guerrero homérico;
era en épocas de lucha;
la evolución patriótica del general Gainza, con su obra de independencia, había perecido en el oleaje con que los conservadores y aristócratas de Guatemala, iban en obscura turbamulta al pie del trono de Itúrbide, a pedir que les unciera el yugo de su cetro de Emperador aventurero;
la cumbre más alta del liberalismo centroamericano ha sido siempre la república del Salvador; allí se refugió en aquel eclipse, el águila liberal herida;
la bandera del Imperio cubrió a Centro-América, sostenida por las manos del general Filísola;

cayó Itúrbide; el partido conservador y el liberal, volvieron a encontrarse frente a frente;
los serviles habían perdido su Amo, pro conservaban su odio a la Libertad;
los liberales conservaban su bandera y su derecho;
triunfó el liberalismo;
la constitución de 1824, fue una aurora;
aquel Evangelio liberal abolió la esclavitud, la nobleza, y hasta el título de don, la venta de bulas del Papa, y proclamó la República Centro-Americana.
Hécuba aulló, dice Homero; el clericalismo aulló, diremos nosotros; grito de hiena en medio de la selva;
el Papa, sintió por primera vez, que el aliento del liberalismo americano le daba en el rostro; fulminó excomuniones, y lanzó los rayos del Vaticano sobre los mandatarios del Salvador;
a la cólera papal, se respondió por el liberalismo, con el nombramiento del obispo Delgado, hecho por el gobierno nacional;
el heredero de San Pedro devoró la afrenta; desde el bofetón de Nogaret, que hizo vacilar la tiara en la cabeza de Bonifacio VIII, la mejilla de los papas no enrojece;
los serviles, es decir, el clero y la nobleza, hicieron la guerra, poniendo a su cabeza al marqués de Aycinena, resto apolillado de aquella aristocracia parroquial;
hubo conjunción de tinieblas; el fanatismo poderoso y el conservatismo rencoroso, pelearon unidos como siempre;
los sangre azul, vencieron al fin, y el partido liberal cayó envuelto en su bandera gloriosa, que era la bandera de la República, seguido de los hombres libres y de los esclavos libertados, en la sangrienta y espantosa batalla de Salina Grande, el 28 de septiembre de 1827;
la sombra entonces fue completa;
el clero imperó solo;
algo semejante a lo que pasa hoy en Colombia y en el Ecuador, sucedió allí;
en medio de la densa obscuridad, vióse de súbito uno como centelleo de astros en el horizonte, el avance de algo como el carro de Ezequiel, y percibióse en el profundo silencio un ruido como de bandada de águilas que avanzaba, grito de pelea de cóndores;
la claridad y el ruido, salían de las espesas selvas hondureñas; era Morazán; Morazán que aparecía en la Historia seguido de dos mil compañeros, para ser el caballero Bayardo, de aquella Democracia herida;
es imposible que la Historia pase por delante de esta figura sin descubrirse;
veintiocho años, figura seductora, imaginación ardiente, corazón de Héroe, mente llena de ideales, inteligencia cultivada, soñador de la Libertad; caballero del Honor: he ahí el Caudillo;
venció; sobre las ruinas de aquella Teocracia caída, y levantó el más bello edificio del Derecho Humano;
castigó al clero conspirador y corrompido; expulsó el obispo Casaus, alma de la última sombría cruzada; hizo embarcar en el puerto de Isabel a todos los frailes de Guatemala, soliviantando así la Libertad y la Moral, con esta peregrinación de vicios tonsurados;
de los conventos hizo prisiones modelos; fundó escuelas por el método de Lancáster, el más avanzado entonces, que no había surgido Pestalozzi; introdujo el sistema de procedimientos judiciales de los Estados Unidos, la adopción del Jurado, la libertad de cultos, realizó todas las grandes reformas;
todo lo iluminó con el esfuerzo de su Genio Innovador; en la escuela la conciencia, y la justicia en el templo de la ley; llevó la luz a todos y penetró con ella hasta el claustro sombrío, donde oraban de rodillas vírgenes arranzadas a la vida por desengaños pasajeros o por imposiciones paternales; conciencias pervertidas por un misticismo sombrío, o naturalezas enfermas por un histerismo ardiente, y abriéndoles las puertas les volvió la libertad y prohibió tomar el velo;
la guerra sacerdotal se refugió entonces en los campos; la conspiración fue rural; los curas comenzaron a sublevar las indiadas en nombre de Dios y de la Religión, con esas frases y esas promesas que forman su repertorio, y que pasados los tiempos vimos lucir con tanto donaire en el clero de Colombia y en la literatura venenosa y sombría del obispo Canuto Restrepo en Pasto;
en tanto la Confederación se hacía fragmentos;
el Salvador se separó de ella en 1833. Nicaragua en 1834. Costa Rica poco tiempo después.
Morazán quedó solo; era la inmensa solitaria roca en medio del océano, desafiando el horizonte negro y el túrbido oleaje;
¡sombrío y terrible el cuadro de esa lucha!
Las revoluciones suelen tomar no sé qué extraña condensación en sus hombres y los hacen así a su imagen y semejanza, dándoles sus virtudes y sus pasiones, sus tempestades y sus ideales, su grandeza y su carácter;
el Liberalismo atrevido, innovador, brillante, generoso,  un tanto soñador, en alto grado heroico, había tenido su personificación en Morazán;
el partido conservador, iba a tener su genuina representación, su figura excelsa, su ídolo;
fue a buscarlo en la piara, en la profunda selva, en el intrincado matorral, en plena barbarie;
como un puñado de pieles rojas, como una bandada de cuervos, como una avalancha, como las sombras de una obscura noche, descendieron de la sierra las inmensas indiadas; al grito de la religión y con su jefe a la cabeza;
era Rafael Carrera (1), el cholo guardador de puercos en la sierra de Mita, aquel ladino semi-salvaje y astuto, aquel indio pérfido y feroz, llamado a eclipsar a Guardiola y a asombrar la Historia con sus crímenes y su audacia;
así han sido siempre los conservadores; en su constante necesidad de un amo, lo buscan donde se halle, ya sea en las piaras de Mita, ya en las riberas del Adriático, entre las flores de Miramar;
cerdo o príncipe, todo es igual para su sed de esclavos;
ellos hicieron vacila la cabeza poderosa del Libertador Bolívar, ofreciéndole una corona;
ellos entraron en la aventura de Itúrbide y fueron a mendigar un príncipe austriaco para México;
ellos sacaron de las selvas a Carrera para hacerlo su amo;
ellos hicieron de Santana un ídolo;
ellos siguieron en el Ecuador por el laberinto de sus traiciones a Flores, aquel modelo eterno de la Traición Humana;
lo mismo en Europa que en América, ya se llame Boulanger o Luis Napoleón, siempre en busca de un aventurero para ungirlo;
todas sus preocupaciones sociales, su moralidad cómica, sus teorías de austeridad, todo lo arrojan por el lodo y lo pisotean en el momento que de adquirir el Poder se trata;
siempre espiando la silueta de un Traidor o el sueño de un ambicioso para alentarlo;
así se les vió con Rafael Núñez, el poeta ateo, el bígamo histórico, en premio de su Traición hacerlo pontífice de su iglesia, y jefe de su alta sociedad, que invadía en oleajes de adulaciones y brillantes, aquel hogar no consagrado todavía.
Carrera, bajó como una tempestad, derrotó las tropas de Morazán en Santa Rosa y sembró el pavor por dondequiera;
el Héroe Liberal tuvo aún tiempo de reponerse, lanzó sus huestes contra el indio, e hizo replegar sus turbas siniestras de curas y salvajes a las lejanas sierras;
pero la lucha era imposible, Morazán estaba casi solo; Carrera volvió a bajar al frente de cinco mil hombres, cerca Guatemala y la tomó;
la bandera liberal desapareció del horizonte.
Morazán escapa Valparaíso;
allí, proscripto, solitario, no tuvo más sueño que la Libertad, y vivió abrazado a sus ideales;
su indomable arrojo lo lanzó de nuevo en la contienda;
embarcado a bordo del Coquimbo, echó pie a tierra en Costa Rica, seguido de un puñado de bravos, y comenzó su épica campaña;
su antigua querida, la Victoria, lo besó en su frente juvenil; más ¡ay! luego, voluble como siempre, le volvió la espalda, y el héroe vencido cayó en poder de sus contrarios;
no le fue dado envolverse para morir en la bandera, en medio del fragor de la batalla;
la tempestad no lo envolvió como a Rómulo para desaparecer entre sus alas, murió como Ney;
el patíbulo fue su pedestal;
erguido sobre él, cayó a los tiros de los soldados conservadores de Carrera, como una estatua que el huracán dobla sobre su zócalo;
así desapareció aquel generoso soldado;
decid si ante esta Historia y este muerto sublime, el partido liberal puede pasar sin descubrirse;
son voltarios los pueblo e ingratos los partidos; sólo la Historia es justiciera;
el olvido injusto no mancilla;
pasaron dos mil años sobre la Venus de Milo sepultada entre el polvo, y cuando la azada del campesino griego la sacó de bajo un campo de trigo, con sus brazos mutilados y su ceguera de diosa, eclipsó cuanto existía en las creaciones de la estatuaria, y llenó con su serena belleza los horizontes del Arte;
la Gloria, como la Belleza Suprema, es inmortal;
así, cuando pasa la Historia, despertando las sombras heroicas y exhumando las ilustres figuras, ella, al ponerse de pie, hacen palidecer los héroes apócrifos, y llenan de sagrado estupor y sublime gratitud las generaciones que las ven salir de la penumbra;
ya sus verdugos son fantasmas; la pálida Envidia no les roe los talones, la Calumnia no las mancha; ya son grandes;
así surge Morazán;
su centenario, fue gran fiesta del liberalismo americano;
el partido liberal, tiene el deber de hacer aureola sobre la frente de sus grandes hombres; bastante trabaja la calumnia conservadora, para que la indolencia liberal la ayude en su tarea de desfigurar o sumir en el olvido a los heroicos fundadores del liberalismo;
la mayor señal de la virilidad de un Partido, es la admiración hacia sus grandes hombres;
en los pueblos, esta indiferencia, es señal de decadencia;
los conservadores y sacerdotes de Centro-América se opusieron al centenario de Morazán, y arrojaron en ondas tumultuosas la Calumnia para obscurecer su nombre;
¡estéril trabajo de odio! Podrían hasta lograr que no se le alzaran estatuas, podrían hasta eclipsarlo o proescribirlo de la mente de las turbas ignorantes; más, ¿cómo lo arrancarían de las páginas de la Historia?
El pueblo al abrir el sagrado libro, tropezaría siempre con aquel nombre, que llena de uno a otro extremo sus páginas más brillantes;
Hay glorias que no se eclipsan, y hay que sufrir su tremendo resplandor;
El Sol es el encanto de las águilas y el martirio de los búhos;
Así pasa con el resplandor de ciertos nombres en la Historia; Morazán es uno de ellos.

Las glorias como Francisco Morazán, no se eclipsan y sus detractores tienen que sufrir su tremendo resplandor. ¡Jamás podrán arrancarlo de las páginas de la Historia,

(1) El legítimo antecesor de Estrada Cabrera, tan cruel y tan asesino como éste.