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Situación de Härtling durante los años de la Primera Guerra Mundial

10 Agosto 2014

 

Jubal Valerio

Aún cuando nos ha sido imposible encontrar evidencias documentales sobre la situación de Don Carlos Härtling, durante el tiempo que duró la Primera Guerra Mundial, del análisis de la correspondencia y documentación oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Honduras, correspondiente a los años 1914 a 1920, y la información obtenida en fuentes orales, hemos hecho las siguientes deducciones:

2. A algunos ciudadanos alemanes residentes en Honduras, se les dispensaron consideraciones especiales durante el conflicto. En el artículo intitulado “Progreso… y Decadencia de una Ciudad”, publicado bajo la autoría del señor Carlos Vigil en el suplemento cultural (“Día 7”) del Diario LA TRIBUNAcorrespondiente al sábado 7 de agosto de 1993, se hace referencia a la familia Sierke, residente en la ciudad de Choluteca y en uno de sus párrafos 

se afirma lo siguiente: “Por este tiempo estalló la gran guerra europea, nadie persiguió a los hermanos Sierke, nadie los hostigó; y ellos siguieron al frente de sus negocios, cooperando tranquilamente al progreso de la ciudad que los recibió con cariño”.1. Fuertes presiones diplomáticas fueron realizadas por el Gobierno de los Estados Unidos sobre el de Honduras, para que se ejerciera un estricto control de las personas de los alemanes residentes en Honduras y sus bienes, los que eran considerados como enemigos.

3. En el caso de Don Carlos Härtling si hubo hostigamiento. En la reseña biográfica existente en el Archivo Nacional de Honduras, cuando se hace referencia al trabajo desempeñado por el maestro como Director de la Banda Nacional se lee que “sirvió esos puestos a entera satisfacción de todos, por espacio de 19 años consecutivos y dejó el puesto sin terminar su última contrata por causa de la Guerra Europea, pues Honduras fue de los países aliados y él, aunque amaba a Honduras, le parecía indecoroso cambiar de nacionalidad. Esta causa fue la que impidiera al Estado, hacer efectivos los emolumentos del artista por el trabajo hasta entonces desempeñado. (El subrayado es nuestro).

En conversaciones sostenidas por el autor de este Ensayo Biográfico con descendientes de Don Carlos Härtling, se me ha dicho que él “se vio obligado a mal vender sus propiedades: una casa en el Barrio Buenos Aires de Tegucigalpa, que se conocía con el nombre de ´Casa Berlín´ y un predio rural ubicado en los alrededores del municipio de Guaymaca”.

Lo curioso de todo esto, es que cuando seemite el Decreto Presidencial del 15 de noviembre de 1915, por el cual se declaró como Himno Nacional de Honduras “al de la letra de Don Augusto C. Coello y la música de Don Carlos Härtling”, éste ya se había retirado a su propiedad de Guaymaca, para dedicarse a las labores de la agricultura.

En el ensayo sobre el Himno Nacional de Honduras, escrito por Doña Guadalupe Ferrari de Härtling el 13 de agosto de 1934 y publicado en la revista del Archivo y Biblioteca Nacionales, la autora afirma que: “Ya en esta fecha (15 de Noviembre de 1915) mi marido había dejado de ser Director de la Banda de los Altos Poderes y se encontraba dedicado a la agricultura en una pequeña propiedad cerca del pintoresco pueblo de Guaymaca, y es allí, donde leyó en la prensa de la capital la resolución tomada por el señor Presidente Doctor don Alberto Membreño”. Al llegar a este punto, no puedo menos que expresar mi extrañeza sobre tan singular situación.

Me surgen las siguientes interrogantes: ¿Cómo es que en 1915, cuando Honduras todavía se mantenía en situación de neutralidad con respecto al conflicto Europeo, se despoja al maestro Carlos Härtling de su cargo de Director de la Banda de los Altos Poderes: (o sea le obligaba a abandonarlo) por causa de su nacionalidad alemana?

Fotografía de la familia Härtling en su casa de habitación en Tegucigalpa.

Fotografía de la familia Härtling en su casa de habitación en Tegucigalpa.

¿Si el anterior fuera un motivo valedero para actuar en esa forma, bajo qué circunstancias o causa legales se dejó de para al Maestro Härtling sus emolumentos devengados hasta el momento de cancelación de la contrata establecida entre el mismo y el Estado de Honduras, cuando en la cláusula No. 12 de dicha contrata se indica que: “El Ministro de la Guerra queda en libertad, por sí o por su agente autorizado, a retirar al referido Carlos Härtling de su empleo en cualquier tiempo durante el término de tres años; pero en caso de que sea destituido no por causa de incapacidad o conducta incorrecta, el referido Carlos Härtling será provisto de un pasaje de primera clase para su regreso a Hamburgo; también se le pagarán sus gastos de viaje y además el valor de tres mensualidades de su sueldo”. (El subrayado es nuestro).

El Código Civil de 1906, todavía en vigencia en nuestros días, establece en su artículo 1349 que “las obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes, y deben cumplirse al tenor de los mismos”. El artículo 1546 del referido Código indica que “los contratos deben efectuarse de buena fe, y por consiguiente obligan no sólo a lo que en ellos se expresa sino a todas las cosas que emanan precisamente de la naturaleza de la obligación, o que por la ley o la costumbre pertenecen a ella” y el artículo 1548 que “la validez y el cumplimiento de los contratos no puede dejarse al arbitrio de uno de los contratantes” (12).

La Constitución política que regía en aquel entonces en Honduras era la de 1894, la que en el Título Quinto correspondiente a “Derechos y Garantías” establecía en su artículo 26 lo siguiente: “La Constitución garantiza a todos los habitantes de Honduras, sean nacionales o extranjeros, la inviolabilidad de la vida humana, la seguridad individual, la libertad, la igualdad y la propiedad” (13). Nuestra historia y, en particular la de nuestro desarrollo cultural, está plagada de ejemplos de egoísmo y pequeñez espiritual. Cuando algunas personas de nacionalidad extranjera han venido a nuestro país y han aportado sus conocimientos para establecer o consolidar valiosas instituciones en el campo del arte y la cultura, apenas comienzan a verse los frutos de su trabajo, surgen las acciones nocivas de algunos “artistas” del patio, que poseyendo supuestamente la suficiente formación profesional, no han sido capaces de tomarla iniciativa para impulsar y organizar las instituciones artísticas, que elementos de otros países han cimentado con éxito.

Incluso, muchos de estos ciudadanos, se han beneficiado de las enseñanzas de esas personas provenientes de otros países, pero en la primera oportunidad han propiciado un ambiente de hostilidad que desgraciadamente, no solo han provocado la salida del país del elemento foráneo sino también en muchos casos, el estancamiento desaparición de las instituciones que aquél ha contribuido a establecer.

La música del Himno Nacional cumple este año 90 de haber sido compuesta y, el año próximo, 80 de habérsele declarado oficialmente como tal.

En 1996, se cumplirá un siglo de la fundación de la Banda de los Supremos Poderes, ambas instituciones son el producto del trabajo y la inspiración del artista alemán don Caros Härtling, a quien la incomprensión y el egoísmo extrañaron del suelo hondureño. Ojalá, para entonces, se realicen eventos de alta resonancia nacional e internacional, que exalten la vida y obra de este insigne varón y pongan de relieve el agradecimiento del pueblo y el Estado de Honduras, por su valiosa contribución al desarrollo de nuestra cultura y espíritu cívico.