Lea Honduras

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La vida de Samuel Zemurray

25 Mayo 2014

 

Rich Cohen (traducción de Ramón Izaguirre)

En 1905 Samuel Zemurray decidió trasladarse a New Orleans y el lugar que escogió para vivir fue cerca de los muelles, esto para no perderse nada de la acción bananera. Cuando su negocio creció, unos años después, se mudó a una buena zona residencial lo cual no fue fácil para él, que a pesar de tener dinero, para la clase alta de New Orleans era un extranjero, un chingado extranjero y además judío.

Nunca enviaba cartas o tomaba notas ya que prefería hacerlo en persona o por teléfono, todos lo consideraban penoso por estas acciones pero más lo hacía para ser cuidadoso, no dejar récords y para no llamar la atención.A los 29 años ya era rico, soltero y bien conocido en la industria de los vapores. A pesar de ser de una estatura alta tenia complejo de gordura y experimentaba un sin fin de dietas, dejando de comer carne por cierto tiempo, comer solo bananas por 

unos días y algo muy particular es que después de cada comida buscaba un lugar privado y se ponía pies arriba con la cabeza hacia abajo por 15 minutos, según él eso le ayudaba para la digestión.

La oficina que tenía con Hubbard su socio, en la 21 Camp St. de Nueva Orleans, era conocida como La Cuyamel Fruits, a pesar que en ese entonces solo eran importadores porque no crecían ni cultivaban ninguna banana.

Sam tenía 31 años cuando decidió casarse con la hija de Jacob Weinberger, uno de sus empleados. Sarah weinberger y Samuel contrajeron matrimonio en mayo de 1908. En 1909 tuvieron su primera hija Doris (quien escribió un libro sobre Honduras), lo que impulsó a Sam a dedicarle más a su negocio y a tratar de crecer en grande. Según él la única manera de expandirse era sembrando sus propias bananas. Esta es una verdad que lo hizo seguir ese camino toda su vida, un sendero difícil que lo envió hacia el sur y hacia la jungla.

Samuel y Hubbard viajaron a Honduras, llegando a Puerto Cortés  en las primeras semanas de 1910, en una visita extensiva y con el único propósito de comprar tierras, aunque parece que Sam ya había visitado el país por un período bien corto anteriormente. En ese tiempo Puerto Cortés era un refugio de criminales americanos huyendo de la justicia, tales como Frank Brown que se había robado $195,000 de un banco en Kentucky, Alex Odendahl, vendedor de granos se había levantado con $200,000 de New Orleans y el más famoso de todos Williams Sidney Porter, periodista que robo varios miles de un banco en Austin, entregándose a la justicia un tiempo después y que con el tiempo se volvió famoso como escritor y autor de varios libros usando el seudónimo de O. Henry.

Sam compró su primera parcela de tierra a orillas del río Cuyamel, cerca de Omoa. Por 2,000 dólares adquirió 5000 acres. Su gran duda era si esa cantidad de tierra era suficiente para competir con UFCO y viendo que no lo era regresó a los Estados Unidos a conseguir dinero prestado. Sam sabía que esa tierra no iba a permanecer barata todo el tiempo, además la tierra era casi regalada porque era pantanosa, llena de enfermedades como la malaria y de culebras, además sabía, por haber crecido en una granja allá en Rusia, que drenándola con canales lo que quedaba era una tierra fértil, rica en abono y apropiada para cultivar bananas. El siguiente paso en su estadía fue viajar hasta la capital para platicar con el gobierno de Miguel R. Dávila en busca de un trato preferencial en lo concerniente a impuestos. Logró este objetivo y no solo eso sino con todo el equipo inclusive locomotoras, palas hasta los machetes Collins, etc., agregando hasta los impuestos sobre la propiedad, los de trabajo y de exportación todo esto a través de algunas regalías y sobornos a funcionarios del gobierno. Con todo estos beneficios haría que sus bananas arribaran a los Estados Unidos sin estos impuestos y por lo tanto su precio sí sería competitivo y barato como los de UFCO.

¿Por qué Sam se había empeñado en el negocio de las bananas? la repuesta es simple y es que era el producto más a mano en los mercados de los estados del sur, abundando con ellos, mientras que otros estados tales como Illinois, lo fuerte era la carne, Pittsburgh con el acero, California cine etc. Lo importante en el negocio era vender y era lo que Sam sabía.

Ese mismo año abrió una oficina en Omoa y contrató cientos de trabajadores, pagando salarios mucho mejores que los cultivadores locales y una vez que sus plantaciones estaban parceladas, sembradas, con líneas férreas listas para sacar su producto comenzó la construcción de viviendas para sus trabajadores y es donde nacen los campos bananeros, todos parecidos en sus estructuras y jerarquizados, en donde las casas de los ejecutivos eran diferentes de los trabajadores simples, después algunos de estos campos se convirtieron en pueblos.

En este tiempo Sam estaba completamente endeudado pero también sabía que el negocio tenía que ser grande para sobrevivir; “hay que ir con todo o retirarse” -decía Sam- en cambio su socio Hubbard ya estaba nervioso con las cantidades que adeudaban y no podía más; así que Zemurray le compró su parte con más dinero prestado. Con esta acción llegó a tener el 90% de las acciones y UFCO su viejo socio con un 10%. Todo iba bien hasta aquí para Sam, hasta que la preocupación empezó a invadirlo por la siguiente razón:

Honduras le debía millones a los banqueros ingleses desde 1860 por la construcción del ferrocarril interoceánico que nunca se concluyó; y era una deuda tan grande que resultaba impagable. Estos banqueros exigían el pago o la amenaza de enviar la Fuerza Naval inglesa. Al presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft le preocupaba esta situación en que una fuerza militar europea desafiara la Doctrina Monroe en aplicación en este hemisferio.

La solución la encontró su secretario de Estado Philander Knox al reclutar a J. Pierpont Morgan el banquero más poderoso de América para que comprara todos los bonos emitidos sobre Honduras concernientes al ferrocarril y así satisfacer a los banqueros ingleses, quienes acordaron vender sus bonos del ferrocarril con un valor nominal de $500 dólares a $75 dólares cada uno. Después Morgan refinanciaría la deuda con emisión de cinco millones de dólares en préstamos nuevos con el gobierno del presidente Dávila; hasta allí todo estaba bien, pero imponía dos condiciones: Que por el retorno de su dinero y los servicios prestados pedía se le entregara la aduana de Puerto Cortés en donde colectaría un porcentaje de todos los impuestos de las importaciones, cobraría una parte y entregaría el resto al gobierno hondureño y que se firmara un tratado ratificado por el Congreso Nacional.

Esta clausula puso furiosos a los hondureños porque sentían que su soberanía nacional estaba siendo pisoteada. El presidente Dávila estaba de acuerdo porque creía que si los banqueros de Morgan estaban trabajando en Honduras, la armada americana los protegería de cualquier revolución y por ende también su gobierno. El plan del secretario de Estado, Knox era bueno para todo el mundo excepto para Samuel Zemurray y la gente de Honduras.

Sam sabía que si esto era aprobado, todos sus arreglos que había logrado con la gente del gobierno de Dávila no serían aceptados por la gente de Morgan con lo cual lo llevaría a Cuyamel a la quiebra.  Así que inmediatamente se puso a trabajar y su objetivo era sencillo: deshacer, desbaratar, terminar ese plan de Knox. Comenzó de la manera tradicional, contratando lobistas que con sus senadores representantes presionaban la Casa Blanca para que dejaran de intervenir en los asuntos de naciones extranjeras (solo era Honduras). Tal era la presión que los medios empezaron a publicar artículos y el secretario de Estado Knox se alarmó y empezó a averiguar de dónde venía esa oposición y quién estaba detrás de ello. Muy pronto descubrió que los gastos de hoteles y las comidas de los lobistas eran cargados a la cuenta de un tal Samuel Zemurray de New Orleans.

Continuará…

Tomado y traducido del Libro: “The fish that ate the whale, Life and times of America’s banana King” author Rich Cohen, 2012 (Págs.  50-77)