Lea Honduras

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente

Manuel de Adalid y Gamero y sus esbozos sobre el pasado de Danlí

21 Septiembre 2014

 

Lic. Julio José Sevilla G.

Cuando los reformadores liberales hondureños del último cuarto del siglo XIX se propusieron establecer un Estado-Nación bajo los esquemas del liberalismo positivista, prestaron bastante atención en crear una identidad nacional que diera un marco de referencia a sus ciudadanos. Para este fin, se crea el Archivo Nacional y se elabora una historia patria con la que también se busca crear un panteón de héroes nacionales como José Cecilio del Valle, Dionisio de Herrera y Francisco Morazán.

El proceso con el que se trató de recuperar el pasado para crear una conciencia histórica a sus ciudadanos también se dio en el ámbito local, y los primeros intentos de establecer el origen de Danlí pueden rastrear en los aportes de Antonio R. Vallejo en su “primer anuario estadístico, correspondiente al año de 1889”.

Según Vallejo, el año posible del asentamiento de los primeros pobladores danlidenses data aproximadamente de 1671 y lo constata a través de una solicitud que presentó don Diego, doña Ana y doña Juana de Cárcamo, viudas y vecinas del Real de Minas de Tegucigalpa, al alcalde mayor don Diego de Aguileta. En dicha solicitud, la familia Cárcamo afirmaba que en el valle de Cuscateca era propietaria de varias haciendas trabajadas por mulatos. También legitimaban sus propiedades al haber sido heredadas de sus abuelos, los cuales habían sido los primeros conquistadores y pobladores del valle, agregando que sus haciendas abastecían al Real de Minas de Tegucigalpa1.

Con la emisión del primer número del semanario “El Piloto” en 1899, se comienzan a hacer pequeños intentos para reconstruir el pasado de Danlí por parte de Manuel de Adalid y Gamero con el artículo “una ojeada a nuestro pasado” en el que afirmaba que los primeros pobladores del valle de Jamastrán durante la época precolombina habían sido tribus de indígenas procedentes de México que se habían asentado alrededor del siglo XI D.C.

El artículo de Manuel de Adalid Gamero establece como fecha de fundación de Danlí el año de 1744 y a partir de ese momento se dio un período floreciente para los productores agrícolas y ganaderos. En 1817 se inauguraba el templo dedicado a la Inmaculada Concepción y el primer ayuntamiento fue electo en 1813, siguiéndole el segundo celebrado en 1820 en el que resultó electo el señor Vicente Ferrer Idiáquez.

En el año de 1943, Manuel de Adalid y Gamero continúa con su intento de reconstruir el pasado danlidense y publica en la “Revista del Archivo y Biblioteca Nacional” un artículo titulado “Danlí” en el que hace un intento de esclarecer sus orígenes, atribuyéndoselos a conquistadores procedentes de Nicaragua que desplazaron a los indígenas Tuaks que habitaban en el valle. El asentamiento español prosperó debido a su riqueza agrícola hasta convertirse en cabecera de partido durante la primera mitad del siglo XVIII2.

Lo interesante del escrito de Adalid y Gamero es que durante esta reflexión histórica se denota cierto sentimiento localista, ya que haciendo una retrospectiva de los procesos productivos con los que ha contado Danlí; llega a afirmar que durante el régimen colonial se disfrutó de un ambiente de estabilidad y prosperidad, comparado con el período posterior a la independencia y sus constantes montoneras que provocaron ruina económica a los ganaderos, por lo que considera de que “gracias a su clima y a su riqueza natural, Danlí habría prosperado más si estuviera en otro país que no fuera la turbulenta Honduras”3.

Finalmente, desde estas retrospectivas, Manuel de Adalid y Gamero probablemente trató de demostrar de manera sintética que el progreso de Danlí se encuentra en la producción agrícola e identificar cuáles fueron las causas que provocaron su atraso social y económico.

Es indudable que a pesar de algunos errores contextuales e interpretativos junto con las limitaciones metodológicas con las que tuvo que lidiar de Adalid y Gamero, este aporte a la historiografía danlindense debe de tomarse como un intento de articular una historia local que fomentará sentimientos de identidad y conciencia histórica. A Manuel de Adalid y Gamero le sucedieron historiadores danlidenses como Luis Hernán Sevilla, Darío González y Carlos Molina, que han brindado valiosos aportes en continuar con lo iniciado durante finales del siglo XIX: construir la historia de Danlí.