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El padre Vallejo y su anuario

23 Marzo 2014

 

Waleska Núñez

En 1893 el padre Antonio Ramón Vallejo publica un texto que por lo demás se ha vuelto fundamental en la historiografía de Honduras: El “Primer anuario estadístico correspondiente al año de 1889”. Este es una recopilación e interpretación de informaciones que da cuerpo a un ensayo coherente sobre el pasado, el presente y el devenir de los hondureños. El libro recoge la muestra más amplia realizada hasta la fecha sobre la cultura, el gobierno y sus instituciones, la geografía nacional, el comportamiento social, la educación y la historia. Acompañan a estas imágenes y mapas topográficos de la ciudad de Tegucigalpa, cuadros y tablas estadísticas y una fotografía del autor.

Cuidadosamente escrito, llama la atención ante todo por su lucidez. Su lenguaje se desenvuelve entre lo sencillo y lo sentencioso, logrando un armonioso equilibrio que hace muy amena su lectura, y que denota la belleza narrativa y la actitud ética del padre Vallejo. Es destacable lo minucioso en su elaboración y la eficacia en su resultado, no así su impacto popular inmediato. El texto es más una lección de civismo –como visión de destino de la nación, sus causas y consecuencias- que de arduo mecanicismo estadístico, pues pretende ante todo ser un manual para la práctica y aprendizaje de la realidad nacional.

Los documentos analizados e interpretados sobre la vida nacional se detienen en detalles para que el ciudadano común perciba de mejor manera lo que en generalidades ha logrado conocer. Así, a la luz del cómputo histórico, demuestra los avances o retrocesos de la nación en casi todos los ámbitos desde 1887 hasta 1893. Este anuario parece ser único para la esposa. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿se realizaron otros anuarios en Centroamérica, América o Europa en la época? Bien, en el resto de Centroamérica y en América, no. en cambio en Europa o, para ser exactos, en España, sí. El anuario del padre Vallejo tiene sus antecedentes o, por lo menos, mantiene parecida identidad con los anuarios que se editan en España desde 1858, donde el más próximo aparece en 1888. Parece que esta labor de rescate estadístico abraza la necesidad de afianzar ese sentido de identidad nacional que tanto urge a la cultura hispana. Por ello la ideología del padre Vallejo afianzada en el positivismo, el liberalismo, el nacionalismo y desde luego en la religión, lo llevan a asumir responsabilidades y compromisos para hacer de Honduras una patria de verdad, digna y respetable. De ahí que decida ser un analista de esta sociedad, para aportar con su pensamiento y acciones a la causa de esa consolidación.

Para el padre Vallejo el anuario es su primer trabajo importante en prosa, al que dedica seis años, donde relata la vida política histórica del país y presenta un balance de los recursos materiales y demográficos de los que dispone. El anuario está dividido en dieciséis capítulos. Los primeros dos tratan sobre la estructura de los trece departamentos de entonces, en cuanto a geografía, historia, demografía, geología, orografía, mineralogía y algunos recursos naturales; así como convenios, tratados y decretos limítrofes, rentas públicas, movimiento marítimo y, finalmente, representación legislativa. En los capítulos 9, 13 y 16 realiza un registro histórico de juzgados de letras desde 1881 hasta 1889 y de bienes raíces; la historia de la moneda desde la colonia hasta 1889; y decretos, leyes y acuerdos desde 1866 hasta 1889; listado de movimientos de secretarías de Estado, de las vicarías con sus sacerdotes y una nómina de obispos en Honduras de 1539 a 1889.

Los restantes once capítulos, que representan el grueso del libro, lo conforman tablas y cuadros estadísticos que describen observaciones de orden cuantitativo y cualitativo. El primero de ellos, el capítulo 3 contiene el más completo y arduo trabajo en el campo de la estadística demográfica. El padre Vallejo toma como referentes los registros administrativos, los informes departamentales y municipales, las encuestas, los censos y datos de los registros civiles, religiosos y judiciales, con el propósito de que el análisis de los mismos sea lo más apegado posible a la realidad. De allí la importancia de que tanto las tasas brutas como las restringidas manifiesten no solamente la situación poblacional de la época, sino también un adecuado proceso de interpretación que refleje su comportamiento y constitución. La información tabulada comprende los años 1791, 1801, 1881, 1887 y 1889, y la acompañan algunos cuadros comparativos. El capítulo 4 contiene breves descripciones sobre gobernabilidad e institucionalidad, seguidas de algunas tablas estadísticas sobre división geográfica, listados de empleados estatales de 1889 y una nómina de diputados del mismo año.

El capítulo 5 contiene una extensa nómina de empleados civiles y militares, con sus cargos y sueldos, correspondiente a 1889. De gran valor son, sin duda, los cuadros estadísticos de ingresos y egresos en rentas y aduanas para los años 1888 y 1889, así como algunos cuadros comparativos muy reveladores de los años 1887, 1888 y 1889. El capítulo 6 presenta algunos cuadros estadísticos sobre exportaciones e importaciones en la administración de aduanas de los años 1888 y 1889; así como cuadros estadísticos sobre el presupuesto de egresos de la República y sobre los ingresos en rentas y aduanas, ambos de 1825 a 1889. Estos últimos parecen ser los más importantes tanto por razones históricas como por lo tocante a administración y progreso social. El capítulo 7 es breve; este muestra cuadros estadísticos sobre el movimiento marítimo en los cinco puertos del país, en los años 1888 y 1889. En cambio, el capítulo 8 es muy extenso; comprende el primer registro y análisis de estadística demográfica criminal y judicial, para el año 1889, que hace palpable el rol gubernativo en el país. También presenta estadística de los tribunales, cortes y juzgados para el mismo año.

El capítulo 10 está dedicado a la instrucción pública, con una reseña histórica desde 1877 hasta 1889; cuadros estadísticos del número de escuelas en el país, de 1889; y una nómina del alumnado de la Universidad Central y de los 7 institutos más sobresalientes del país, algunos con registro de plan de estudios. También forma parte de este capítulo la historia de la Biblioteca Nacional y una breve lista de lectores y visitantes de la misma, desde 1883 hasta 1886. Los capítulos 11 y 12 están centrados en la labor administrativa de las dependencias de correos y telégrafos; ambos son reseñas históricas desde 1876 hasta 1889; cuadros estadísticos de los ingresos y egresos en ambas instituciones y de sus oficinas, movimientos postales y telégrafos, secciones de la línea telegráfica y sus proyecciones para 1889. El capítulo 14 contiene el decreto de fundación del Hospital General de la República de 1878 y los cuadros estadísticos de enfermos asistidos en los períodos 1883-1884, 1887-1888 y 1888-1889. Finalmente, el capítulo 15 contiene cuadros estadísticos del denuncio minero y su registro en 14 juzgados del país, de 1887, 1888 y 1889.

El anuario del padre Vallejo es muy completo. 279 cuadros estadísticos, obviando tablas y listados, hablan de la tenacidad, compromiso y rentabilidad ética de su autor. De igual forma, lo ilustran una selecta galería fotográfica, a cargo de Juan T. Aguirre, que incluye la reproducción de 14 edificaciones de la ciudad de Tegucigalpa, una vista panorámica de las minas de San Juancito y otro igual de Tegucigalpa; la imagen del Escudo de Armas de 1866; una imagen del presidente Luis Bográn y su gabinete de 1889; para concluir con un plano topográfico de Tegucigalpa y un retrato fotográfico de medio cuerpo del autor.

Su bibliografía abarca alrededor de 30 títulos entre ellos: “Compendio de la historia del Reino de Guatemala, 1500-1800” de Domingo Juarros, “Historia de América Central, desde su descubrimiento hasta su independencia” de José Milla y Vidaurre; “Crónicas” de Fray Francisco Vásquez, “Páginas de mi diario” de Enrique Guzmán y “Honduras. Descripción histórica, geográfica y estadística de esta República de la América Central” de Ephraim George Squier. Sin embargo, la fuente documental más amplia son los informes municipales, departamentales e institucionales, acuerdos, artículos de ensayo, censos, documentos eclesiásticos, acuerdos, convenios y tratados limítrofes, decretos legislativos, alegatos de audiencias, notas de comunicaciones, informes y cartas reales.

El libro constituye un aporte del estudio histórico de finales del siglo XIX y, a la vez, se convierte en fuente documental perenne. Por ello y bastante más, el “Primer anuario estadístico correspondiente del año de 1889” es muy valioso en sí mismo, al tiempo que revela el dominio del oficio de historiógrafo, exhaustivo e incansable en el padre Antonio R. Vallejo.