22 Agosto 2015
Por: Juan Manuel Aguilar Flores.
El suministro de azogue para el laboreo de la plata y oro en América provenía de España. México y El Perú fueron receptores, distribuyéndola en la región centroamericana. Inicialmente desde México la distribución fue terrestre. El azogue del Perú llegaba vía El Realejo (puerto en Nicaragua). Desde 1579, con los hallazgos de metales preciosos en la región central y sur de Honduras fue necesario para la Real Hacienda traer ensayadores a fin de calcular el azogue a utilizarse en la actividad minera. Fueron instaladas “cajas reales” en los centros mineros. A medida que se efectuaban más hallazgos mineros, las actividades fueron supervisadas por oficiales reales. Los inmuebles denominadas “cajas reales” fueron construidas inicialmente de paja y madera, luego construidas con materiales no perecederos. Para 1625, la disposición no había sido cumplida. La caja real de Comayagua inició funciones en 1739. Se instaló otra en el
mineral del Corpus Christi (Choluteca). El traslado del azogue al interior del país estaba expuesto a transvasarlo en el puesto de desembarque en damajuanas de poca capacidad ya que lo escabroso de los caminos dificultaba el acarreo en envases grandes conteniendo más de un quintal de mercurio. Los envases o garrafones fueron protegidos por badanas. En 1604, con la fundación del puerto de Santo Tomás de Castilla (Guatemala), decayó la actividad comercial de Puerto Caballos (Honduras). Las intromisiones de piratas al primer puerto hicieron al segundo, continuar su actividad. Evidencias documentales de 1671 refieren que a Trujillo llegaron remesas de azogue. En 1692 de Sonsonate se enviaba a Comayagua. Reina Valenzuela menciona que Puerto Caballos, inicialmente fue receptora de azogue, decayendo la actividad. La Fortaleza de San Fernando de Omoa inició a construirse en 1759, llegando a 1779 sin concluirse, aún así fue receptora azogue. A finales del siglo XVIII, las minas de la jurisdicción de Tegucigalpa entraron en franca decadencia y el refinamiento de palta y oro se efectuó utilizando simultáneamente hornos y quema, teniendo separadamente sus propios períodos en la actividad minera. Se asigna a la bóveda No. 31 de la Fortaleza de Omoa la función de depósito de azogue. Zapatero propuso la función de cisterna. Excavaciones arqueológicas efectuadas en 1978, no se pudo encontrar la existencia de una superficie sólida de la cisterna debido a que los escombros de la misma estaban a 75 cm. Bajo el nivel freático, hizo imposible excavar al interior. Cálculos tentativos de la cisterna fue de 3.4 metros de diámetro por 20 metros de profundidad. Las cifras anteriores fueron capaces de proporcionar un litro de agua al día a más de 600 personas durante un mes de asedio. Se descarta que tal depósito fuera utilizado para almacenar azogue.


