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Breve reseña de la estadística en Honduras

Darío González C.

José Cecilio del Valle fue el primer hondureño que reconoció la importancia de la ciencia que tiene por objeto, agrupar metódicamente todos los hechos que se presentan a una valuación numérica (población, riqueza, impuestos, cosechas) y que comúnmente conocemos como estadística o empadronamiento. En la fecha que se celebra el bicentenario del nacimiento del sabio Valle (1977) la Dirección General de Estadística y Censos, como homenaje conmemorativo, publicó el bosquejo histórico “Estadística en Honduras” una recopilación de sus leyes y reglamentos, decretos y demás acuerdos emitidos en nuestro país.

El arduo trabajo de investigación fue confiado a la destacada escritora Carmen Fiallos a la sazón Jefe de Información y Publicaciones de la citada institución, es oportuno mencionar que los datos incluidos en la referida edición fueron tomados del diario oficial La Gaceta, Revista del Archivo y Biblioteca Nacional, y otras fuentes bibliográficas de reconocido mérito en la ciencia ya descrita.

En el prefacio la escritora Fiallos manifiesta: Este era el grado de interés que despertaba en el licenciado Valle, la ciencia estadística en “El Amigo de la Patria” editado en Guatemala (1821), expresaba: La estadística es una ciencia importante que tiende la vista por toda la extensión del país, recogiendo los hechos que más le interesa, calcula las leguas cuadradas que hay en la superficie del suelo, los individuos que corresponden a cada una, el número de hombres y mujeres, los que nacen y los que mueren, la tropa existente para mantener el orden, el espacio de tierra a que se extiende la agricultura; y el que se destina a pastos para el ganado.

Así finalizaba Valle en sus apreciaciones periodísticas.
Al investigar por nuestra cuenta en el Anuario Estadístico de Honduras, publicado por el Dr. Antonio R. Vallejo en 1889, encontramos lo siguiente: El censo que levantó en 1791 Fray Fernando de Cadiñanos, obispo de la Diócesis de Comayagua, informaba al rey de España, las visitas a los curatos de la república y el levantamiento de un censo. Del curato de Danlí, expresaba: que habían nueve cofradías y 3580 en dinero existente, 3210 cabezas de ganado, 933 mular y caballar, capellanías del curato 5855 ídem, de particulares 4897, iglesias 3 peso de alhajas de plata de la iglesia 150, almas del curato en cinco años 2727, subsidio que paga su Majestad 50.

Pueblos: Danlí (cabecera), Potrerillos 8 leguas, Teupasenti ídem 12 leguas, Valles: Jamastrán 7 leguas, Jacaleapa 3 leguas, Cuscateca 4 leguas, El Vallecillo 4 leguas, El Trapiche 4 leguas.

En 1801 el intendente Ramón de Anguiano, levantó un censo oficial que fijaba la población en 128.453 habitantes agrupados en 249 poblaciones mayores y menores. El Dr. Luis Mariñas Otero en su obra Honduras, editada en 1963, afirma que pocos años antes de la independencia, el intendente don Juan Antonio Tornos rinde el 20 de febrero de 1816, el informe de su visita el año anterior, manifestando que Honduras tenía 100,000 almas en 39 curatos y 8 partidos, además de 8 pueblos de negros caribes en la comarca de Trujillo, con una población de 10,000 habitantes.

La escritora Fiallos, prosigue afirmando que en 1823 se emitió la primera ley de estadística que a renglón seguido se expresaba en estos términos: El Supremo Poder Ejecutivo de las provincias unidas de Centroamérica, considera que la estadística es el alma de un gobierno, pues con ella se arreglan las contribuciones, se sabe de la población existente, se dirige el alistamiento de la fuerza cívica, se conoce el progreso o la decadencia de la agricultura, industria y comercio, que son los canales de la riqueza nacional, por lo tanto las provincias reunidas deben de levantar con la premura del caso un censo poblacional. Antiguamente algunas autoridades civiles y religiosas, tenían a su cargo los recuentos de población y recopilación de algunas estadísticas, al efecto se emitieron varios decretos sobre la formación de la estadística del Estado de Honduras, pero fue hasta el 28 de junio de 1880, que el Poder Ejecutivo establece el departamento de estadística, al frente del cual se coloca a don Francisco Cruz, un ciudadano polifacético, médico por suficiencia, escritor y político. Mariñas Otero afirma que en 1882, dio a conocer los resultados del primer censo científico de Honduras, aunque su propio autor tenía muchas dudas sobre los resultados obtenidos. Según el citado censo Honduras contaba en dicha época con 307.289 habitantes. Es así como se inicia la estadística en Honduras, en 1889 siendo director de la institución, el Dr. Antonio R. Vallejo, publicó el primer anuario estadístico de Honduras.

En sus 97 años de existencia haciendo recuento hasta 1977, la Dirección General de Estadística y Censos, ha nombrado 31 directores generales, varios de ellos han permanecido dos o tres períodos.

En varias épocas se cerró la oficina que comprende el período del 1 de junio de 1885, al 31 de marzo de 1887 y del 1 de junio de 1909 al 5 de julio de 1910.

En el transcurso de su historia, Honduras pasó un lapso de guerras internas hasta 1933, que impidió todo desarrollo en la administración pública y sobre todo en el sistema estadístico, después de ese tiempo, se verificaron algunos progresos en dicho campo, pero fueron muy pocos debido a la falta de recursos económicos. Todavía en 1950 continúa afirmando la escritora Fiallos, cada ministerio y varias oficinas de la administración local, producían estadísticas en forma independiente, con lo que se incurría en una duplicidad de funciones y discrepancias en los datos recolectados, que no satisfacían las necesidades de información, ni reflejaban la situación real del país. con la fundación de los bancos nacionales, y la iniciación de programas sociales, en 1950 se verificó un cambio notable en el campo estadístico, debido a que se sintió la necesidad de resolver los problemas nacionales, en forma técnica y coordinada; para cumplir tales objetivos se promulgó en 1951 la primera ley de censos y estadísticas. En 1957 se transfirió la Dirección General de Censos y Estadística de la Secretaría de Gobernación y Justicia a la de Economía y Hacienda, con lo que origina una nueva reorganización. En 1971 mediante decreto No. 129, se hace la separación de los Ministerios de Economía y Hacienda y de esta manera, la Dirección General de Estadística, pasa a depender del Ministerio de Economía.

Directores Generales de Estadística que han fungido desde 1880 hasta 1975:

Francisco Cruz (1880), Dr. Antonio R. Vallejo (1887), don Antonio Fiallos (1894), don Eduardo Guillén (1895), don José de la Cruz Guerrero (1899); don Alfredo Quiñónez (1901), Dr. Teófilo Canales (1902), Dr. Manuel Coronel Matus (1903), don Fernando Somoza Vivas (1904), Dr. Maximiliano Sagastume (1906), Dr. Teófilo Canales (1907), Dr. Maximiliano Sagastume (1911), don Federico Travieso (1913), Lic. Luis Andrés Zúniga (1919), Dr. Teófilo Canales (1919), profesor Sergio Palacios (1924), Dr. Héctor Pineda Ugarte (1926), Lic. José Pineda Gómez (1929), profesor Ramón Santamaría (1933), P.M. Alfredo León Gómez (1934), Lic. Enrique B. Uclés (1935), don Miguel Ángel Cruz (1939), don Vicente Palma (1942), Lic. Juan B. Valladares R. (1946), Profesor Gustavo Castañeda (1949), Carlos Zúniga Figueroa (1950), Lic. José Trinidad Fiallos (1958), Lic. Carlos Raudales (1967), Lic. Leticia Ma Tay (1973), Lic. José Trinidad Fiallos (1975).

Para actualizar nuestro trabajo investigativo, afirmamos que esta institución cambió de nombre cuando fue creado el Instituto Nacional de Estadística I.N.E. mediante decreto No. 86-2000 del 8 de julio del año 2000, como un órgano técnico, autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propio y está adscrito a la Secretaría de Estado en el Despacho Presidencial. Con la fundación del Instituto Nacional de Estadística, se dio un paso importante, para contribuir con el proceso de modernización del sistema de información estadístico en Honduras. Inició sus labores ejecutivas en la primera quincena de enero del 2001 y las operaciones técnicas y administrativas en el mes de abril del mismo año.

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Última actualización el Miércoles, 24 de Julio de 2013 17:46
 

“Rayuela”, el juego de Cortázar

“Rayuela” llegó hace 50 años para revolucionar la literatura. Al proceso de su escritura dedicó Cortázar una serie de cartas -algunas de las cuales reproducimos- en las que calificó el libro de “bomba atómica”. Es la historia epistolar de una antinovela

De una  carta a Jean Barnabé. 17 de diciembre de 1958
Terminé una larga novela que se llama Los premios,  y que espero leerán ustedes un día. Quiero escribir  otra, más ambiciosa, que será, me temo, bastante  ilegible: Quiero decir que no será lo que suele entenderse por novela,  sino una especie de resumen de muchos deseos, de  muchas nociones de muchas esperanzas y también, por qué no, de muchos fracasos. Pero  todavía no veo con suficiente precisión  el punto de ataque; siempre es lo más difícil, por lo menos para mí.

rayuela1De una carta a Jean Barnabé, 27 de junio de 1959
Usted cree que yo puedo quizá llegar a ser un novelista. Me falta, como me dice, un peu de soufflé pour aller jusquáu bout. Pero aquí, Jean, intervienen otras razones y estas estrictamente intelectuales y estéticas. La verdad, la triste o hermosa verdad, es que cada vez me gustan menos las novelas, el arte novelesco tal como se lo practica en estos tiempos. Lo que estoy escribiendo ahora será (si lo termino alguna vez) algo así como una antinovela, la tentativa de romper los moldes en que se petrifica ese género. Yo creo que la novela “psicológica” ha llegado a su término y que  si hemos de seguir escribiendo cosas que valgan la pena, hay que arrancar en otra dirección. El surrealismo marcó en su momento algunos caminos, pero se quedó en la fase pintoresca. Es cierto que no podemos ya prescindir de la psicología, de los personajes explorados  minuciosamente; pero la técnica de los Michel Butor y las Nathalie Sarraute me aburren profundamente. Se quedan en la psicología exterior, aunque crean ir muy al fondo. El fondo de un hombre es el uso que haga de su libertad. Por ahí se va a la acción y a la visión, al  héroe y al místico. No quiero decir que la novela deba proponerse esta clase de personajes, porque los únicos héroes y místicos interesantes son los vivientes, no los inventados por un novelista. Lo que creo es que la realidad cotidiana en que creemos vivir es apenas el borde de una fabulosa realidad reconquistable y que la novela, como la poesía,  el amor y la acción deben proponerse penetrar en esa realidad. Ahora bien, y esto es lo importante para quebrar esa cáscara de costumbres y vida cotidiana, los instrumentos literarios usuales ya no sirven. Piense en el  lenguaje que tuvo que usar un Rimbaud para abrirse paso en su aventura espiritual. Piense en ciertos versos  de Les Chiméres  de Nerval.
Piense en algunos capítulos de Ulysses, ¿cómo escribir una novela cuando primero habría que desescribirse, desaprenderse, partir a neuf, desde cero, en una condición preadamita, por decirlo así? Mi problema, hoy en día, es un problema de escritura, porque las herramientas con las que he escrito mis cuentos ya no me sirven para esto que quisiera hacer  antes de morirme. Y por eso -es  justo que usted lo sepa desde ahora- muchos lectores que aprecian mis cuentos habrán de llevarse una amarga desilusión si alguna vez termino y publico esto en que estoy metido. Un cuento es una estructura, pero ahora tengo que de4sestructurarme para ver de alcanzar, no sé cómo, otra estructura más real y verdadera; un cuento es un sistema cerrado y perfecto,  la serpiente mordiéndose la cola; y yo quiero acabar con los sistemas y las relojerías para ver de bajar al laboratorio central y participar, si tengo fuerzas, en la raíz que prescinde de órdenes y sistemas. En suma, Jean, que renunció a un mundo estético para tratar de entrar en un mundo poético. ¿Me hago ilusiones, terminaré escribiendo un libro o varios libros que serán siempre míos, es decir con mi tono, mi estilo, mis invenciones?  A lo  mejor sí. Pero  habré jugado lealmente, y lo que salga será así porque no puedo hacer otra cosa. Si hoy siguiera escribiendo cuentos fantásticos  me sentiría un  perfecto estafador; modestia aparte, ya me resulta demasiado fácil, je tiens le systeme, como decía Rimbaud. Por eso “El perseguidor” es diferente y usted habrá  pensado en él al leer estas líneas  tan confusas.  Ahí ya andaba yo  buscando la otra puerta. Pero todo es tan oscuro, y yo soy tan poco capaz de romper con tanto hábito, tanta comodidad mental y física, tanto mate a las cuatro y cine a las nueve… Para subir a la Santa María y poner proa al misterio hay que empezar por tirar la yerba a la basura. Y con este mal anacronismo cierro este  capítulo que sin embargo estoy contento de haber escrito para usted, como una confidencia y un anuncio.

De una  carta a Jean Barnabé, 30 de mayo de 1960
Escribo mucho,  pero revuelto. No sé lo que va a salir de una larga aventura a la que creo aludí en alguna otra carta. No es una novela, pero  si un relato muy largo que en definitiva terminará siendo la crónica de una locura. Lo he  empezado por varias partes a la vez y soy a la vez  lector y autor de lo que va saliendo. Quiero decir que como a veces escribo episodios que vagamente corresponderán al final (cuando todo esté terminado, unas mil páginas más o menos), lo que escribo después y que corresponde al principio o al medio, modifican lo ya escrito. y entonces tengo que volver a escribir el final (o al revés, porque el final también altera el principio). la cosa es terriblemente complicada, porque me ocurre  escribir dos veces un mismo episodio, en un caso con ciertos personajes, y en otro con personajes diferentes, o los mismos pero cambiados por circunstancias correspondientes a un tercer episodio. Pienso dejar los dos relatos de esos episodios, porque cada vez  me convenzo más de que nada ocurre de una cierta manera, sino que cada cosa es a la vez muchísimas cosas. Esto, que cualquier buen novelista sabe, ha  sido en general enfocado como lo hizo Wilkie Collins en The Moonstone, es decir, un mismo episodio  “visto” por varios testigos, que lo van contando cada uno a su manera. Pero yo creo ir un poco más lejos porque no cambio de testigo,  sino  que le hago repetir el  episodio… y sale distinto. ¿No le ocurre a usted, al contar algo a un amigo, darse cuenta en el momento que las cosas eran diferentes de lo que creía? A mitad del relato, un golpe de timón desvía el barco. Lo justo,  en ese caso, es presentar las dos versiones. Pero como  el lector se aburriría si  tuviera que leer dos veces seguidas un mismo relato,  en el que los cambios serían  siempre pocos con relación al total,  he fabricado una serie de procedimientos más o menos menos astutos, que sería un poco largo contarle ahora. Baste decirle que el libro ocurre mitad  en B.A. y mitad en París (creo tener ya bastante  perspectiva de ambas  como para   hacerlo), pero que con frecuencia los episodios se cumplen  en un no man´s  land que  la sensibilidad del lector deberá situar, si puede. En realidad me propongo empezar  por el final, y mandar al lector a que busque en diferentes partes del libro, como en la guía del teléfono, mediante un sistema de remisiones que será  la tortura del pobre imprentero… si semejante libro encuentra editor, cosa que dudo.

rayuela2De una carta a Paco Porrúa,  19 de agosto de 1960
Por carta es  siempre difícil decir algunas cosas, pero quiero que sepa todo lo que valoro su opinión sobre lo que escribo. Ya se lo dije, creo, en mi primera carta, pero ahora usted vuelve a emplear palabras que me conmueven profundamente, no por el elogio que encierran sino porque quien las dice es un crítico sin concesiones. Un día le pediré  que lea  lo que estoy haciendo ahora, y que es imposible de explicar por carta, aparte de que  yo mismo no lo entiendo. Ignoro cómo y cuándo lo terminaré, hay cerca de cuatrocientas páginas, que abarcan pedazos del fin, del principio y del medio del libro, pero que quizá  desaparezcan frente a la presión de otras cuatrocientas o seiscientas  que tendré  que escribir entre este año y el  que viene. El resultado será  una especie de almanaque, no encuentro mejor palabra  (a menos que “baúl de turco…”).
Una narración hecha desde múltiples  ángulos, con un lenguaje  a veces tan brutal que a mí mismo   me rechaza la relectura y dudo de que me atreva a  mostrarlo a alguien, y otras veces tan puro, tan poco literario… Qué sé yo lo que va a salir. Hay una sola cosa cierta, y es que ya no sé escribir   cuentos, y que Los premios se  han quedado tan atrás que me va a costar horrores  corregir las pruebas. Le cuento todo esto como una manera un  poco menos torpe que las otras de decirle cuánta confianza  tengo en su amistad y la alegría que me da poder confiarle, por lo menos como una primera impresión, lo que estoy haciendo y lo que quisiera hacer.

De una carta a Paul Blackburn,  15 de mayo de 1962
Casi he terminado Rayuela, la larga novela de la que te he hablado varias veces.
Como es una especie de libro infinito  (en el  sentido de que uno puede seguir y seguir añadiendo partes nuevas hasta morir) pienso que es mejor  separarme brutalmente de él. Lo leeré una vez más y enviaré el condenado artefacto a mi editor. Si te interesa  saber lo que pienso de este libro, te diré con mi habitual modestia que será una especie de  bomba atómica  en el escenario de la literatura latinoamericana.

JULIO CORTÁZAR

Cómo leer “Rayuela”

Fue Francisco Porrúa (arriba), al frente del sello Sudamericana, quien publicó “Rayuela”, cuya primera edición (a la izquierda) apareció el 28 de junio de 1963. El 19 de junio Alfaguara reedita un volumen conmemorativo que incluye las cartas en las que Cortázar (abajo) cuenta el proceso de creación. El autor propuso tres maneras de leer la obra: Respetando  el orden tradicional, comenzando por el capítulo 56 y dejándose llevar por el “tablero de dirección”, o “en el orden que el lector desee”

 

Última actualización el Miércoles, 24 de Julio de 2013 17:44
 

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