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Armando Cerrato Valenzuela: un historiador de la idea universitaria

08 Agosto 2015

 

Por: Ismael Zepeda Ordóñez.

En ocasión del primer centenario de fundación de la Universidad de Honduras, 1847-1947, se desarrollaron una serie de actos, concurso y reconocimientos no solo en Tegucigalpa, sino en varias ciudades del país. Y uno de los universitarios que mostró un entusiasmo particular en las actividades de celebración del centenario, fue el bachiller en ciencias y Letras Armando Cerrato Valenzuela. Su trayectoria intelectual se inicia con la publicación de la obra “Homenaje al padre José Trinidad Reyes (1941), siguiendo esa tradición de los principales escritores nacionales de considerar al padre Reyes como el “Padre de la cultura hondureña”. Y, además, para el año 1942, en el marco del centenario luctuoso (1842-1942) presentó un “Ensayo sobre el General Francisco Morazán”. Cerrato Valenzuela fue un apasionado de la figura del héroe de La Trinidad, Gualcho, y Morazán, él muestra parte de los principales protagonistas de la historia cultural de Honduras. Desde las páginas del Diario “La Época” motiva a los lectores con crónicas históricas de los constructores de la nacionalidad, particularmente la historia local, hechos y personajes de su ciudad natal. Nació en la ciudad de Comayagüela un 12 de julio de 1915; siendo sus padres 

Medardo Secundino Cerrato Valle y doña Cecilia Valenzuela. Maestro de educación primaria por la Escuela Normas de Varones, y bachiller en ciencias y letras en el Instituto San Miguel. Graduado de licenciado en jurisprudencia en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Honduras, y obtuvo el Exequátur de Abogado y Notario por la Corte Suprema de Justicia. Fue catedrático de educación media en varios institutos. Con el objetivo de contribuir a explicar las circunstancias que experimentaba el gobierno federal presidido por el General Morazán, instalado en Guatemala, y cuál era el ambiente político y social que privaba en la vieja sede de la Capitanía General, que conspiraba ya para 1835 contra la administración Morazánica, publicó un trabajo denominado: “Documentos de la traslación del Poder Ejecutivo Federal de Guatemala para consultar los fondos documentales de la República Federal, 1823-1838, y hacer un balance histórico del momento que atravesaba el gobierno de las Provincias Unidas del Centro de América. Producto de esas investigaciones es la obra citada. En 1945, con el poema “Ofrenda biográfica al Coronel Pascual Sosa”, nos ofrece una visión de la personalidad del ex regidor y alcalde de Comayagüela en varios periodos. Pascual Sosa es un típico oficial de cerro que se distinguió por su valentía, sacrificio y arrojó en los campos de las guerras fratricidas en las viejas montoneras de finales del siglo 19… Participó con el General Ricardo Streber en la expedición contra el “Sherman” en Omoa el año de 1873. Este suceso naval le costó a Honduras una humillación. El gobierno de Estados Unidos exigió que la bandera nacional estuviera izada a media asta en la Plaza de Omoa en señal de rendición y disculpa. Eso provocó un sentimiento de dolor e impotencia al canciller Adolfo Zúniga al contemplar nuestra bandera humillada por la imposición de la política imperial de los Estados Unidos de América. La familia Sosa, igual que los Ramírez, ocuparon los principales cargos públicos en la corporación municipal de Comayagüela entre 1825 a 1925.

Tal como lo manifestamos, Cerrato Valenzuela fue un entusiasta en la celebración del primer Centenario de la Universidad de Honduras en 1947. En la edición extraordinaria de la Revista de la Universidad de enero de 1948, encontramos sus trabajos de investigación y discursos pronunciados. El día 21 de septiembre de 1947, en nombre del Consejo del Distrito Central expresa el discurso en ocasión del homenaje al primer Centenario de la Universidad Nacional. En este momento, Cerrato Valenzuela es un estudiante universitario, y demuestra con su vibrante oratoria un pleno conocimiento de la historia de la Universidad. Comparte con los invitados al Salón del Palacio Municipal una visión optimista del quehacer académico de la Universidad y resalta los aportes de la municipalidad de Tegucigalpa al sostenimiento económico de la institución de educación superior durante esa centuria. La edición pública una “Síntesis Histórica de la Universidad” (pp 250-270). En el ensayo, Cerrato Valenzuela, propone una tipología de 5 etapas para estudiar el desenvolvimiento histórico de la universidad. Esta es la segunda tipología presentada por los estudiosos de la Universidad para comprender su evolución, porque la primera tipología solo nos habla de dos periodos: el primero que va desde 1847 hasta el Código de Instrucción Pública de 1881; y el segundo de 1881 a 1937. Año del II Código de Instrucción Pública. La visión de Cerrato Valenzuela carece de un estudio de las influencias culturales e ideológicas del pensamiento universitario latinoamericano como la Reforma Universitaria de Córdoba, Argentina, de 1918. Sin embargo, plantea que las reformas de los códigos de Educación Pública permitirán a la Universidad “mayor eficiencia a los estudios universitarios y a la investigación científica”. Todavía estaban lejos los conceptos de autonomía universitaria en nuestro medio de educación superior. Ganador del concurso patrocinado por el Instituto Hondureño de Cultura Interamericana en el centenario de la Universidad con el ensayo: “Influencia de la Universidad en la cultura hondureña” ese año de 1947 con el seudónimo “Chatel”: “La influencia ejercida por la Universidad en beneficio de la cultura nacional, es indudable, mejor dicho, imponderable” (p. 376). Pronuncia el discurso de clausura del primer Centenario de la Universidad en nombre del estudiantado universitario, en la sesión solemne del Consejo Universitario en el Paraninfo, el 26 de septiembre de 1947: “La Universidad debe ser templo, cátedra, donde se enseñe que la cultura es la única que glorifica a las naciones”. En la edición de la Revista de la Universidad reproduce el artículo del crítico español don Marcelino Menéndez y Pelayo sobre el padre Reyes (p. 343-345), haciendo la advertencia que no era ninguna novedad las opiniones, por cuanto otras revistas ya habían publicado el trabajo de Menéndez y Pelayo sobre el padre Reyes.

Con el seudónimo “Alberto de Silva”, Cerrato Valenzuela fue ganador del concurso de 1945 de la Feria de Comayagüela con su obra “Monografía de los Valores Morales de Comayagüela” (1948). Es una suerte de historia intelectual, resaltando los hombres y mujeres cuya participación es significativa en la vida cultural de la vieja Villa de la Concepción; y constituye la tercera monografía escrita sobre Comayagüela, después de la obra de Inés Navarro (1900) y Juan Ramón Ardón Figueroa (1937). La obra de Cerrato Valenzuela es simbólica por el sentido de identidad local, orgullo y fuerza de reconocimiento a todo el proceso histórico, que partiendo desde los primeros pobladores indígenas hasta la extinción de su municipalidad es una reafirmación de que sus conciudadanos construyeron una vida cultural y social propia, sin intervenciones foráneas. Comayagüela hizo de su historia una magnífica oportunidad para expresarse por sí misma, con sus particularidades de convertirse con el paso del tiempo en una sociedad per se que no abandona sus raíces, sino que las hace presente en todas sus manifestaciones y acontecimientos del presente. Y en una aproximación histórica de la edición de Revista Arte & Cultura del Centro de Arte y Cultura UNAH (2014), consigna como referencias bibliográficas los trabajos de investigación de Cerrato Valenzuela y otros escritores de Comayagüela. Eso demuestra que sus preocupaciones intelectuales continúan con una relativa vigencia.

Perteneció en calidad de socio al Instituto de Cultura Hispánica y la Sociedad de Archiveros y Bibliotecarios de Honduras. Miembro de la Asociación de Prensa Hondureña, APH. Falleció en Tegucigalpa un 19 de diciembre de 1992.

En resumen, la vida intelectual de Armando Cerrato Valenzuela es digna de rememorar al cumplirse un centenario de su nacimiento, 1915-2015, por lo significativo de su obra, su talento y la firme convicción de aportar a la comprensión de la historia nacional nuevos hechos y personajes, particularmente sobre nuestra máxima Casa de Estudios. La idea de la universidad y la trascendencia de la cultura fue su obsesión intelectual. Esa tarea la dejó bien sentada en los trabajos de su juventud. Entre tanto, en “Anales Históricos” de LA TRIBUNA continuamos con la tarea de contribuir al conocimiento de nuestra realidad mediante la divulgación de los estudios históricos y culturales. ¡Así sea!

Historiador. Choluteca. UNAH