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La elección y reelección de Luis Bográn

21 Septiembre 2014

 

César Lagos

El 27 de agosto de 1876 se inauguró en el Puerto de Amapala el gobierno del doctor Marco Aurelio Soto, llegaba enviado por el Presidente de Guatemala, Justo Rufino Barrios, que pretendía ejercer dominación en Centroamérica; pero se presentaba como pacificador de la horrorosa guerra civil que desataba entonces al país y el pueblo hondureño lo aceptó con gran satisfacción. Se restableció la paz; organizó el Doctor Soto la administración y gobernó varios años tranquilo; mas el General Barrios no estaba satisfecho con la influencia que ejercía; deseaba gobernar del todo a Centro América, y tomando de pretexto la hermosa bandera de la Unión Nacional, invitó al doctor Soto a adherirse a un pacto que le presentaron los señores Dr. Salvador Gallegos y don Delfino Sánchez, Ministros Plenipotenciarios de El Salvador y Guatemala.

foto2El Dr. Soto era sincero partidario de la Unión, pero la deseaba en condiciones honrosas y convenientes para los Estados. Discutió con los señores Gallegos y Sánchez el pacto y lo suscribió con algunas reformas. Estas desagradaron mucho al General Barrios y calificó de ingrato al Dr. Soto. Se propuso derrocarlo, en el mismo derecho que lo había elevado y situó en Chiquimula un ejército para invadir el territorio hondureño. No había motivo ostensible para la guerra. Pero el enojo de Barrios era razón bastante para que corriera en abundancia la sangre de dos pueblos. Ni los  guatemaltecos ni los hondureños la deseaban, no sabían siquiera porque iban a batirse; no importaba. Los pueblos deben matarse y se matan por las ambiciones o los caprichos de los que aceptan como amos.

El Doctor Soto podías contar con el auxilio de los Presidentes de Costa Rica y Nicaragua, pero Barrios podía obtenerlo del Presidente de El Salvador y en ese caso la guerra hubiera sido siempre desventajosa para Honduras. No quiso el doctor Soto causar sacrificios inmensos a su patria y determinó evitar la guerra retirándose del poder. Depositó la Presidencia el 9 de Mayo de 1883, aparentemente en el Consejo de Ministros, realmente en el General Enrique Gutiérrez, y salió del país con el pretexto de ir a Estados Unidos y Europa a curarse de una enfermedad que padecía.

Dejó el Dr. Soto organizado el gobierno así: General enrique Gutiérrez, Ministro de la Guerra, Relaciones Exteriores y Fomento; General Luis Bográn, de Gobernación, Justicia e Instrucción Pública; Dr. Rafael Alvarado Manzano, de Hacienda.

El General Barrios se contentó con el depósito y suspendió sus aprestos bélicos; pero exigió que no volviese el Dr. Soto al poder. Fue preciso pedir a este que enviara su renuncia y la envió el 27 de agosto del mismo año desde San Francisco de California.

El General Enrique Gutiérrez, que tenía el poder, habría sido electo presidente al admitirse la renuncia del Doctor Soto. Por desgracia adolecía de una enfermedad crónica que se le hizo grave de repente murió el 13 de Septiembre (algunos creen que murió envenenado) quedó el poder al General Luis Bográn, Ministro de Gobernación, y cuando se practicaron las elecciones en virtud de convocatoria de 19 de Octubre, día en que se declaró aceptada la renuncia del Doctor Soto, fue electo el General Bográn. Se le dio posesión el 30 de Noviembre, y en esa fecha comenzó el período constitucional, que debía principiar el primero de febrero.

El Dr. Soto, hombre ilustrado, verdadero estadista, había hecho progresar la nación. Extirpó la anarquía que fomentaban los maquiavélicos gobernantes de Guatemala y El Salvador, aumentó la Hacienda Pública; mejoró el correo, creó el telégrafo, abrió carreteras; organizó El Ejercito, estableció la legislación patria, derogando las antiguas leyes españolas, que por indiferentismo e ignorancia se conservaban; separó el Estado de la Iglesia; difundió y ensanchó la Instrucción pública; fomentó las bellas letras, protegió la agricultura; pero no permitió que se practicase ninguna de las libertades públicas y su separación del poder fue vista con gusto por todos los ciudadanos que aspiraban a ejercer sus derechos. A Bográn se le creía honrado y patriota y el pueblo lo aceptó sin desagrado.

En los primeros años de su gobierno, en verdad, demostró Bográn buenos propósitos. Antes de dictar alguna resolución, consultaba con sus Ministros, y si ningún le hacía observaciones  no quedaba satisfecho. Oyósele decir: Desconfío de las unanimidades: cuando en casos graves mis Ministros están todos absolutamente de acuerdo conmigo, sin encontrar, según dicen, la más ligera objeción que hacerme, dudo de su sinceridad”. Pero con la conducta débil que observaba y los malos consejos de los que le rodeaban, se extravió hasta caer en graves actos de despotismo. Sin embargo n cortó en absoluto la libertad de imprenta ni la de asociación, ni se propuso perpetuarse en el poder.

El 30 de Noviembre de 1887 terminaba el período presidencial de Bográn. Con tiempo debía tratarse de los candidatos para la elección del que debía gobernar en el período siguiente; faltaba menos de un año y nadie se atrevía a iniciar trabajos a favor de ninguno. Los ciudadanos permanecían perplejos y mudos, como sucede siempre en países donde el pueblo jamás ha ejercido sus derechos.
¡Triste condición la de los pueblos esclavos! Aunque se trate de sus más grandes intereses, todos los ciudadanos callan, ninguno tiene ánimo para expresar sus deseos. Piensan que si los expresan será inútilmente porque se hará lo que disponga el que tiene la fuerza. Creen que la fuerza la tiene el gobernante en todo caso, cuando en realidad, si la tiene para oprimir es por la complicidad de unos y por la tolerancia de  la generalidad que padece. Se imaginan que al ejercer su derecho solo experimentaran dolor, y el dolor espanta a toda alma esclava; en la opresión ha perdido la fe, ha perdido la voluntad, ha perdido la dignidad, y no puede ya sentir la virtud del martirio por la cusa del derecho. Así, no era extraño que ninguno se atreviera a abrir la campaña electoral.

La Constitución permití la reelección. Bográn deseaba continuar en el poder, como lo desean todos, y más si lo tienen absoluto, pero no quería imponerse descaradamente. Tenía conciencia de no haber sido un tirano, comprendía que no era generalmente odiado, suponía que sería reelecto aún sin ejecutar presión, y como no se abrían los trabajos electorales esperando los ciudadanos como súbditos que él manifestara su voluntad, convocó una junta de varios hombres  prominentes, y reunidos el siete de enero les dijo: Deseo se proceda a elegir mi sucesor con libertad. Bien sé que la Constitución permite que me reelijan, saben todos que queriendo podría hacerme reelegir; pero lo creo inconveniente para el país sobre todo deseo dar un ejemplo que ningún gobernante se atreverá después a contrariar; y quedará definitivamente implantado en Honduras el principio de alternabilidad. No había en sus palabras sinceridad, como se vio a continuación; pero se  daba lugar al derecho y esto era algo en donde el pueblo jamás lo había ejercido. Algunos aplaudieron los propósitos que Bográn manifestaba, otros por interés del momento, clamaron pidiendo la reelección. Se tomaron los votos y por mayoría quedó resuelta la reelección, no obstante ser mala, como el mismo Bográn lo declaraba. En consecuencia se presentó su candidatura.

Duele ver como proceden en países oprimidos los hombres políticos en momentos de suprema importancia que deciden la suerte de la patria. Muy pocos reflexionan sobre lo que interesa o perjudica a la nación; casi todos cegados por el egoísmo trabajan solo por lo que creen su gran interés. Bográn manifestaba en la junta que quería la alternabilidad porque era lo conveniente para el  país; más en su interior anhelaba ser reelecto. Sus amigos y empleados lo comprendieron y secundaron no las palabras sino los íntimos deseos. Esta es siempre la conducta cortesana. Los que apoyan al poderoso tienen como necesidad el complacerlo;  las almas débiles no pueden si no estar de rodillas. Abdicar la propia voluntad, contribuir al despotismo, atraer para sí y los demás las desgracias, es secundario; satisfacer su abyección, calmar el hambre del momento con el mendrugo del presupuesto, es lo indispensable. ¿Después?… si lo han estado antes y han podido vivir ¿Qué importa continuar esclavizados? La reelección era la continuidad de los gobiernos de hecho; un sarcasmo a la soberanía de la nación; sin embargo la acordaron los cortesanos de Bográn.

Continuará…

Fuente: Ensayo sobre la Historia contemporánea de Honduras, César Lagos, Tipografía La Unión, San Salvador 1908. Páginas 17-21.