13 Julio 2014
DARÍO GONZÁLEZ C.
Conocí el destacado escritor e historiador Medardo Mejía, en la concurrida cafetería Jardín de Italia, gracias a la oportuna presentación que hiciera nuestro extinto pariente periodista Luis Carlos Guardiola; así logramos estrechar aquella mano franca y cordial, autor de los compendios de historia de Honduras. Y sin soslayar su celebrado poema “Canción a Victoria López” versos emotivos que cautivan siempre que se recuerdan.
Como compilador de la historia patria tuve la curiosidad de conocer la defenestración incruenta del General Cabañas, pero cedámosle la palabra al historiador ya citado, quien expresaba: A mediados de 1855, el dictador de Guatemala Rafael Carrera, ya instruido por los británicos que debía impedir a todo trance la continuación del gobierno de Cabañas, porque se corría el riesgo que a su sombra se construyera el ferrocarril interoceánico, fuera de la órbita de la Gran Bretaña, dio suficientes tropas chapinas, al hondureño Juan López, a quien desde aquel momento se le conoció como “El Traidor López” para que
derribara al gobierno constitucional del General Trinidad Cabañas, con Juan López venía otro hondureño de parecida suerte.Confieso que al perfilar aquella sobria presencia, donde se funden sus actuaciones en el crisol de las virtudes, tuve la certeza de afirmar que fue un hombre inclaudicable, sin opacidades que nunca cedió un ápice en la firmeza de sus convicciones.
José María Medina ya General, quien en otra ocasión había rendido el Castillo de Omoa, sin disparar un tiro, dándose cuenta de su situación en Honduras, se fue con las tropas invasoras de su patria y ahora volvía como segundo de López, al mando de tropas extranjeras a derribar el gobierno de su país legalmente establecido, como a López también lo llamaban “El Traidor Medina”.
Las plazas de Santa Rosa de Copán y de Gracias cayeron bajo el paso de las fuerzas aplastantes, luego los invasores avanzaron al interior en Siguatepeque, al General Mariano Álvarez, derrotó a José María Medina y por su parte el Presidente Cabañas que se iba a medir con el grueso del ejército invasor, mientras avanzaba firme y resuelto esperaba las fuerzas de refuerzo que le llegarían con el General Eusebio Toro, las que nunca llegaron y siempre fue motivo de conjeturas en aquel tiempo, y sigue siéndolo, porque el militar de las reservas no se hizo presente en campos de batalla, siendo valiente como lo era y no teniendo ningún impedimento para cumplir con su deber militar.
En Masaguara, pueblo del valle de Otoro, fue el encuentro del ejército constitucionalista de Cabañas, con las tropas guatemaltecas de López. La lucha fue feroz porque donde estaba Cabañas se peleaba de verdad, el Presidente prolongaba el fragor de la batalla, siempre alentando la esperanza de que estaban para llegar las reservas del general Toro, lo que desgraciadamente no sucedió y al fin tuvo que convencer de que el 6 de octubre en aquella zona áspera, había terminado su gobierno de protecciones Morazanistas y progresistas, el vencedor Juan López a la cabeza de sus tropas extranjeras, ocupó la plaza de Comayagua el día 14 de octubre, llamó al senador José Santiago Bueso, para que se hiciera cargo de la presidencia en acefalia, hecho que tuvo cumplimiento el 18 de octubre de 1855, naturalmente Honduras sin la presencia del General Cabañas, volvió a ser lo que fue antes el gobierno de don Juan Lindo.
Una factoría británica, un benque de madera de los ingleses, un villorrio que se sumaba al cacicazgo de Rafael Carrera, así permaneció los años que faltaban a la década de los cincuenta, la idea del ferrocarril interoceánico que desbordaba a Cabañas, pasó a ser condecoración de Guardiola, pues fracasada la compañía Norteamérica de Squier, pasó a manos de una compañía inglesa como luego veremos: Sucede que cuando los hombres mediocres llegan a las alturas del poder, por demasiada estrella o simples cualidades, y luego dan el batacazo, es tanto el desmayo que sufren, que nunca más vuelven a levantar cabeza, ni nadie se vuelve a acordar de ellos.
Como Cabañas era un grande hombre, digamos una personalidad como no había otra en Centroamérica en aquellos momentos, cuando dejó la banda presidencial de Honduras en los zarzales de Masaguara, no fue para hundirse en la sombra del anonimato, sino para subir más alto y para brillar con más luz.
Al General Cabañas le estaba encomendando por las leyes de la historia, unir a las más disimiles y contrapropuestas fuerzas políticas del istmo, para oponerlos organizados a las invasiones del filibusterismo, que estaba mandando la confederación del sur con el designio de establecer una república esclavista en Centroamérica, muchos fueron los patriotas y los héroes, pero Cabañas como lo dijo y escribió Máximo Jerez fue el hombre idea.
Agrega el Dr. Celeo Arias en un fragmento final dedicado al aliado de Morazán, que el General Cabañas había vivido en Costa Rica, donde retornó a su patria en 1867, sin recursos, casi en la miseria, se resignó a vivir la vida de leñador en las inmediaciones de Comayagua, las aguas del Selguapa, fueron testigos mudos de la humanidad de aquella encarnación de la virtud, allí acompañado de su inteligente esposa, pasó los últimos días de su vida aquel hombre extraordinario, tanto más grande, cuanto más los persiguió el infortunio, bajó al sepulcro al rayar la aurora del 71, llorando por sus amigos y respetado por sus adversarios políticos, desapareció cuando se abría para Centroamérica nuevo horizonte.
Loor al repúblico ilustre quien pasó por la tierra sin llevar a la eternidad la sombra del mal en su conciencia.
Comayagua, septiembre, 1888
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