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José María Delgado vanguardista de la acción emancipadora, 5 de noviembre 1811

05 Octubre 2014

 

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Darío González C.

Refocilados en la reflexiva lectura “Centroamérica Arturo Valdez Oliva, en pulcra y estructurada prosa, nos enteramos  las incruentas vicisitudes que afrontó el doctor José Matías Delgado como principal cabecilla  de la conspiración de noviembre de 1811. Animados en seguir investigando sus luchas libertarias, nos remontamos al historiador quetzalteco Juan Ramón Guillén, quien afirma, que este virtuoso sacerdote, nació en San Salvador un 24 de febrero de 1767, siendo sus progenitores Pedro Delgado y María Ana de León, su madrina lo fue María Josefa Matamoros, cuyo testimonio bautismal puede verificarse en la curia eclesiástica de Guatemala.

Se le considera como la principal figura del movimiento conspirativo que estalló en San Salvador el  5 de noviembre de 1811,  cumpliendo las estrictas órdenes del Gobernador Bustamante y Guerra y el Coronel de Milicias José de Aycinena, llegaron a San Salvador José María Peinado y Fray José Mariano Vidaurre con el ánimo de sofocar los conatos de emancipación que surgían en dicha región, la acción dio lugar al manifiesto desagrado del doctor Delgado con la casa Aycinena  y con el obispo Metropolitano de Guatemala Casaus.

Vidaurre llevaba  instrucciones de predicar en contra del conspirador Delgado y así lo hizo, cumpliendo con la fidelidad de un sacerdote que deseaba agradar a su prelado. Estas adversas situaciones en nada lo amedrentaron y continuó trabajando para cristalizar sus anhelos de emancipar Centroamérica; cuando menos lo esperaba salió electo individuo de la Diputación Provincial, cargo que le permitió figurar en la junta del 15 de septiembre de 1821,  firmando el acta de independencia, no se puede obviar que la exigente aristocracia se empeñaba en concretar la anexión a México y que las sesiones de la Junta Consultiva fueran secretas, Delgado se opuso con  energía manifestando que el pueblo tenía el derecho de conocer sus actuaciones, la voz de aquel distinguido ciudadano no se escuchó, y las sesiones se continuaron celebrando en secreto.

Cuando se suscitó en San Salvador el tumulto que provocó el resultado de las elecciones que el jefe político Barriere, pretendió imponer al pueblo, la Junta Consultiva resolvió en Guatemala que el padre Delgado como comúnmente  lo llamaba la feligresía de quien gozaba innúmeras consideraciones en San Salvador, se dirigiera a pacificar aquella provincia, al efecto se le concedieron amplias facultades y dirigiéndose hacia San Salvador tornó  el mando político de Santa Ana, puso en libertad a muchos patriotas presos, separó de sus destinos a los empleados sospechosos e instalaron una junta provincial de acuerdo con las aspiraciones populares.

Delgado promovió la erección de una silla episcopal en San Salvador, este pensamiento no fue del agrado del arzobispo Casaus, ni de los nobles de Guatemala, así se perdía una parte de los diezmos que engrosaban el patrimonio del arzobispo, segregándose de su Diócesis, pueblos ricos y curatos pingües; los nobles perdían la influencia del metropolitano sobre los salvadoreños; estas eran las verdaderas causas  de la oposición al proyecto del padre Delgado, pero no lo podían exhibir y se alegaban otras circunstancias. Se decía que la diócesis solo podía hacerlo el Papa de acuerdo con el metropolitano, y que proceder de otra manera sería ponerse en pugna con las leyes de la Iglesia, abrir un cisma e incurrir en herejía.

Sin embargo se obviaron estas argumentaciones y la asamblea constituyente de El Salvador erigió en Diócesis la provincia y Delgado fue consagrado como su primer Obispo. Fray Ramón Casaus, lanzó un edicto fulminante contra el doctor Delgado y el Congreso salvadoreño y sus partidarios.

Fray Anselmo Ortiz llegó a San Salvador a predicar contra Delgado, el mismo Arzobispo lo hizo en Guatemala, con tanta hostilidad, que usaba frases muy poco dignas de la cátedra sagrada, en el púlpito de Santo Domingo, dijo cierto día ante centenares de feligreses que habían clérigos que deseaban les llovieran mitras en lugar de albardas.

La curia romana, no aprobó la división de la Diócesis, León XIII declaró ilegítimo y sin ningún valor su fraccionamiento y anuló el nombramiento de Obispo y previno a Delgado a que abandonara el Pontificado dentro de 50 días so pena de excomunión. Delgado obedeció al Papa, pero continuó con el gobierno eclesiástico de su provincia en calidad de Vicario.

Delgado era el oráculo del pueblo salvadoreño, y el árbitro de sus resoluciones siempre se veía rodeado de multitud de personas que incesantemente le consultaban sobre todas las materias que interesaban al país, era intachable en sus costumbres, sus mismos adversarios lo confiesan, y la tacha que pudieron hacerle fue el empeño de convertir en catedral la parroquia de San Salvador y de ser su primer obispo. Pero el tiempo lo ha vindicado. Lo que no concedió León XII fue otorgado por Gregorio XVI. La antigua parroquia de San Salvador es hoy6 una basílica. Combatir a Delgado porque deseaba una mitra, es combatir  todo el clero. No hay un presbítero que no quiera ser obispo, ni un obispo que no desee el palio Metropolitano, ni un cardenal que no haga esfuerzos por sentarse en la silla de San Pedro.

Finalizamos nuestro esbozo histórico recordando que el doctor José Matías Delgado falleció en San Salvador un 12 de noviembre de 1833, cuando a la sazón frisaba  65 años de edad, al hacer nuestras las frases del historiador Miguel Antonio Alvarado Ordóñez, decimos: Merece la gratitud de la patria grande, que soñó Morazán y su noble figura se destacará eternamente bajo nuestro cielo centroamericano.

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