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Fiestas patrias: Del tedeum, los discursos, hasta los desfiles y las palillonas

12 Septiemre 2015

 

Por: Juan Ramón Martínez

Consecuente con las ideas que privan en el tiempo en que se produce la independencia y el hecho que la mayoría de los firmantes de la misma fuesen clérigos, en el acta que se firma, se establece que para celebrar tal acontecimiento, se debe ofrecer un tedeum al cual deben asistir las principales autoridades. Posteriormente y como efecto de la Revolución Liberal, se abandonó el tedeum y se sustituyó por la reunión de las autoridades, a las cuales se invitaba a las principales personas de las ciudades, para que ambas escucharan a un intelectual de moda y prestigio, para que explicara las razones de tan fausto acontecimiento. Adolfo Zúniga, entre muchos otros, pronunció en tiempo de Marco Aurelio Soto, memorables discursos. Todavía en la primera década del siglo pasado, no solo las fiestas de independencia, sino que incluso la toma de posesión de los gobernantes, prescindían de cualquier celebración religiosa. El laicismo estaba de modo y esta forma de pensamiento, formaba parte de la minuta liberal.

A partir de la tercera década del siglo y dentro de una estrategia de controlar el caudillismo liberal, para sustituirlo por un caudillismo legalizado y manejable, la educación empezó a modificarse. Hacia algunos años cuarenta del siglo pasado, los uniformes del Instituto Central tenían la impronta de los uniformes policiales. El nazifascismo europeo, estimulaba la uniformidad, la marcialidad y los grandes desfiles militares. Y como el país no tenía fuerzas militares para desfilar, -la mayoría de los soldados no calzaban zapatos- los alumnos de los colegios de las principales ciudades hacían el papel de tales. Para 1950, en Olanchito, los alumnos de la Escuela Pública Modesto Chacón, varios meses antes construíamos un fusil de madera, al que pintábamos de negro y el cual terciado al hombro, era usado en los desfiles que se hacían en el Parque Morazán de la ciudad. Cada alumno vestía de blanco, con correaje de policía y con aire que pretendía ser marcial, desfilábamos, intentando llevar el paso -cosa que no era fácil- para orgullo de los padres de familia que veían elegantes a sus hijos.

A partir de la creación de la Escuela Militar Francisco Morazán y la instalación y operación de los primeros batallones, los desfiles son embellecidos y vueltos más atractivos, con la presencia de los cadetes que entre sus virtudes públicas, tenían y tienen la de ser los mejores marchistas de todos los tiempos. En la década de los sesenta, los estudiantes universitarios celosos del prestigio de los jóvenes oficiales, se les acercaban y les decían en voz alta: “parecen civiles”, lo que indignaba a los jóvenes compatriotas que sin embargo no podían hacer nada porque no podían romper la formación. Algunos colegios públicos -especialmente el Instituto Técnico Vocacional- empiezan a competir en la marcialidad, paso y giro de los militares. Esto agrega al desfile, un elemento más: la competencia de los jóvenes civiles por parecerse con los militares. El proceso de militarización está iniciado ya. Y los resultados los veremos en octubre 3 de 1963.

Desde el año 1964, los desfiles patrios son fundamentalmente, desfiles militares. Se abandona la celebración religiosa, se pasan por alto los discursos y se convierte el desfile militar del 15 de septiembre, al que se han unido casi todos los colegios, en el más grande homenaje de la patria. Un tiempo después, se agregan las bandas de guerra de los institutos y de los cuerpos militares, los aviones y helicópteros, los paracaidistas y lo más novedoso y llamativo: la presencia de las bastoneras que aquí conocemos como las palillonas. Como variante, las bandas de guerra, introducen además de las marchas militares, todas fruto de músicos y arreglistas estadounidenses, música popular latinoamericana y hondureña. En los últimos años, la punta, ritmo muy pegajoso, ha servido para darle a los desfiles del 15 de septiembre, un aire festivo que sin duda, nunca imaginaron los próceres y quienes les siguieron. La patria y el civismo nacional quedan reducidos a los desfiles cuasi militares, la música pegajosa y, fundamentalmente, a las bellas piernas de jovencitas enormemente favorecidas por la belleza de rostro y cuerpo bien proporcionado, los giros sincronizados y las sonrisas de las jóvenes palillonas o bastoneras, que al tiempo que llaman la atención y prestigian a sus colegios, algunas de ellas se abren paso en la vida social y política del país. los periódicos han empezado la costumbre de elegir por votación de sus reporteros, a la más bonita de todas las de la capital, de San Pedro Sula, Choluteca, La Ceiba, Danlí y otras ciudades del país. quien se destaca ante ojos tan privilegiados, tiene posibilidades de abrirse paso en la vida política y cívica del país. una de las palillonas más agraciadas de hace algunos años, está implicada como sospechosa de haberse beneficiado del latrocinio del Seguro Social. Actualmente, busca asilo en Estados Unidos para evitar el brazo fuerte y neutral de la justicia.

Desde el 2010, los desfiles del 15 de septiembre, tienen un nuevo componente: la presencia de grupos de jóvenes marchantes que no pretenden honrar a la patria; ni prestigiar a sus colegios, sino que expresar su rechazo a los gobiernos que dirigen al país. oportunidades hemos tenido en que se han reducido los colegios participantes por medio a las represalias, por decisión de los alumnos animados por sus maestros para no participar -caso del Instituto Central- mientras que otros colegios usan el desfile para mostrar su adhesión, no a la patria, sino que al gobierno de turno. En todos estos casos, los colegios que desfilan, saludan al presidente y a sus ministros, amigos y familiares -que desde el Palco Principal del Estadio Nacional, “representan” a la patria. En dos oportunidades, por lo menos, se han producido dos desfiles: uno legítimo, oficial y el otro, político, animado por el Frente de Resistencia Popular y el Partido Libre, que lo usan, no para honrar a la patria y sus símbolos, sino que para mostrar sus fuerzas políticas y censurar al partido de gobierno y a los titulares del Ejecutivo.

Para este 15 de septiembre del 2015, se anuncian dos desfiles igualmente. No hay que descartar, que en una marcha atrás en el proceso de militarización laica que hemos observado, este año, algunos colegios o grupos marchen con antorchas para mostrar su rechazo en contra de la corrupción y su desagrado con el gobernante y el Partido Nacional que teóricamente gobiernan al país.