11 enero, 2015 - 11:46 am
Eduard Goñalons
-¡Juancito!!- La voz estentórea de don Juan de Dios retruena entre las paredes de arcilla del patio blanqueado por el sol, en cuanto Juan Ramón, imprudente, cruza el campo visual del viejo con una pelota en los pies- ¡Vení en seguida!
Retrepado en la mecedora, con una cerveza en la mano, el anciano




