Lea Honduras

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente

Helmut Seidel: Genesis, exodo, odisea, y exitoso renacer

05 Septiembre 2015

 

Por: Vicente Machado Valle h.

Lo conocí como taxista. Desde entonces era notorio se trataba de todo un caballero. Muchas veces escuché esto de labios de mi padre. En lo personal, conocí a Helmut Seidel en la agonía de la década de los años 40, en el laboratorio de Caros Solís, ubicado contiguo al Jardín de Italia y la casa de doña Juanita de Callejas, en el centro de Tegucigalpa.

Helmut había sido, en Honduras, aprendiz de agricultor, jinete distribuidor de productos provenientes del campo, empleado de hotel, taxista, arrendatario de refresquería, de previo, en la etapa más difícil de su vida,  víctima de la persecución nazi.

EL GENESIS.

Los Seidel moraban en Pozna, pequeña ciudad alemana fronteriza con Rusia, donde operaban un hotel familiar. Cuando tornó de los campos de batalla de la primera guerra mundial, el padre encontró aquello convertido en territorio polaco. Por rebeldía germana, emigró hacia la casa de su  suegro en Falkerndorf (tierra de halcones), la población era de apenas 800 habitantes.

“Adquirió una hacienda y un hato, al lado del bosque y una pequeña tienda, que era como la tienda del pueblo” rememora Helmut.

Allí en la alta Silesia, nació nuestro personaje en 1920.

Una infancia feliz devino de repente, con el ascenso al poder del nacional-socialismo.

EL CALVARIO

Helmut frente al taxi.

Helmut frente al taxi.

“Cuando en 1934, terminé lo que aquí llamamos primaria, y plan básico, Hitler era el gobernante. A los 13 y 14 años empecé a sentir los primeros efectos de la discriminación nazi, apunta.

Su padre afirmaba: Esta situación no puede perdurar por mucho tiempo. El pueblo alemán no lo permitirá por mucho tiempo más. Si tenemos que salir de Alemania, saldremos en el último tren”. Más tarde habría de cumplirse su vaticinio.

Mientras tanto, ante la imposibilidad de proseguir estudios, Helmut hubo de colocarse en una tienda de departamentos, propiedad de un judío, para aprender decoración. Faltaban tres meses de un aprendizaje de tres años, cuando llegó la “Noche de Cristal”, la del 9 de Noviembre de 1938.

Un muchacho judío-polaco, mató al Embajador alemán en Francia, y a consecuencia de ello los nazis, con el pretexto de protegerlos de la ira del pueblo, trasladaron a todos los judíos varones a campos de concentración.

“Llegaron a las 3 de la tarde. Mi jefe y yo tuvimos que quitarnos los cinturones y desabrocharnos los pantalones. Con estos en las manos, nos dirigieron al patio de la Sinagoga. Esperamos hasta que llegaron los demás judíos del pueblo. (30 o 40 hombres). Al estar todos, empezaron a martirizarnos. Nos introdujeron al templo que estaba en llamas, mientras de las mangueras salían chorros de agua. A las 8 de la noche, nos sujetaron uno al otro con lazos por el cuello y las manos, de dos en dos. Nos llevaron como vacas, con un rótulo, obligándonos a recorrer la ciudad. Por las calles nos lanzaban tomates, huevos, piedras.

Le cortaron el pelo en forma de cruz. Tenía 17 años de edad. Alguien lo acusó de haber violado una muchacha alemana. Lo negó, hasta que a golpes lo forzaron a decir que sí. “Sentía que  perdía el sentido. Nos llevaron de casa en casa, de tienda en tienda, y en presencia de los dueños, saquearon los establecimientos, rompieron vidrios. Era un espectáculo horroroso. Atados como estábamos, no podíamos caminar. La parte trasera de la camisa estaba impregnada con la sangre del compañero que venía atrás”.

Medianoche. Los llevaron a la cárcel y poco después fueron conducidos a la calle, para barrer los restos de vidrios.

Los trasladaron al campo de concentración. Helmut estaba desfigurado. Tenía dificultades; tenía dificultades para abrir uno de los ojos, como consecuencia de los golpes. Ese día cumplió 18 años.

En el campo de concentración “encontré a mi padre y mis hermanos. También a mi primo Horst Schiftan. Era Buchenwald, donde habría de permanecer durante 10 semanas.

Una vez Helmut intentó hurtar comida (¿y recuerdan a Jean Val-jean?) y fue atrapado. “Querían llevarme al portón grande donde solían propinar 25 azotes y luego exponer al castigado durante todo el día al sol, con la espalda desnuda. Muchos empezaron a gritar que no  lo hicieran conmigo y aproveché la oportunidad para escabullirme. Como éramos tantos, nunca me encontraron”.

Se aproximaba…

EL EXODO

“Mis hermanos y yo salimos porque nos llegó una visa para emigrar a Honduras. Una tía nuestra, residente en Guatemala, rogó a don Salvador Schacher que salvara la vida de su familia y obtuvo el permiso correspondiente. Guatemala y otros países cerraron sus puertas a la inmigración, porque se difundía por la prensa que sus cónsules vendían visas por grandes sumas de dinero y cuando los inmigrantes llegaban, descubrían que su visa era ilegal”.

Mientras tanto, la madre de los Seidel, era sujeta de un atraco. Se encontraba sola y el momento fue aprovechado para robarle. Ella logró escapar por la puerta trasera, hacia la casa de una amiga. Al día siguiente la casa había sido saqueada, al perro le sacaron un ojo.

Simultáneamente, los hermanos Seidel iniciaban

LA ODISEA

Anny y yo en nuestra boda religiosa en Guatemala. 15 de noviembre de 1952.

Anny y yo en nuestra boda religiosa en Guatemala. 15 de noviembre de 1952.

Para concretar la obtención de la visa, fue necesario que los veinte candidatos viajasen a Honduras. El Cónsul de Honduras era Magín Herrera, la secretaria la señorita Yu Shan. “Mientras vivíamos en Alemania, nos pagaban una cantidad suficiente para subsistir. No disponíamos dinero para los pasajes, cuyo costo fue cubierto por una organización de beneficencia judía, que además nos proporcionó cuatro dólares en efectivo a cada uno”. Los barcos salían una vez por mes. Su itinerario: Hamburgo – Trinidad – Puerto Barrios – Puerto Cortés. El equipaje era una maleta, con lo indispensable.

Cruzado el Atlántico, viajaron en tren de Puerto Barrios a Guatemala. Era menester ratificar la visa, lo que tomó tres semanas. En adición, Pan American, la única aerolínea que cubría la ruta entre Guatemala y Honduras, no transportaba alemanes, judíos o no. Fue preciso ir a El Salvador y abordar allí un avión de Taca.

La trayectoria desde la capital Salvadoreña fue de una hora y 20 minutos. Era el 9 de agosto de 1939.

“Dios ha sido muy bueno conmigo. Me hizo abandonar forzadamente mi patria y emigrar a un país lejano, desconocido y diferente; pero como después pude ver, con gente buena  y noble, que en todo momento me brindó su apoyo y simpatía. De no haber emigrado, si Hitler no hubiera perseguido a los judíos como tantos otros alemanes, habría participado en la guerra y lo más probable es que hubiera muerto en las heladas estepas de Rusia, en los desiertos de África o en los campos o ciudades de algún país europeo”, diría años después.

Entre esas personas de buena voluntad, recuerda en particular a las señoras Laura de Lozano y Maruca de Cáceres Vijil, quienes cada 3 semanas les llevaban cajas con comida.

Era el momento de…

EL TRABAJO

“Llegamos comprometidos a trabajar en la Agricultura. El mismo día de nuestro arribo  nos enviaron a la finca Los Laureles, previamente alquilada al Lic. Antonio R. Reina a 8  kilómetros de Tegucigalpa. Allí  estábamos con los cuatro dólares que Hitler nos permitió sacar de Alemania, sin hablar el español, sin asesoría y sin conocer las costumbres locales.

Una organización mundial de refugiados nos enviaba una cuota mensual, que nos permitía sobrevivir.

El cambio de Alemania a Los Laureles fue brusco: “No nos gustaban las tortillas, porque las comíamos con salchichón o queso  kraft. Estábamos acostumbrados a comer los frijoles con azúcar. No  concebíamos tener que atar un ternero a la pata de una vaca, para poder ordeñar. Estábamos acostumbrados a dar al ternero leche desnatada, huevos y otros alimentos. Resultado: los terneros enfermaron y murieron. Logramos engañar por unos días a la vaca con la piel de ternero sujeta a un caballete, pero después de descubrir el engaño pateó el balde y no se dejó ordeñar.

Eso no agotaba la cuota de problemas. El mozo que vendía la leche regresaba cada vez con menos dinero. Como yo era el más joven y además conocía  algunas palabras en español, fui escogido para salir de vendedor, en un macho viejo.  Iba de casa en casa, donde el mozo tenía clientela y no hubo dificultades mayores. Pero parece él se limitaba a Comayagüela sin pasar a Tegucigalpa. La hazaña de cruzar el puente Mallol fue posible gracias a un transeúnte piadoso, quien tomó al macho de la jáquima y nos condujo a los dos al otro lado del río”.

Entre tanto, “nuestra preocupación mayor, era salvar a nuestros padres. Lo logramos con la ayuda de gente buena en 1941, cuando Europa estaba en plena guerra. Lo  que decía mi  padre, sobre abandonar Alemania en el último tren, se lo hizo realidad. Salió de Berlín hacia París, ocupada por los nazis, cruzó la Francia de Vichy y España. Llegó a Portugal cuando ya era tarde para abordar el barco. No hubo otro más. Permaneció en Portugal durante la guerra y no llegó a Honduras sino hasta 1947. Después supimos que el barco que mis padres perdieron, fue interceptado en alta mar por un submarino alemán”.

Todo estaba preparado para…

EL RENACER

La inauguración del Hotel Honduras Maya.- Helmut, doña Gloria de López y el general Oswaldo López Arellano.

La inauguración del Hotel Honduras Maya.- Helmut, doña Gloria de López y el general Oswaldo López Arellano.

“Descubrí entonces una vocación, me gustaba relacionarme con la gente y me complace servir a los demás. Concluyó la construcción del Hotel Panamericano, frente al Parque La Libertad, en Comayagüela. Horst Schifitan trabajaba como asistente de don Alberto Lázarus y cuando decidió salir en pos de otros horizontes, fui llamado para sustituirlo. El sueldo era de Lps. 60.00, sesenta lempiras mensuales, casa y comida. Después vinieron el arrendamiento del “Hotel Honduras” (de doña Lupe de Membreño), el “Night Club Casablanca” (que se convirtió en el “Zombie Night Club”), el restaurante “La Cita”, el “Salón Verde” y los Taxis La Cubana”.

En el ínterin, su afición encontró eco en el Federal Deportivo, club futbolístico que lo alineó como centro medio y defensa, en la era del sistema dos, tres, cinco.  Lució esa camisola en canchas salvadoreñas y guatemaltecas.

En la década de los 50, recién casado con Any, “seme ofreció un trabajo como jefe de Recepción del Hotel “El Prado”. A los pocos años, don Ignacio Agurcia, padre de los señores Juan, Ignacio y Maro Agurcia, me ofreció el Hotel “El Prado” en arrendamiento. Allí comenzó realmente mi carrera hotelera”.

En 1960 se asoció con Horst Schiftan, en cuya unión arrendó el Hotel Bolívar, en San Pedro Sula. El trabajo era su quehacer fundamental. El complementó sus estudios de hotelería con cursos por correspondencia del Lewis Hotel and Motel School de Washington. Había aprendido inglés por medio de un libro y la práctica con los demás huéspedes. Leía libros y revista, en procura de asimilar todo lo posible.

En Tegucigalpa, los hoteles respondían a un concepto antiguo, mientras las capitales centroamericanas, modernizaban los suyos o construían nuevos. “Acompañado por Horst, tomé la iniciativa de hacer realidad un hotel en Tegucigalpa, que no solo reuniera condiciones turísticas modernas, sino que fuera también  el centro social de la Capital de Honduras. Era el minuto de la concepción del “Hotel Honduras Maya”.

“Encontramos  buena acogida entre inversiones nacionales y extranjeras. Con el buen amigo Rubén Callejas y don Rafael Callejas  padre, escogimos el sitio. La banca privada y el Banco Centroamericano, cooperaron ampliamente para llevar la obra a feliz término. Fue tan grande el entusiasmo, que algunos  nacionales consideraban su inversión más cívica que económica”.

En el ámbito familiar, Helmut y Any procrearon a René David y Dennis Henry. El primero culminó estudios de Derecho en nuestra Universidad y el segundo en Arquitectura y Urbanismo en Brasil. Ambos residen entre nosotros.

 

Helmut, es  hoy día Gerente del Hotel “La Ronda” y próximamente incursionará en otro tipo de negocios, siempre en Tegucigalpa. Aquí ha sabido captar respeto, admiración y amistad, por cualidades que se adquieren en la cuna y se nutren en el diario caminar.

Última actualización el Miércoles, 09 de Agosto de 2017 21:10