Lea Honduras

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La Cuyamel Co. adquiere acciones de United Fruit Company (UFCO)

28 Septiembre 2014

 

(Traducción de Ramón R. Izaguirre)

Después de la revolución encabezada por Manuel Bonilla que depuso al presidente Miguel R.Ortega Dávila, Samuel Zemurray pasaba la mayoría de su tiempo en Honduras. Su esposa, hija e hijo vivían en Nueva Orleans y él sentía que no tenía otra opción que trabajar muy duro para establecer su  posición en el istmo, pagar a sus deudores y acumular dinero suficiente para poder comprar las acciones que UFCO poseía en Cuyamel Co. y así lograr su independencia.

Los líderes de la industria del banano no se quedaron quietos y un ejército de lobistas pagados por UFCO se dirigió a Washington con documentos, cifras y tratando de dejar muy en claro que ese impuesto arruinaría  sus negocios.  Según ellos un impuesto de cinco centavos por racimo volvería la fruta a un precio que solo los ricos podrían consumirla y por lo tanto acusaban al Congreso de atacar “la fruta de los pobres”.Para UFCO no era normal vender las acciones que poseía en otras compañías pero fue forzada por eventos fuera de su control. En 1933 el Congreso de Estados Unidos propuso un impuesto para los 

bananos, que para este tiempo era una de las frutas más consumidas en Norteamérica y no cultivada en su territorio. Esta ley se llamaba “Underwood-Simmons” referida como Impuesto del Banano y que según el presidente Woodrow Wilson con estos ingresos ayudaría a cerrar la brecha fiscal del Presupuesto Nacional.

Posiblemente, en respuesta al ataque de estos lobistas el Departamento de Justicia comenzó a investigar a UFCO bajo la sospecha que manejaban precios fijos confabulados y que al haber aplastado la competencia, no tenían ninguna, por lo tanto estaban violando la “Ley Antimonopolio Sherman de 1890”.

UFCO estaba contra la pared y tenía que  demostrar que había otras compañías en el negocio que podían competir libremente en el mercado sin haber sido compradas ni haberse puesto de acuerdo en los precios.

Fue este un momento de suerte para Samuel Zemurray lo que siempre  había anhelado. Andrew Preston el presidente de UFCO con la idea que si Cuyamel demostraba que era completamente independiente, talvez las acusaciones de monopolio y la investigación de confabulación de precios se desvanecerían por lo que decidió venderle las acciones que UFCO poseía de esa compañía. Aunque después le costó mucho esfuerzo a Preston justificar ante una Comisión del Congreso sobre esta transacción de acciones.  Al final, el Departamento de Justicia no levantó ningún cargo en contra de UFCO pero logró el efecto deseado de crear un mercado competitivo y sin querer le aseguró a Sam la libertad y de ser un genuino contrincante.

Muchos años después cuando Sam era poderoso, los analistas hablaban del tremendo error de El Pulpo de subestimar un peligroso rival. No era desconocido para los ejecutivos de UFCO la genialidad de Zemurray desde que había comenzado en los muelles, pero en ese momento la decisión era si había que cortar  las piernas para salvar el cuerpo o liberar al bananero para salvar la United Fruit.

Tren cargado de fruta hacia los muelles.

Tren cargado de fruta hacia los muelles.

Para Sam, liberarse de UFCO significaba independencia y control además su asociación con El Pulpo solo le había dañado su reputación, porque un par de años atrás en Nicaragua los cultivadores de bananos boicotearon a UFCO e impedían  que sus barcos navegaran por los grandes ríos. Esta compañía logró superar ese problema usando los barcos de Cuyamel Co. En cambio los trabajadores que sufrieron la represión gubernamental  culpaban de su miseria a un nombre: Cuyamel; que era donde mostraban los barcos en sus costados  que se llevaban el producto de su trabajo. Esta  acción dañaba el nombre de Sam en un país donde había sido admirado como el  yerno del querido Jacob (Jake) Weinberger, The Parrot King (El Rey Loro). Sam nunca  olvidó esta lección y solía decir: “No importa cuántas bananas  se exporten, cuando se pierde la reputación, se pierde todo”.

Al cumplir los cuarenta años, Sam era un experto en el manejo del banano, había servido desde vendedor de fruta hasta ser jefe, conocía de muelles, de barcos, de bodegas y de ferrocarriles. Había  viajado todo Honduras a lomo de mula, no solo había lidiado con la fruta y dinero sino con mercenarios y hombres de gobierno, en fin, no había trabajo que él no pudiera hacer ni tarea que no pudiera desempeñar (Sam consideraba esto como el secreto de su éxito).

Zemurray era completamente ambicioso e innovador. Tan pronto como logró el control total de su compañía se dedicó a visitar constructoras de barcos para tener su propia flota y no depender de otras compañías para transportar su producto. Para 1915 ya había adquirido veinte barcos, entre ellos El Jamaica, El Lempira, El Omoa, El Maya, El augusta, etc. La mayoría de estos barcos eran de vapor, equipados con grúas cargadoras en   su cubierta, con cuartos refrigerados para mantener los bananos a una temperatura de 56 grados y pintados de blanco. En 1921, también  adquirió la flota completa de la compañía Bluefields de su suegro, con lo que en el puerto de Nueva Orleans se le empezó a llamar la pequeña fuerza naval, desplegado alrededor del mundo durante los años 1907-1909 con lo que el Presidente T. Roosevelt pretendía demostrar el potencial militar estadounidense y su capacidad oceánica.

También por este tiempo Sam mueve sus oficinas de Omoa a Puerto Cortés, aquí construyó un moderno muelle con más de  un cuarto de milla de largo dentro del mar. Su compañía continuó creciendo aceleradamente adquiriendo más tierras en Honduras, como también en Nicaragua y México. Siguiendo el ejemplo de UFCO, también  comenzó a diversificar e invertir en otros productos tales como caña de azúcar, piñas, cocos, palma africana, ganado y madera; con la idea que todos estos productos serían una especie de seguro contra los huracanes o las sequías.

Cargando en el muelle.

Cargando en el muelle.

Por ejemplo el azúcar  es un producto que se vende en cantidades sin importar la economía y fue la que salvó a Cuyamel durante la Primera Guerra Mundial, cuando todos sus barcos fueron obligados a servir en la Fuerza Naval Norteamericana.

Después de la guerra Sam se dedicó a trabajar con ahínco. Minor Keith el VP de UFCO nunca subestimó a Sam Zemurray porque eran iguales en el aspecto de ser líderes en sus negocios, trabajadores de hombro a hombro, camaradas  con sus empleados, con cuellos quemados por el sol, acostumbrados a llevar las mangas de sus camisas arremangadas.  Estos hombres fueron a la jungla sin nada y salieron millonarios. El negocio del banano era respetable en el Norte pero difícil y sin ley  en el Sur.´

Cuyamel Co. como las otras compañías de su época fue construida mediante sobornos, amenazas fanfarronadas, siempre daban a entender sin decirlo que la Naval Americana los apoyaría al solicitarla, demostración de poder al tomarse fotos con funcionarios de los gobiernos, siempre insinuando que sus tratos eran apoyados por alguien superior.

Es difícil pensar en donde ubicar a Samuel Zemurray a través de la historia del istmo. ¿Era un conquistador que vino a arrasar y después se instaló como aristócrata? ¿Era un pirata que vino a saquear la jungla del nuevo mundo o simplemente era un yanqui de negocios construyendo una compañía multinacional en todos lados y en ninguno cuyo único pecado era el pecado del capitalismo?

Según el autor, Sam era una figura transicional, un puente entre el mundo de privacidad y las altas finanzas. Cuyamel Co. no era una compañía sin cara y la personalidad era en ambos casos la de Sam, sus logros,  sus triunfos y sus fracasos, todos fueron logrados a pura voluntad humana. Es por esto que esta compañía era menos pecadora en comparación con las otras compañías bananeras y a diferencia de los otros jefes, Sam vivía en la jungla con sus trabajadores, hablaba su idioma, sabía lo que querían y lo que los atemorizaba y como le gustaba decir: “Ustedes están allá, nosotros estamos aquí” porque era una persona con la cual se podía hacer algún trato, odiado y querido pero sobre todo respetado, por eso los trabajadores lo seguían como su protección en contra del pulpo.

Cada decisión era hecha con confianza y autoridad, él podía moverse donde quisiera sin solicitar permiso ni esperar reunión de junta, podía tomar riesgos sin miedo de perder su trabajo, podía contratar y despedir porque conocía la necesidad de cerca ya que vivía en Honduras. Era el   fundador y siempre estaba dedicado al trabajo,  apegado al crecimiento y al progreso, sembrando mediante prueba y error para mejorar. Siempre listo para arriesgarlo todo, siempre inventando, innovó la siembra y el cultivo, pudiendo verse los buenos resultados  en sus plantaciones con grandes racimos de dedos gruesos, nunca vistos antes. Es por eso y mucho más que todavía en Honduras lo recuerdan con mucho afecto.

Llevando fruta a los barcos.

Llevando fruta a los barcos.

En cambio UFCO era una compañía sin cara a tal grado que atemorizaba, era un conglomerado, una colección de compañías compradas y hechas un solo bulto. Abundaba la redundancia, duplicación de tareas, rivalidades en las divisiones, confusión en la cadena de mando.  Los ejecutivos actuales habían heredado de los fundadores y su interés era más de preservación que de riesgo.

Para 1925 Zemurray había pagado todas sus deudas con lo cual su empresa era libre. Había invertido todas sus ganancias en el negocio por lo que hacía de Cuyamel Co. una estrella en ascenso y era la primera compañía que desafiaba a UFCO en una  generación. Cuando se habla  de volumen y repartición del mercado, UFCO era  dominante como siempre. Cuyamel cosechaba 8 millones de racimos,  UFCO  cosechaba 40 millones, Cuyamel empleaba 10,000 trabajadores,  UFCO 150,000, Cuyamel tenía como capital de trabajo tres millones de dólares, UFCO veintisiete millones.

Aunque no aparezcan en un balance de auditoría, no todo era acerca de números; en Cuyamel estaba la ventaja de la ganancia marginal, la eficiencia del manejo del negocio, la moral y la habilidad de los empleados. Samuel Zemurray había desarrollado mucho mejor el negocio y sus acciones en el mercado subían, en cambio las  de UFCO bajaban.

Frases:

“Una mula cuesta más  que un diputado”; frase que se le atribuye a Zemurray, dichas en Nicaragua, aunque él siempre negó haberlas pronunciado.

“Jake, quiero que te salgas del negocio del banano y te voy a pagar muy bien por ello; de lo contrario voy a bajar mis precios de tal manera que quedarás arruinado”. Palabras a su suegro, quien después de su retiro volvió y vendía bananas en Nueva Orleans procedentes de Nicaragua a más bajo precio que Cuyamel Co.

“Al diablo con ello, me estoy divirtiendo demasiado y  estoy joven, ¿por qué debería retirarme? Contestación al enviado de Víctor Cutter, presidente de UFCO, que ofreció comprar Cuyamel Co. en 1925. Aplicando la política de comprar o destruir la competencia.

Tomado y traducido del Libro: “The fish that ate the whale, Life and times of America´s author Rich Cohen, 2012 (páginas 100-108).