Lea Honduras

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LAS FUERZAS EXPEDICIONARIAS DE HONDURAS

28 Septiembre 2014

 

Darío González C.

Con íntima complacencia manifestamos que nuestro encuentro con el connotado historiador salvadoreño Carlos Pérez Pineda, fue a través de su documentado libro “La Guerra Centroamericana Contra los Filibusteros 1856-1857”, publicada por la Secretaría de Cultura de la presidencia de El Salvador (9 de mayo del 2014), donde expone en relieve la importancia que tuvo la participación de las fuerzas militares de estados como Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica, en la guerra contra los Filibusteros americanos en Nicaragua.

Al igual que sus vecinos, Honduras no disponía de un ejército profesional al servicio del Estado. El ejército hondureño era una fuerza irregular, dominada por caudillos que servía en primer lugar a sus propias redes de patronazgo, y solo en segundo lugar, al Estado central ocasionalmente. Las fuerzas militares de origen miliciano movilizadas por el Estado en momentos de crisis se caracterizaban por contar con jefes y oficiales sin instrucción militar, muchos de ellos 

analfabetos, reclutas renuentes, mal armados y pobremente entrenados en tácticas militares anticuadas.De las fuerzas expedicionarias de Honduras en explícito preámbulo reseña: La accidentada topografía de Honduras combinada con la ausencia de vías de comunicación adecuadas y una baja densidad demográfica, hacía particularmente difícil para los gobernantes la recolección de impuestos y el reclutamiento con propósitos militares. Las comunidades, casi ermitañas, de las tierras altas permanecieron relativamente aisladas del mundo exterior, durante la mayor parte del siglo XIX y los pobladores de dichas comunidades eran renuentes a permitir la injerencia del Estado en sus asuntos.

Algunas de estas tropas adquirieron sin embargo una feroz reputación en las frecuentes acciones de armas de la década de 1840, distinguiéndose de manea especial los famosos “Pericos” del general Santos Guardiola, soldados del departamento de Gracias, así llamados por su vestidura color verde esmeralda. El prestigio de José Santos Guardiola Bustillo, como caudillo militar creció al frente de sus “Pericos”, infantería ligera muy agresiva y capaz de realizar rápidas marchas sigilosas a través de terreno difícil, con los que Guardiola sorprendía frecuentemente a sus enemigos, tal como sucedió en el combate del Obrajuelo el 15 de agosto de 1845, en donde sufrió sin embargo una sensible derrota a manos de los salvadoreños bajo el mando del general Nicolás Angulo, y también en el exitoso ataque a la Unión, el 27 de agosto del mismo año.

Los “Pericos” gracianos de Guardiola tenían fama de temibles por el arrojo que siempre mostraba en los combates; había sido adiestrado para el combate personalmente por su legendario jefe y participaron en el sitio de León en 1844-1845, los Pericos también tuvieron una participación destacada en la derrota de una fuerza militar expedicionaria Leonesa al mando del Brigadier Valladares en Choluteca, el año de 1844. Los Pericos gracianos integraron por lo menos la mitad de la fuerza de 800 soldados que, a marcha forzada, llegó a Comayagua y derrotó al general José Trinidad Cabañas.

El General Francisco Ferrera, había llevado a cabo cierta labor de organización de la fuerza militar del Estado, la ley del 19 de julio de 1841 estableció el tamaño de las fuerzas de las guarniciones más importantes de Honduras, de la manera siguiente: La guarnición de la capital debía de contar con 100 hombres reclutados en el departamento de Choluteca y Tegucigalpa, exceptuando a los hombres de Comayagua, el fuerte de Omoa sería guarnecido por 50 reclutas de Santa Bárbara y Gracias. La guarnición de Trujillo estaría constituida por 50 hombres reclutados en Yoro y Olancho, mientras que Tegucigalpa estaría guarnecida por 50 hombres reclutados en el mismo departamento.

General Florencio Xatruch

General Florencio Xatruch

De acuerdo con el viajero alemán Carl Scherzer, que visitó el país en 1854 manifestaba que el ejército permanente de Honduras no excedía de 1500 hombres de infantería y artillería, ya que la escabrosa topografía de las tierras altas del país en donde se encontraba la mayoría de la población no favorecía el uso de la caballería, los hondureños y también los hombres de los otros estados centroamericanos, no fueron considerados como buenos soldados por los escasos visitantes europeos y americanos que como el Dr. Scherzer se aventuraron dentro del país en momentos de violenta turbulencia política.

En tales momentos, era frecuente que muchos hombres en edad para portar un arma, abandonaran sus hogares y se escondieran durante meses, en los bosques para escapar del aborrecido reclutamiento militar. Scherzer describió la apariencia del soldado hondureño de esa época, quien anda generalmente descalzo y su uniforme consiste en un par de pantalones de lino, una chaqueta corta blanca o azul y un sombrero de paja o de cartón y si no fuera por su mosquete y su cartuchera sería imposible adivinar su profesión marcial. Los soldados de Honduras son sin embargo hombres duros y son capaces de hacer marchas diarias de 24 a 30 millas, los oficiales son de una apariencia más respetable, visten una especie de uniforme y no carecen de calzado, la mayoría van montados; no obstante, su apariencia dista mucho de nuestra nación europea de un oficial militar.

William V. Wells en su visita a Tegucigalpa (1854) describe lo siguiente: La mayoría de los soldados son hombres fuertes, visten un sencillo uniforme de dril blanco, con rayas rojas en los pantalones. Todos los que vi en esta ocasión estaban descalzos, algunos se hallaban durmiendo en rústicas bancas de madera en el patio, otros jugaban, bebían, o compraban una especie de dulces de panela y coco a una vieja que los llevaba en una canasta.

Se levantaron y corrieron a presentar armas cuando entró el viejo General Cabañas. En un cuarto interior vimos alrededor 40 mosquetas, la mayoría de deshecho, varias cajas de parke y una vieja pieza de artillería calibre 3 pulgadas y montada en una cureña, de pesadas ruedas, concluye Wells que con orgullo se le mostró un obus de los seis vendidos al gobierno por la compañía del ferrocarril y unos pocos rifles.

Ninguna de estas armas había sido usada en las batallas del país, porque solo había un hombre en el ejército que sabía el uso de la artillería.

Al finalizar este descriptivo apuntamiento, hacemos nuestras las frases del investigador Carlos Pérez Pineda quien afirma que ojalá se motive el interés de los historiadores que eventualmente desean profundizar aspectos particulares, de este fascinante tema tan desconocido en ciertos sectores del entorno centroamericano.

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