13 Julio 2014
Juan Ramón Martínez
En el año 1951, por medio de un telegrama enviado desde Trujillo Colon, fechado el 29 de mayo de ese año; y dirigido al Secretario de la Corte de la Corte Suprema de Justicia, le comunica “que hoy fui agredido en forma premeditada y alevosa por el Comandante de Armas Carlos Sanabria, quien pistola en mano en la Comandancia y rodeado de sus oficiales, se me abalanzo como fiera, infiriéndome terciazos, causándome varias lesiones. Pueblo indignado desaprueba conducta criminal y continua de dicho funcionario. Ruégole dar sus órdenes evitar desgracias. Ya es intolerable proceder indigno de este empleado público que constantemente resta prestigio y nombre del gobierno. Respetuosamente Justo R. Spilsbury” (Gaceta Judicial 31 de mayo 1951, proporcionada gentilmente por Oscar Aníbal Puerto).
En la fecha citada, el Profesor Spilsbury era el administrador de Aduanas de Trujillo. Y tenía sus oficinas, contiguas el edificio en donde Sanabria tenia instaladas las suyas, propias de la Comandancia de Armas, que desempeñaba desde hacía muchos años. Carlos Fúnez Sanabria había sido para entonces, uno de los 17 hombres fuertes del Presidente General y Licenciado Tiburcio Carias Andino, que gobernó al país durante la dictadura más larga de la historia del país: 12 años. Pese a que Carias Andino, había concluido su mandato el 1 de enero de 1949, en vista que el gobierno de Estados Unidos se opuso a una nueva reelección, se había reservado en el gobierno de su sucesor Juan Manuel Gálvez Durón, el control del estamento militar.
Por ello, la mayoría de los comandantes militares del país, eran más fieles al expresidente Carias que al Presidente Gálvez. De la misma manera Carias Andino, continuo dominando al Poder Judicial que le era fiel, y estaba su servicio para proteger a sus correligionarios de los desmanes de sus potenciales adversarios; y para cubrir sus excesos cuando por diversas razones se extralimitaban en el cumplimiento de sus obligaciones sociales, políticas y económicas. Evidentemente, el profesor Spilsbury no forma parte de los seguidores de Carias Andino. Da la impresión que más bien, lo es de Juan Manuel Gálvez Durón. Al fin y al cabo ocupa un importante lugar en la burocracia de su gobierno. Por lo que la queja en contra de Carlos Funes Sanabria, se dirige a la Corte Suprema de Justicia y no la hace a Carias Andino; ni mucho menos a su jefe, el Presidente Juan Manuel Gálvez.
Justo Rufino Spilsbury Pérez, había nacido en Concepción de María, Choluteca el 26 de julio de 1896. Fue hijo del ciudadano de origen inglés,– de los muchos que llegaron la zona a la zona sur atraído por la fama aurífera de sus montañas–, Alberto Pablo Spilsbury (1866-1908) y la hondureña Francisca Pérez, oriunda de Concepción de María, donde ambos se casaron en 1891. Fue el tercero de tres hijos del matrimonio de sus padres, dos de ellos – José Francisco y Angelina– mayores que él. (Camino Real, Crónicas de la Historia de Honduras) Justo Rufino Spilsbury, se formó en la docencia y ejerció una importante influencia en la educación nacional. Se desempeñó como el primer director del Instituto “José Trinidad Reyes” de San Pedro Sula, en 1926. Dos años antes se había casado con Otilia Gutiérrez. También fue director distinguido, en donde dejó una huella profunda, del Instituto Manuel Bonilla de la Ceiba. Manuel Acosta Medina,– que es originario de Trujillo – nos confió que conoció al Profesor Spilsbury. Recuerda que era un hombre alto, fornido, trigueño; pero de rostro rubicundo. “Era trigueño chele”, dice, “como Antonio Osorio Orellana”, otro distinguido educador y colaborador de las páginas de opinión de La Tribuna.
Sanabria por su parte, hizo carrera militar al lado del General Carias Andino y cuando este llego al poder en 1933, se convirtió en el jefe máximo – civil y militar– en el departamento de Colon y Yoro, en donde nada se movía, se hacía o se decía, sin su consentimiento. Las divergencias con Spilsbury y el desenlace arbitrario por parte de Carlos Funes Sanabria, se debieron posiblemente a razones de límites del poder que en ámbitos diferentes, ejercían ambos. El uno en el plano de lo civil y el otro que hasta 1949, además del cargo de Comandante de Armas, también controlaba las aduanas. No tenemos conocimiento alguno sobre que hizo la Corte Suprema de Justicia. Ni evidencias de la reacción de Sanabria. Posiblemente como se acostumbraba entonces, sin un régimen de opinión pública como el que contamos actualmente, el asunto no paso a más. Pero sospechamos que Justo Rufino Spilsbury dejo la ciudad de Trujillo, defendiendo su seguridad y su vida – en vista que muy pocos de los adversarios o críticos de Sanabria sobrevivieron indenmes para contar el cuento –, muriendo dos años después en 1953. Ignoramos el lugar de su fallecimiento y el cementerio en donde se guardan sus restos. Tampoco sabemos si dejo descendientes y cuáles fueron sus nombres. El general Carlos Sanabria, por su parte, falleció en aparente exilio, en Guatemala en donde se encuentra enterrado.


