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Antonio Rivera Cabezas y el periódico “Don Melitón” (1825)

30 Marzo 2014

 

Darío González Cáceres

Con merecido reconocimiento y rendido agradecimiento, recordamos al prominente hondureño, Dr. Miguel Antonio Alvarado de más está decir que cubrió con sus capacidades los hermosos campos del derecho, la docencia, el periodismo, la diplomacia y la literatura.

Nadie desconoce sus relevantes servicios prestados a la patria, en la extenuante tarea de recopilar documentos históricos para reafirmar los derechos de nuestro territorio en la demarcación limítrofe con los países vecinos.

Esta perseverancia lo hizo acreedor al premio nacional de ciencia José Cecilio del Valle; que le otorgó el jefe de Estado, General de Brigada Juan Alberto Melgar Castro, aquel memorable 23 de diciembre de 1975.Sin soslayar desde luego el tenaz desempeño en la reivindicación de las Islas del Cisne, devuelta hace varias décadas por la gran nación del norte.

Al escudriñar su valioso compendio “Momentos Estelares de don José Cecilio del Valle en el Acontecer Histórico”, publicado en la revista de la Academia Hondureña de Geografía e Historia, tomo LX edición 1976. Fijamos nuestro interés en el capítulo que se relaciona al “Retrato de Próceres” de la separación del reino de Guatemala de España, en nota biográfica narra las hazañas del licenciado Antonio Rivera Cabezas, quien afirmaba que había nacido en una fecha que no se ha podido establecer, en su juventud fue cadete de las milicias nacionales, posteriormente ingresa a la Universidad de San Carlos de Borromeo, obteniendo su título de Licenciado en Derecho, como miembro destacado de la diputación provincial, firmó el acta de independencia del 15 de septiembre de 1821, fue diputado al Congreso Mexicano, donde trabajó activamente con el sabio Valle, para desligar a Centroamérica de la forzosa anexión impuesta por los conservadores. La oposición que hizo al presidente Arce en la Asamblea, le valió ser desterrado al llegar los conservadores al poder, se refugió en Chiapas, y tratando de pasar a Honduras fue aprehendido en el pueblo de Jocotán, y probablemente hubiera sido fusilado, a no haberse entonces conducido al Jefe Aycinena, humanamente le conmutó la pena capital, por el extrañamiento por término indeterminado; situación que censura el coronel Montufar, quien en sus memorias de Jalapa, dice “que aquel acto mermó el prestigio de que por entonces gozaba Aycinena en Guatemala. Refugiado en San Salvador fue con el Dr. Molina el alma de la invasión que el año 29 se hizo a este Estado para deponer a las autoridades llamadas intrusas. Triunfante sus partidarios bajo las órdenes del General Morazán, Rivera Cabezas, fue electo ese mismo año, Vice Jefe del Estado, sucediendo tiempo después al Dr. Pedro Molina que quedó en suspenso de su cargo por haberse declarado lugar a formación de causa.

La presidencia de Rivera Cabezas duró pocos meses, al interponer su renuncia que no le fue admitida, pero en las elecciones del siguiente año, fue derrotado y entró a sustituirlo el Vice Jefe Márquez.

El historiador Quetzalteco Juan Ramón Guillén, de Rivera Cabezas añadía que fue uno de los triunviros que gobernaron la República Centroamericana, como diputado es uno de los que signaron la constitución del año 24; y como triunviro tuvo la honra de poner el cúmplase del acta del 1° de julio de 1823, que declara a Centroamérica nación independiente de México y España. Rivera Cabezas tenía un extraordinario talento para la crítica y un estilo festivo para la censura, la sátira burlesca era su fuerte y siempre la usó con maestría, entre sus diálogos, entre “Don Melitón y Don Epifaneo” tuvieron una popularidad admirable, conocía perfectamente a las familias que criticaban sus costumbres y modales, con el gracejo y ridículo; los nobles, los curas y los arzobispos figuraban con frecuencia en sus diálogos quienes un tanto enojados, gozaban de sus gracejadas.

El periódico tenía una circulación asombrosa, por eso se afirma que Rivera Cabezas le hizo más daño a los serviles con sus sátiras que el Dr. Pedro Molina y José Cecilio del Valle, con sus retóricos discursos, pronunciados en las plazas públicas y en las cámaras legislativas, su sátira, contra la aristocracia era como la tremenda carcajada de Voltaire, ridiculizando a la nobleza de Francia, los serviles después del triunfo del año 39 recogieron todos los ejemplares de “Don Melitón” habiéndose salvado uno que otro de la inquisitoria pesquisa, publicación que se había ganado la simpatía entre liberales y el acérrimo odio entre los conservadores.

A Rivera Cabezas se le cataloga como un prominente hombre público que militó con distinción en las filas liberales del istmo.

El 8 de mayo de 1851, dejó de existir en avanzada edad, dejando profunda consternación entre liberales y conservadores, que supieron reconocer al fin sus servicios prestados a la patria. La justicia se impuso al publicar sus amplios méritos en la gaceta oficial del gobierno.

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