20 Julio 2014
DARÍO GONZÁLEZ C.
Danlí finisecular se había convertido en una de las ciudades más prósperas e importantes de la zona oriental del país, contaba con una bonancible relación comercial con empresarios alemanes, radicados en el puerto de Amapala y se publicaban dos prestigiados semanarios “El Piloto” dirigido por el Maestro Pedro Nufio y “El Diablo” anticlerical conducido por el joven Ismael Gamero Cárcamo, nos satisface conservar en nuestra modesta hemeroteca, la colección completa del semanario que imprimía el tipógrafo Nicolás Toledo, quien después de una larga jornada cerró definitivamente sus páginas en 1903.
Al consultar el material hemerográfico nos embarga la satisfacción de ser partícipes de la salvaguarda y difusión del patrimonio escrito en nuestro departamento de El Paraíso. Con alborozo se recuerda que Manuel de Adalid y Gamero como redactor del citado rotativo, escribió un sinnúmero de artículos sonde luce su estilo y la forma de exponer las noticias sin obviar aspectos de la vida cotidiana unas veces, y otras como afirmaba Cáceres Lara combatiendo males y vicios pueblerinos.
El 10 de julio de 1899, publica una veraz relación acerca de las costumbres de la entonces Villa de Danlí, en las postrimerías del siglo XVIII, el artículo en referencia expresaba lo siguiente: Los habitantes de Danlí a fines del siglo pasado, llevaban una existencia más natural que la nuestra, de ahí que fueron más sanos de cuerpo y espíritu que nosotros, las gallinas señalaban la hora de irse a la cama por la noche, y el canto de los gallos a la madrugada indicaba la hora de levantarse, todavía han quedado algunos viejos que se acuestan con las gallinas, después de las oraciones y abluciones matinales, aquellas buenas gentes tomaban el desayuno, que consistía generalmente en una jícara de chocolate, asentada en una mancerina, muy aseadita, sendas tajadas de plátano maduro, haciendo orla a la mancerina por vía de condimento al plátano, unas cuatro onzas de rico queso, a las ocho de la mañana poco más o menos tomaban un entremés, almorzaban al mediodía, cenaban a las cuatro de la tarde y tomaban una humeante taza de café a la primera noche, es decir que todos estos actos eran precedidos de oraciones, dormían diez horas por la noche y una o dos horas de siesta por la tarde, el resto de tiempo lo empleaba en rezar, en comer, en algunas distracciones honestas como la esgrima, el juego de pelota, el baile, etc., y aún en negocios temporales.
El vestido de nuestros abuelos consistía ordinariamente en chaqueta y pantalones del algodón, calzoncillos y calcetines de lo mismo, tejidos por sus señoras y zapatos de cordobán, únicamente los días solemnes gastaban los gamonales, chaquetas y pantalones de paño de San Fernando y como abrigo, capa o esclavina de este famoso género, respecto al traje de nuestras abuelas solo sé que usaban de seda, con menos parsimonia que sus nietas, tanto como superaron a estas en inocencia y candor, ahora las nieblas del invierno, han arremolinado, sobre la calva del San Cristóbal, un gorro blanco y con ese gorro parece sonreírnos maliciosamente, sin duda el viejo monte hace comparaciones entre los danlideños de hace cien años y los danlideños de hoy.
¡Todo ha cambiado de una manera radical, el niño de escuela que con la cartilla y el catón cristiano bajo el brazo, iba a recibir palmeta de un maestro feroz, ha cedido el puesto al estudiante festivo que, con un tratado de Ciencias Naturales en el bolsillo, aprende de su profesor las leyes que gobiernan el universo.
También se recuerda la pudorosa doncella que con sus padres le destinaba para marido, lo ha sustituido la joven ansiosa y resuelta que se cartea por el correo nacional con el amante ausente.
En vez del temido mozalbete que para cumplir con las obligaciones que la naturaleza impone al sexo, tomaba esposo ante Dios, está el caballero decidido que piensa como Sain Just que todos los que se aman son esposos.
Desapareció la contradanza española, el zapateado de Cádiz, la cachucha y la jota aragonesa, que bailaban nuestros abuelos al son de violines, castañuelas y guitarras y hoy la mazuca, la polka francesa y el vals hacen las delicias de nuestras bellas mujeres que se mecen y agitan al compás de los brillantes acordes del instrumental moderno.
En su artículo “Pobres Propietarios” comentaba: Que una hacendada danlideña cuyo nombre omitía por razones obvias en una de las tantas montoneras del Siglo XIX, había recibido un oficio, enviado por un jefe de un destacamento gobiernista y cuyo texto expresaba: Estimada señora: de la manera más respetuosa nos permitimos solicitarle nos proporcione ocho bestias de carga y seis novillos, que se han de asignar para el sostenimiento de la guarnición militar, al no cumplir con el pedimento solicitado, nos veremos obligados a tomarlos de su hacienda y considerarla ipsofacto subversiva y enemiga del gobierno, se le advierte que no se admitirán bestias enclenques ni novillos flacuchos, en caso de incurrir en desobediencia nos veremos forzados a ordenar su captura, ponerle el aparejo y trasladar en su lomo el tren de guerra, que servirá al regimiento de Yuscarán.
Esta situación será para usted muy desagradable, por lo que acudimos a su benevolencia, a fin de ahorrar disgustos que al no cumplir con lo ordenado pudiera acarrearle consecuencias desagradables, le reiteramos nuestra consideración y aprecio, apareciendo un hermoso sello y un garabato como firma del jefe militar. Y digan ustedes finalizaba don Manuel de Adalid Gamero, si no es cierto que en todas las épocas se cuecen habas.
Para finalizar nuestra investigación histórica manifestamos que nuestro seminario “El Piloto” en su variada visión de conjunto publicaba artículos de nuestra talentosa novelista Lucila Gamero de Medina, Pedro Nufio, Octaviano Gallardo, J. Tomás Idiáquez e Ismael Gamero Cárcamo y otros destacados escritores del entorno centroamericano.
Así era Danlí, en aquella lejana época y seguimos guardando la esperanza que en la sucesión venidera continuará proyectando su progreso para bienestar y prosperidad de nuestra querida Honduras.
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